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8.8.10

Radio Micropsia: Episodio 37


Por Radio Nacional (FM 93.7), domingos de 20 a 22hs.
O por internet, entrando por aquí.

Bastante música para acompañar a los que estén viendo el debut del Boca del "Bichi" Borghi: The Dead Weather, Wavves, Richmond Fontaine, Queens of the Stone Age, etc, etc. La visita de Pavement. Y el cine de la semana: "Un loco viaje al pasado" (y música ad-hoc de los '80), "Vincere" y "La chica del fósforo y la gasolina que no mete un espectador en los cines ni de casualidad". Taquilla y política de estrenos: el cine que quiere la gente. Eso...

Invitaríamos a Sirvén, pero ahora anda en otra...

6.8.10

Entrevista a Marco Bellocchio (versión completa)



¿Por qué se interesó en esta historia de la mujer oculta de Mussolini? ¿Qué le parecía que revelaba del Duce y de su época?

No lo pensé demasiado, para mí fue un descubrimiento. Conozco bastante bien la historia del fascismo, siempre me interesó aunque no viví en esa época... cosas que me contaron, he leído muchísimos libros. Pero no conocía nada sobre ella. Un personaje menor. Los libros de historia la mencionan en una línea o nada directamente. Y cuando la descubrí sentí que se parecía a una tragedia griega. Pensé en Antígona y Medea. Y de ahí nació mi interés. Porque, más allá de cualquier cálculo, de cualquier razonamiento, veía la posibilidad de una película. Y entonces me puse a trabajar en eso. Me fascinaba esa mujer, esa rebelde, aunque esa rebelión después la llevara a la autodestrucción. Esa dimensión de una mujer que se rebelaba, que no aceptaba someterse, que no aceptaba el compromiso. Estaba dispuesta a todo, incluso a morir, pero no a doblegarse frente al hombre violento, al dictador, alguien que la gran mayoría de los italianos adoraban. Y esa actitud de rebelión sin concesiones me fascinó.

¿Es cierto entonces que muy poca gente conocía esta historia hasta un documental, primero, y Vincere, después?

Sí, generalmente, de Mussolini se conocía la mujer y la amante. Rachele Guidi y la amante Clara Petacci que después murió junto con él. Sus otras numerosas amantes se conocían muy poco, incluso la Scarfatti (Margarita). Pero Ida Dalser no se conocía. Se sabía que Mussolini había sido un Don Juan, un gran amador que había tenido innumerables aventuras, pero no se sabía nada de esa pequeña historia de la que había nacido un hijo de una mujer por cuya dimensión rebelde hizo que, en definitiva, fuera llevada a un manicomio porque molestaba. Eso no se sabía.

¿Cuánto de documentación y cuánto de ficción hay en el guión y en la historia de ella y de su hijo?

Digamos esto. Todos los hechos contados en la película son verdaderos en el sentido de que se pueden encontrar en la biografía y en lo que se sabe de la historia de Ida Dalser, del rapto del hijo, de su arresto, de ese encuentro en el hospital militar entre esposa y amante. Es evidente que después, cuando se cuenta una historia, se hacen toda una serie de condensaciones, se elaboran las escenas. Pero los puntos de partida de cada escena son todos ciertos. No hay nada inventado y todo es inventado.

¿Siente que esa historia de ocultamientos, engaños y traiciones continúa muy presente en la cultura política italiana actual?

En la actualidad sí, pero de otro modo. Antes de Mussolini los políticos eran personas grises, en las sombras. Nadie sabía cómo eran. Es indudable que Mussolini inauguró esta política de conquista de las masas a través de su imagen. Tenía a su disposición el cine, la radio, la fotografía, los medios de comunicación masiva. Pero lo que se refiere al aspecto de la privacidad –más allá de que Mussolini era un dictador y por lo tanto había una policía que controlaba e impedía cualquier filtración de noticias–, incluso después de la guerra, en la Italia democristiana, hasta un determinado momento la vida privada de los políticos siempre se mantuvo escondida. Los medios tenían como un compromiso, una regla, de no hablar de eso. Sólo recientemente la vida privada de los políticos ha pasado a ser objeto de escándalo. Y entonces está el político al que sorprenden esnifando cocaína con un transexual, y está el otro al que encuentran con una prostituta, y está Berlusconi criticado porque tuvo tantas relaciones. Las escorts, sobre todo los temas sexuales atraen mucha atención. Y creo que también son usados como chantajes. Hoy la televisión y los diarios tienen ese poder de informar. Naturalmente, también en esto puede haber abusos. Pero repito, la crónica rosa era algo que se pasaba por alto. El político en privado podía hacer lo que quería, después se lo criticaba por lo público. Ahora no. También en lo privado se lo juzga.

