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26.4.10

Gustavo Noriega: libro y escándalo


Anoche, en la presentación de un libro sobre el INDEC escrito por el colega, director de la revista El Amante, buen amigo y ex empleado de dicho organismo, Gustavo Noriega, hubo serios incidentes que terminaron con varios detenidos, sillazos, golpes y otros destrozos varios mientras el panel intentaba presentar el libro en cuestión.

En este Link un recuento de lo sucedido y audio del propio Noriega, a quien supongo atosigado por radios y diarios, y convertido, de golpe, en otro tipo de figura mediática (imagino que no es la que más le agrada). Desde este modesto espacio, le mando mi mayor solidaridad y apoyo. Si hay tipos realmente serios y profesionales en lo que hacen, Gustavo es uno de ellos, y se que llevaba años preparando este trabajo. Y que no se merece ser objeto --ni él ni su trabajo-- de este tipo de amenazas y operaciones políticas.


2.8.08

El espectador calificado


Hoy leo con cierta sorpresa una nota de opinión de un miembro insigne de El Club de los Columnistas y me doy cuenta que, caramba, alaba a El Amante por sus notas que cuestionan los hábitos de los espectadores. El hombre dice que dejó de ir al cine por eso, que prefiere ver películas en funciones privadas o en su casa y que "el público es guarango y le importa un pito el vecino". Más o menos lo mismo que dicen --con argumentos más sólidos-- las notas de El Amante.

"En estas vacaciones de invierno registro doce títulos para niños, adolescentes y concurrencia más o menos descerebrada", escribe en un tono que, supone, encontrará un guiño de aceptación por parte del lector de dicho suplemento cultural el que, supondrá, considera también a toda persona de, digamos, entre 6 y 18 años, como "descerebrada".

Más adelante, aboga por espacios para cine alejados del pochoclo en donde "otro receptor" pueda disfrutar de, cito, "El sueño de Cassandra", "Francesca", "Una mujer partida en dos" o "Antes que el Diablo sepa que estás muerto", películas que "estimulan las neuronas".

Esta extraña convivencia me permite pensar en si no habrá en ambos lados y por motivos diferentes una búsqueda por un "espectador calificado", esa clase de persona de impecable "buen gusto", que ve películas de Woody Allen, lee a José Saramago, escucha a Placido Domingo e insiste en aquello de "los argentinos descubrimos a Bergman". ¿Los editores de El Amante se habrán convertido en inminentes socios de Cineclub Núcleo? La verdad, prefiero cuando Noriega alaba las virtudes cómicas de Karina Jellinek: ahí sí tiene mi apoyo en un 100%.

Siempre pensé que parte de la ética y la razón de ser de El Amante tenía que ver con desacralizar el cine a la manera de los Cahiers de los '50 y primeros '60, poniendo en igualdad de condiciones a Mizoguchi, Ford, Sturges, Rossellini y Jerry Lewis. Y al día de hoy sigo encontrando esa veta en la revista, veta popular que, imagino, viene ligada a veces al terrorífico combo "pochoclo, Coca-Cola y gente que habla en las salas". ¿O creen que los norteamericanos no aplaudían de pie en los cines cuando el Séptimo de Caballería venía al rescate? ¿Cómo imaginan una sala de cine en, digamos, Kentucky, viendo la última de Will Ferrell?

¿Será que todo el mundo ha vuelto a pensar, como pasaba aquí hace quince o veinte años, que el cine debe ser tratado con pompa y ceremonial, con el respeto del buen gusto y el silencio sepulcral de las bibliotecas? A mí, que me disculpen, dénme "Wall-E" con un cine lleno de "descerebrados" corriendo o a Batman en una sala llena de adolescentes gritando antes que "Francesca" o la última década entera de Woody Allen. Paso.

24.7.08

No entiendo (segunda parte)

Los debates que siguieron surgiendo con posterioridad a la tapa de "El amante" respecto a la "idiotización" del espectador argentino (lo de "idiotización" o "bovinación" me recuerda a aquella frase de la crítica estadounidense acerca del "dumbing down of american movies") me resultan interesantes de analizar, pero tengo la sensación de que estamos corriendo el riesgo de generalizar demasiado la discusión y no tener claro cuál es el problema.

Pregunto: ¿el problema es la calidad de las películas que tienen éxito?, ¿el hecho que los espectadores coman, se paren, hablen por celular o vayan al baño en el cine?, ¿qué vean las películas en videos truchos /o bajados por internet?, ¿que las entradas sean carísimas y eso los obligue a elegir sólo un par de películas al año para ver?, ¿qué no se estrene nada fuera de los tanques de taquilla?, ¿qué nadie le de bola al cine argentino?

