15.8.08

Columna de Andrés Di Tella en Página/12

Jueves, 14 de Agosto de 2008

Opinión

La democracia llega al Instituto de Cine

Por Andrés Di Tella *
Liliana Mazure ha asumido la conducción del Instituto Nacional de Cine con la decisión de tomar decisiones, valga la redundancia, y esto no es poco. Hay muchas cosas pendientes y hacía falta alguien con esa voluntad de hacer y –lo que es aún más importante– con la capacidad de hacerlo. No olvido la invalorable colaboración de Mazure, hace ya diez años, cuando creamos el Bafici y ella coordinó un encuentro de producción, coorganizado con el Sundance Institute. Ese encuentro trajo a Buenos Aires muchos extranjeros que abrían los ojos por primera vez a la existencia de un nuevo cine argentino que apenas despuntaba y, por lo mismo, le otorgó un relieve internacional impensado al festival. Al mismo tiempo, ayudó a situarlo como un foro importante para el encuentro entre creadores y productores cinematográficos del mundo y no sólo como el lugar que la ciudad necesitaba para ver las películas que no se podían ver. Como alguien consciente de la importancia del Bafici para el cine nacional, estoy seguro de que Mazure tendrá como una de sus prioridades dejar atrás la vieja guerra fría que el Instituto viene librando contra el festival, por su carácter demasiado “independiente”.

Más adelante, cuando yo ya no estaba al frente del festival, Mazure llegó a desempeñarse con solvencia como productora general del Bafici, así como también del Festival de Mar del Plata, más allá de su propia labor privada como productora, que si no me equivoco incluye coproducciones internacionales. Quiero decir con esto que es alguien con amplia experiencia y roce internacional y que sabrá darle el apoyo necesario al cine argentino que cuenta en el mundo, que es en su gran mayoría el llamado “nuevo cine argentino”, el mismo que se disputan todos los festivales del mundo y admiran los críticos, el que acapara las coproducciones y los fondos de apoyo extranjeros y el que llega a estrenarse en el exterior. Será un bienvenido cambio, después de tantas oportunidades perdidas por parte de las autoridades del Incaa, que nunca advirtieron la importancia estratégica del asunto e hicieron poco y nada para aprovechar el momento internacional único del cine argentino de estos años.

Hay muchas tareas importantes que debe enfrentar Mazure, todas urgentes, pero la más urgente de las urgentes es la de –finalmente– poner en funcionamiento el Consejo Asesor del Incaa. Se trata del órgano que, en representación de los distintos sectores del quehacer cinematográfico, debe controlar al propio instituto. Sus funciones específicas de aprobar las políticas, designar a los comités de selección de proyectos y supervisar el manejo administrativo del instituto no pueden ser delegadas, porque se pierde toda garantía de democracia y transparencia. Y, más importante aún, otra redundancia, sus representantes deben ser representativos. No es otra la esencia de la democracia.

Mazure –a quien se puede acusar de cualquier cosa menos de no ser dialoguista– nos ha comunicado a los cineastas que su intención es poner en funcionamiento el consejo asesor del instituto sin la presencia de directores, argumentando que “no nos ponemos de acuerdo” en quiénes deben ser nuestros representantes. En realidad, el noventa por ciento de los directores –los representados en las asociaciones DAC y PCI– nos hemos puesto de acuerdo hace rato. De hecho, no era tan difícil encontrar buenos representantes respetados por todos. Pero el minúsculo sector de los que no creen en la democracia logró trabar la decisión mayoritaria, amparados en asociaciones fantasmas y la complicidad oficial. Nada nuevo, ¿no? Como dijo Pino Solanas hace pocos días en este mismo espacio, la conformación del consejo asesor, así como la de la integración de los decisivos comités que otorgan subsidios y créditos, debe reglamentarse de modo de evitar que entidades que no son más que “sellos de goma” ocupen el lugar de los sectores verdaderamente representativos. Desgraciadamente, esas agrupaciones minoritarias, por afinidad o amistad –o lo que sea– con las autoridades del Incaa, han venido ejerciendo un control desmesurado sobre el instituto y sus fondos durante las últimas gestiones. Confío en que, con la flamante gestión de alguien como Liliana Mazure al frente del Incaa, todo eso cambiará.

* Cineasta y fundador del Bafici.

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