¿Cuáles cree que fueron los principales motivos por los que Mussolini pasó del socialismo al fascismo y encuentra alguna conexión entre esas dos ideologías políticas en apariencia antagónicas?

Mire, eso ya fue hace casi un siglo. Ese pasaje fue más bien complejo. Seguramente no fue un pasaje oportunista. Más adelante, en los años siguientes, Mussolini se transformó en un gran oportunista, entendió que tenía que aliarse con la iglesia católica si quería llegar al poder. Pero en ese momento no olvidemos que muchos socialistas revolucionarios y radicales eligieron el intervencionismo. Primero en Francia, y después en Italia. Está claro que Mussolini, con mucha inteligencia, mientras muchos de estos intervencionistas después pasaron a ser comunistas y socialistas, él se hizo nacionalista y después fascista y en ese punto en que comprendió que podía conquistar el poder, se alió también con los industriales, con los propietarios rurales y sobre todo hizo las paces con la Iglesia. No olvidemos que en el ’14 Mussolini era un ateo que habría querido colgar al Papa. Después se transformó: el famoso pacto con la iglesia para poder conquistar el poder y mantenerlo sin ser molestado. Allí arrancó ese oportunismo político.

Usted habló de Ida Dalser como una rebelde. ¿Por qué cree que ella, a pesar de todo, siguió buscando, amando y esperando el reconocimiento de Mussolini?

Sí, rebelde en el sentido de que, en primer lugar, no aceptó compromisos. Si ella hubiera aceptado quedarse tranquila en su pueblo habría conseguido ventajas económicas. Es ese el compromiso, la mediocridad, es lo que ella no aceptó. Pero ciertamente, durante muchos años ella pensó, de una manera loca, delirante, que Mussolini seguía amándola y que eran quienes lo rodeaban los que le impedían verla. Algo que era un delirio. Pero a partir de determinado momento –y eso está confirmado por cartas escritas por ella– es como si reconociera la indiferencia, el cinismo de Mussolini. A nivel psicológico, podríamos decir que haría falta un psiquiatra, pero hay una dimensión patológica. Esa obsesión, cuando una mujer –o un hombre– se fija y cree que ese amor es algo absoluto, indestructible, irrenunciable. Después son cosas que provocan tragedias, pero en ella era justamente una fijación amorosa. Mussolini era su hombre y tenía que reconquistarlo de alguna manera, hasta que en el manicomio parece que, sobre todo en los últimos años, se calmó un poco, se volvió más lúcida, pero con la intención, no tanto con la esperanza de reconquistar a Mussolini, sino más bien de dejar una memoria de su drama. Eso se lo dice a ese psiquiatra: mire, el problema es: si no me rebelo, si no grito ¿quién se acordará de mí?

Estéticamente, el filme produce algunos paralelos con los movimientos futuristas que fascinaban al Duce. ¿Cómo se planteó el desafío de la puesta en escena de esta película?

Cuando pensé en hacer la película esa conexión con el Futurismo, que Mussolini conocía y que le gustaba, estaba clara. A él no le gustaba el melodrama, pero sí le gustaba este arte nuevo que significaba la velocidad, la destrucción de lo viejo. Y esa conexión me parecía muy interesante. Justamente la película comienza con algunas tomas de un documental futurista. Y después él va a inaugurar una muestra futurista. También ahí nosotros lo cambiamos, no es que se encontró con Ida Dalser: es el ejemplo de cómo se parte de un hecho y después se transforma. A mí me interesaba mucho que en esos años el cine había estallado como gran espectáculo popular. Y poder utilizar el cinematógrafo ya sea para la documentación de la guerra o como espectáculo de diversión era una posibilidad de enriquecer o de dar un estilo, y podríamos decir una cierta originalidad a la forma de este filme, usando el cine dentro del cine, sin que se volviera una operación de tipo intelectualista, de tipo abstracto, porque el pueblo corría, llenaba las salas. Hay algunos pasajes en los que inserté incluso fragmentos de documental. Pero la mayoría de las veces, como cuando ellos en el hospital psiquiátrico ven The Kid de Chaplin, está la representación cinematográfica. En ese sentido es un escaneo, una cadencia, una recurrencia frecuente de la película, que hace a su estilo.

La actuación de Giovanna Mezzogiorno es impactante. ¿Cómo fue dirigirla? ¿Tenían registros del personaje o fue pura invención?