Me parece que se abre el abanico demasiado y que hablando de tantas cosas a la vez no vamos a ningún lado. Y que también es muy fácil tirarle la culpa a los espectadores, a esos "otros" que están allá, que van al cine, pagan la entrada y disfrutan (o no) con esa elección, digamos, mensual.

Tengo la sensación, también, de que hay un enorme grado de hipocresía de parte de nosotros, los críticos, que muchas veces vemos películas que van al cine en formato DVD, que bajamos películas de internet, que tenemos a mano "a un chabón que te trae todo por cinco mangos", que --en el caso de los programadores de festivales más aún-- ven aún muchas más películas en DVD, que muchas de ellas tienen un "counter" (un numerito arriba o abajo de la pantalla que es bastante molesto), o un letreto del tipo "ONLY FOR PRIVATE VIEWING" tamaño gigante en medio de la pantalla, que usan más a menudo de lo que muchos suponen el "fast forward", que se quedan dormidos (nos quedamos dormimos) mirando pelis y después las rebobinamos para acordarnos dónde estábamos, que ven películas en inglés hablando poco y nada del idioma, que leen subtítulos en inglés sabiendo poco y nada del idioma, que escriben (escribimos) sobre películas sin verlas completas porque, como decía un colega, "no hace falta comerte el bife entero para darte cuenta que la carne es mala". Y así, millones de cosas.

Tal vez, finalmente, lo que más me molesta de la carga contra el espectador sea esa. Es muy fácil desde este lugar de privilegio atacar la "boludización" del espectador. Aclaro que no estoy negando que eso existe en buena medida. Pero me siento incapaz de juzgar las actitudes de los demás si no soy capaz de revisar las mías (o no somos de las nuestras) y la propia "boludización" y hasta "bovinación" que existe entre los críticos, sólo que --supuestamente-- en otro nivel.

No sé. No entiendo. Sigo creyendo que el público acierta y se equivoca de la misma manera que lo hacemos los críticos (ojo, nosotros también comemos en el cine, sólo que café y medialunas, que no es tan grasa como el pochoclo y la Coca-Cola) y que los hábitos se han vuelto bastante discutibles en todos los ámbitos. Y sigo pensando, finalmente, que si hay que acusar y/o poner el ojo en alguien no es en el espectador, sino en el que lo alimenta.

PD. El poster es de "Fast Food Nation", película de Richard Linklater que trata sobre temas parecidos a estos que estamos hablando acá pero desde otro punto de vista y que se verá en los cines acá en agosto, más de dos años después de su estreno mundial. Después no se quejen si alguno admite que se consigue trucha...







23.7.08

Errores y correcciones

Javier Porta Fouz, editor de "El Amante", me escribió pidiendo disculpas por un error en la publicación de mi puntaje a "Aniceto" de Leonardo Favio en su revista. Yo le había mandado un 7 --creo-- y salió publicado un 5, lo que resultaba bastante curioso tomando en cuenta mi defensa de la película tanto en la crítica de "Clarín" como aquí. Así que espero que el asunto quede aclarado. Y gracias a Javier por la aclaración que, creo, saldrá publicada en el próximo número de "El amante".

13.7.08

No entiendo


Leí las tres o cuatro notas enojadas en "El Amante" contra los hábitos de los espectadores de cine y no las entiendo. Comparto algunos puntos, disiento en otros, pero no comprendo a qué vienen ni porqué están escritas así. Si no fuera por que conozco más o menos bien a los que las escriben, creería que estoy ante un grupo de gente con un brote reaccionario propio de, bueno, ustedes ya saben. Digo, eso de que "en los 50 estábamos mejor" y tal.

Sí, los espectadores en su gran mayoría abandonaron las salas de cine. Sí, en su mayoría van a ver bodrios (¿cambiaría todo si "Wall-E", "The Dark Knight" y, digamos, "Hancock" son super éxitos?). Sí, compran películas truchas de "manteros". Sí, las entradas son caras. Sí, las pelis las bajan por internet. Sí, los que estrenan títulos de riesgo salen perdiendo. Sí, estrenan películas en DVD en lugar de en fílmico. Sí, comen y hablan por celular y van al baño y le explican la película a la novia y se duermen... Sí, ven pelis en DVD yendo a la heladera, hablando por teléfono, usando fast forward y poniendo pausa... Y podría seguir así por cien líneas.

Ahora bien, me hago dos preguntas. Una: ¿cuál es la novedad de todo esto? Se trata de un fenómeno que es así hace ya muchos años y no creo que la idea de esos textos sea hacer una alabanza de "los argentinos descubrimos a Bergman" a la manera del Club de los Columnistas. Ni tampoco puedo imaginarlos llorando en los rincones por los buenos viejos tiempos en que había que ir a la sala de traje y corbata o lamentándose por la falta de las salas grandes clásicas de pantallas gigantes.

