
Leí las tres o cuatro notas enojadas en "El Amante" contra los hábitos de los espectadores de cine y no las entiendo. Comparto algunos puntos, disiento en otros, pero no comprendo a qué vienen ni porqué están escritas así. Si no fuera por que conozco más o menos bien a los que las escriben, creería que estoy ante un grupo de gente con un brote reaccionario propio de, bueno, ustedes ya saben. Digo, eso de que "en los 50 estábamos mejor" y tal.
Sí, los espectadores en su gran mayoría abandonaron las salas de cine. Sí, en su mayoría van a ver bodrios (¿cambiaría todo si "Wall-E", "The Dark Knight" y, digamos, "Hancock" son super éxitos?). Sí, compran películas truchas de "manteros". Sí, las entradas son caras. Sí, las pelis las bajan por internet. Sí, los que estrenan títulos de riesgo salen perdiendo. Sí, estrenan películas en DVD en lugar de en fílmico. Sí, comen y hablan por celular y van al baño y le explican la película a la novia y se duermen... Sí, ven pelis en DVD yendo a la heladera, hablando por teléfono, usando fast forward y poniendo pausa... Y podría seguir así por cien líneas.
Ahora bien, me hago dos preguntas. Una: ¿cuál es la novedad de todo esto? Se trata de un fenómeno que es así hace ya muchos años y no creo que la idea de esos textos sea hacer una alabanza de "los argentinos descubrimos a Bergman" a la manera del Club de los Columnistas. Ni tampoco puedo imaginarlos llorando en los rincones por los buenos viejos tiempos en que había que ir a la sala de traje y corbata o lamentándose por la falta de las salas grandes clásicas de pantallas gigantes.
La otra pregunta es la siguiente: ¿por qué no mirar la situación exactamente desde el ángulo opuesto? Comparado con mi adolescencia, me da la sensación de que todos tenemos un enorme acceso a películas, a medios, a debates sobre cine, a revistas ("El Amante" es un claro ejemplo), a videos, a DVD, a pelis que aparecen en tu living con un par de clicks (yo tardé décadas en poder ver películas: las soñaba o creía haberlas visto de tanto leer sobre ellas). Tenemos decenas de festivales de cine y varios lugares donde programan ciclos extraordinarios. Tenemos cine... argentino... bueno. Digo, ¡hello! ¿Remember 1992?
En los '70 y en los '80, "la gente" llenaba los cines para ver los mismos o peores bodrios (perdón, ¿se olvidaron la cantidad de comedias infernales onda Lando Buzzanca que llenaban las salas de Lavalle?), en peores salas, con proyecciones impresentables (yo recuerdo que cuando me aburría en una peli seguía algún rayón verde que recorría la pantalla en vertical como una viborita) y ni siquiera tenía opción de alguna otra cosa. ¿Es peor el pochoclo que abrir un paquete de Mentho-Lyptus y hacer un tema de John Cage desenvolviendo el papelito? ¿El "palito bombón helado" era mucho mejor que los vendedores "cara de nada" del Abasto?
Hay un cierto iluminismo en esos textos que me choca. Tal vez los leí demasiado rápido y no entendí si había una vuelta de tuerca detrás de esa serie durísima de acusaciones a los espectadores. Más viniendo de una revista que siempre ha hecho una defensa --narrativa, dramática, ética, temática, cinematográfica-- del humanismo, de valores como la amistad, la comprensión, "los finales felices", la mirada "positiva" sobre el ser humano, esperanzadora, generosa, amable. Y que han denostado a tipos como, digamos, Robert Altman o los hermanos Coen por tratar a "la gente" como un grupo de tarados, infelices e ineptos capaces de las peores tonterías posibles.
No creo, como dice Leo, que la curiosidad haya muerto. Vos vivís conectado, ¿leíste la cantidad de cosas que se escriben y se dicen sobre cine en internet? ¿La avidez, la pasión, el interés, que hay por casi todo? Sí, estoy de acuerdo que por cada persona que se interesa por Pedro Costa hay cincuenta que lo hacen por la secuela de "El Código Da Vinci? ¿Pero cuándo esto no fue así? Al menos ahora esa una persona tiene la opción de encontrar otros pares con los que compartir su amor por Pedro Costa, Naomi Kawase o Hong Sang-soo.
No intento ponerme patriótico ni defender al espectador argentino, pero les recomiendo que se pasen unos días por Río de Janeiro o por el DF mexicano y me cuenten (sé que lo hicieron). ¿Cuánta gente va a las salas del FICCO, Javier? ¿Cuántos estrenos no hollywoodenses hay en México? ¿Vieron la cartelera de estrenos de Lima, de Río de Janeiro, de Santiago de Chile?
Entiendo el disgusto y el fastidio. A mí me molesta igual o más que a ustedes que nadie vea la peli de Todd Haynes o que la película de Wong Kar-wai que mejor funcionó sea la peor que hizo, tal vez porque tiene a un par de actores famosos y no un grupo de "chinos que no distingo". Pero creo que, o bien es una necesaria provocación (en la que yo entré, claro, y seguramente lo harán otros) o se les va la mano con las quejas.
Me gusta, igual, el debate. No creo que todo tiempo pasado sea mejor. Y sin ánimo de ponerme spinetteano --si no, más bien, "wall-e-ano"-- creo que el futuro puede ser mejor. Acaso la mejor vuelta de tuerca de esa película (cuando entra en un tono "el futuro será de los tarados") sea la de mostrar que esos bebotes amamantados y regordetes del siglo XXVIII son, al final, tipos amables y sensibles que sólo necesitan moverse un poco de la línea de producción en masa para redescubrir su costado humano, para ver un poco más allá. Y lo mismo pasa en uno de los finales de la nueva Batman (sí, la escena de las "lanchas colectivas" o como se llamen).
Y si comen pochoclo, que coman pochoclo. Y si ponen pausa, que pongan pausa. Y si quieren hablar con su novia, tal vez no está tan mal (lo único que falta es que alguno se de vuelta y les diga "¿por qué no se van a un "amueblado"?). Y si dejan de ir al cine porque, de golpe, descubren que hay cosas que les resultan más interesantes de hacer --o si van a ver una película mala solo para hacer feliz a su pareja--, los felicito.
Tal vez el cine no sea el principio y el final de todas las cosas.