Hicimos algunas pruebas. Al principio uno siempre duda, pero su mirada, su boca, su determinación, su belleza, aunque no es una mujer muy alta, pero su físico, de alguna manera, la forma de caminar, no sólo de hacer el amor, sino de caminar, de hablar, de encontrarse, eso me pareció algo que en cierto modo le pertenece. Y también, al hacer el personaje, ella en cierto modo pensó en su madre. Porque su madre, cuando se enamoró de Vittorio Mezzogiorno, un actor famoso en Italia que murió muy, muy joven, en cierto modo abandonó el teatro y se dedicó totalmente a Vittorio. Como si por Vittorio ella hubiera renunciado a todo. Y esa fijación amorosa de la madre la ayudó a interpretar a Ida. Y después, el trabajo. Creo que ella la llevó a niveles altísimos y justamente también por eso. Haber tenido la experiencia de una mujer – su madre – que la ayudó a llegar a esos óptimos niveles.

¿Está trabajando en algún proyecto? ¿Siente que esta etapa, curiosamente, es una de las más productivas y valoradas de su carrera?

Sí, efectivamente, pese a que ya no soy joven hay mucho trabajo. En este momento estoy realizando una dirección televisiva, algo extraño: Rigoletto de Verdi. Y sí, tengo varios proyectos, pero me gustaría hablar de la Italia actual. Pero todavía no tengo las ideas muy claras. Presentaré en Venecia fuera de concurso un pequeño filme que rodamos en este laboratorio de Bobbio, la localidad donde yo nací, que se llama Sorelle Mai y es una película que contiene seis episodios filmados en años distintos en ese laboratorio. Lo presentaré en Venecia. Y después veremos. Sin ninguna duda trabajaremos. Soy muy optimista.


Una última pregunta. No sé si le interesa el fútbol, pero qué opina de la actuación italiana en el Mundial.

No. Los grandes hinchas recibieron una terrible desilusión y usaron términos muy fuertes: qué vergüenza, qué asco. Todo eso me parece absurdo. Digamos que Italia fue eliminada justamente porque – no hubo ninguna injusticia – es que era un equipo débil. No es qué lástima, que tuvo mala suerte. No podía seguir así. Esperemos que en el futuro, con el nuevo entrenador, pueda reconstituirse. Era un equipo viejo, era algo que sabíamos todos, pero el entrenador quiso conservar el equipo – o una buena parte, que ganó el mundial de hace cuatro años, y fue un error. Y ustedes argentinos, también fue una desilusión, en el sentido de que su equipo verdaderamente podía ganar. Consiguió buenos resultados. Bueno, esperemos al próximo campeonato.

10.1.10

Marco Bellocchio in the Unheroic Age of Mussolini (Film Comment)


By Andrew Sarris


At one point in the Sixties, Marco Bellocchio and Ermanno Olmi were hailed in American art-film circles as post-neorealists, hence worthy successors to Rossellini, Visconti, and De Sica. Bellocchio was honored for the family sapped by epilepsy in Fists in the Pocket (65) and the left-wing ironies of China Is Near (67), while in a lower key, Olmi had focused on the seriocomic experiences of a young office worker in Il Posto (61). The Bellocchio-Olmi vogue in America was short-lived, however, because of the vagaries of Italian international film distribution. Little was heard of the duo in America until more than a decade later when Olmi resurfaced with his peasant masterpiece, The Tree of Wooden Clogs (78).

Bellocchio had an even longer hiatus, partly because his joining the Communist Party led to his disinclination to make fiction features, preferring instead to turn out a succession of short nonfiction “message” films for the Party faithful. Still, in 2002, he returned to modest prominence with My Mother’s Smile, a surrealist anti-clerical satire at the expense of the Roman Catholic Church. Its protagonist is a fervent nonbeliever engaged in removing his son from religious instruction and bemused by his family’s campaign to have his own mother canonized.

Now in the twilight of his career, Bellocchio at 70 has reappeared with Vincere, an epochal reconstruction of the tumultuous Mussolini years in the period before the two World Wars and during World War II. Using supplementary archival footage, the film recounts the story of Mussolini’s dark, secret, and brutal treatment of his liaison with Austrian-born Ida Dalser.

It is too early to tell what kind of critical attention Vincere will receive here and whether the film’s release will inspire interest in organizing retrospectives of Bellocchio’s now neglected career. At the screening I attended, one of my colleagues dismissed the film as a vintage Joan Crawford–style vehicle. Still, even Crawford never suffered as much on screen as does Giovanna Mezzogiorno in the role of Ida, who was reputed to have been Mussolini’s mistress and mother of his first son, Benito Jr. Ida was even legitimized by marriage in a church ceremony prior to his “official” marriage to another woman, Rachele Guidi (Michela Cescon), in a civil ceremony—meant to legitimize her own son by Mussolini, also named Benito! The film shows the encounter between Ida and Rachele at the bedside of the war-wounded Mussolini, who orders that the former be banished from his sight as a crazy imposter. Thereafter, Ida’s only glimpses of her former lover come from newsreels and a distant view of one of Il Duce’s balcony harangues to the adoring masses below.