La otra pregunta es la siguiente: ¿por qué no mirar la situación exactamente desde el ángulo opuesto? Comparado con mi adolescencia, me da la sensación de que todos tenemos un enorme acceso a películas, a medios, a debates sobre cine, a revistas ("El Amante" es un claro ejemplo), a videos, a DVD, a pelis que aparecen en tu living con un par de clicks (yo tardé décadas en poder ver películas: las soñaba o creía haberlas visto de tanto leer sobre ellas). Tenemos decenas de festivales de cine y varios lugares donde programan ciclos extraordinarios. Tenemos cine... argentino... bueno. Digo, ¡hello! ¿Remember 1992?

En los '70 y en los '80, "la gente" llenaba los cines para ver los mismos o peores bodrios (perdón, ¿se olvidaron la cantidad de comedias infernales onda Lando Buzzanca que llenaban las salas de Lavalle?), en peores salas, con proyecciones impresentables (yo recuerdo que cuando me aburría en una peli seguía algún rayón verde que recorría la pantalla en vertical como una viborita) y ni siquiera tenía opción de alguna otra cosa. ¿Es peor el pochoclo que abrir un paquete de Mentho-Lyptus y hacer un tema de John Cage desenvolviendo el papelito? ¿El "palito bombón helado" era mucho mejor que los vendedores "cara de nada" del Abasto?

Hay un cierto iluminismo en esos textos que me choca. Tal vez los leí demasiado rápido y no entendí si había una vuelta de tuerca detrás de esa serie durísima de acusaciones a los espectadores. Más viniendo de una revista que siempre ha hecho una defensa --narrativa, dramática, ética, temática, cinematográfica-- del humanismo, de valores como la amistad, la comprensión, "los finales felices", la mirada "positiva" sobre el ser humano, esperanzadora, generosa, amable. Y que han denostado a tipos como, digamos, Robert Altman o los hermanos Coen por tratar a "la gente" como un grupo de tarados, infelices e ineptos capaces de las peores tonterías posibles.

No creo, como dice Leo, que la curiosidad haya muerto. Vos vivís conectado, ¿leíste la cantidad de cosas que se escriben y se dicen sobre cine en internet? ¿La avidez, la pasión, el interés, que hay por casi todo? Sí, estoy de acuerdo que por cada persona que se interesa por Pedro Costa hay cincuenta que lo hacen por la secuela de "El Código Da Vinci? ¿Pero cuándo esto no fue así? Al menos ahora esa una persona tiene la opción de encontrar otros pares con los que compartir su amor por Pedro Costa, Naomi Kawase o Hong Sang-soo.

No intento ponerme patriótico ni defender al espectador argentino, pero les recomiendo que se pasen unos días por Río de Janeiro o por el DF mexicano y me cuenten (sé que lo hicieron). ¿Cuánta gente va a las salas del FICCO, Javier? ¿Cuántos estrenos no hollywoodenses hay en México? ¿Vieron la cartelera de estrenos de Lima, de Río de Janeiro, de Santiago de Chile?

Entiendo el disgusto y el fastidio. A mí me molesta igual o más que a ustedes que nadie vea la peli de Todd Haynes o que la película de Wong Kar-wai que mejor funcionó sea la peor que hizo, tal vez porque tiene a un par de actores famosos y no un grupo de "chinos que no distingo". Pero creo que, o bien es una necesaria provocación (en la que yo entré, claro, y seguramente lo harán otros) o se les va la mano con las quejas.

Me gusta, igual, el debate. No creo que todo tiempo pasado sea mejor. Y sin ánimo de ponerme spinetteano --si no, más bien, "wall-e-ano"-- creo que el futuro puede ser mejor. Acaso la mejor vuelta de tuerca de esa película (cuando entra en un tono "el futuro será de los tarados") sea la de mostrar que esos bebotes amamantados y regordetes del siglo XXVIII son, al final, tipos amables y sensibles que sólo necesitan moverse un poco de la línea de producción en masa para redescubrir su costado humano, para ver un poco más allá. Y lo mismo pasa en uno de los finales de la nueva Batman (sí, la escena de las "lanchas colectivas" o como se llamen).

Y si comen pochoclo, que coman pochoclo. Y si ponen pausa, que pongan pausa. Y si quieren hablar con su novia, tal vez no está tan mal (lo único que falta es que alguno se de vuelta y les diga "¿por qué no se van a un "amueblado"?). Y si dejan de ir al cine porque, de golpe, descubren que hay cosas que les resultan más interesantes de hacer --o si van a ver una película mala solo para hacer feliz a su pareja--, los felicito.

Tal vez el cine no sea el principio y el final de todas las cosas.