In tracking Ida’s remorseless persecution by Mussolini and his minions, Bellocchio encapsulates the long-running mass hysteria of a nation enthralled by the demagogic antics of a now-seeming buffoon, who preceded Hitler by more than a decade in the use of newsreels and radio to generate mass devotion. Yet Vincere is much more than a belated denunciation of Fascism in the Italy of a bygone age. Indeed, the film is primarily a secular canonization of an indomitable woman.

One wonders if Mussolini and Hitler would have been as effective in their demagoguery in the age of television and the new media of the 21st century that have made politicians more accessible and more vulnerable, especially to ridicule. Of course, one might argue in rebuttal that no matter how accessible the media become to the general public, new rabble-rousers will arise with the ability to exploit these tools to inflame the populace with new fears and hatreds.

Filippo Timi forcefully incarnates the early Socialist, pre-Fascist Mussolini, particularly in an early scene at a public debate in which he challenges God to exterminate him within five minutes as a proof of His Existence. When Mussolini is left standing triumphant in his disbelief, a riot erupts at the site of this sacrilege.

In the end Bellocchio displays compassion even for Rachele despite her taunting and insulting Ida like a jealous fishwife at their one meeting. There is only one indisputable villain in the film, and he has been amply punished by history.

© 2010 by Andrew Sarris

14.9.09

Toronto Film Festival 2009 - Día 4


Antes de caerme de sueño --esto de llegar tarde y ponerme a escribir después de ponerme al día con todo el tema Del Potro es malo para la salud--, un rápido comentario de las cuatro películas de hoy.

VINCERE, de Marco Bellocchio (7) Políticamente intensa (¿o es al revés?), la película de Bellocchio trata sobre "la otra" mujer de Mussolini, y la locura y perdición que la situación, el propio Duce y su propio y particular "fascismo romántico" le fueron causando. Esa otra historia de Mussolini tiene sus ecos, claro, en la del primer ministro actual, Berlusconi. ¡Imaginen la cantidad de esposas y amantes secretas que contarán más historias secretas de este hombre dentro de algunos años! ¿La gustará a Silvio el futurismo?

LA PRIMA LINEA, de Renato De María (3)
Otra que tengo que cubrir para el jurado... Pese a tener como productores a los Dardenne, casi nada de ellos se nota en esta película obvia, didáctica y previsible sobre un episodio de las luchas políticas de Italia en los años '70. La violencia política de la época, explicada para niños.

LEBANON, de Samuel Maoz (5) No puedo, lo admito. El género "los soldados israelíes también somos seres humanos, tenemos padres y madres, y no nos gusta nada eso de andar matando gente, pero por suerte somos cultos y sofisticados y 25 años después nos da culpa haber hecho ciertas cosas y queremos que se enteren que la estamos pasando mal..." me tiene harto. Y si bien la película tiene momentos de una gran tensión y ciertas proezas técnicas (transcurre toda dentro de un tanque, en el Líbano, en 1982, y además de los planos cortísimos, mucho se cuenta a través de lo que el "tirador" ve desde su mirilla, o como se llame), los conflictos personales/dramáticos de los soldados son bastante básicos y de manualcito de psicodrama. No sé, tal vez sea una gran película, pero para soldados judíos prefiero por lejos a los "Bastardos" de Tarantino.

LIKE YOU KNOW IT ALL, de Hong Sang-soo (9) Sí, es como que lo supieras todo, Hong. O si no lo sabés todo --o al menos no lo sabe el personaje/alter ego de tu película--, como director tenés clarísimo el camino. Este es un capítulo más de esa "larga película de la vida" que es la filmografía de uno de los más grandes realizadores de estos tiempos. Quédense con sus Hanekes, sus Von Triers, sus Gaspar Noés: a mí déjenme vivir con los borrachines de Hong todo el tiempo que haga falta...

19.5.09

"Vincere", de Marco Bellocchio (Promedio: 7,55)


Competencia oficial

Violeta Kovacsics (Lumiere, España) - 6
Alvaro Arroba (Crítica, Argentina) - 8
Luciano Monteagudo (Página/12, Argentina) - 9
Christoph Hüber (Die Presse, Austria) - 10 ("A quite astonishing masterpiece")
Diego Batlle (La Nación, Otroscines, Argentina) - 8
Manu Yáñez (Fotogramas, España) - 10
Markus Keuschnigg (Die Presse, Austria) - 9
Rudiger Suchsland (Frankfurter Allgemeine, Germany) - 2
Ernesto Garratt (El Mercurio, Chile) - 6

Promedio: 7,55

"Vincere", de Marco Bellocchio (Variety)


By Jay Weissberg
(Italy-France) An 01 Distribution release (in Italy)/Ad Vitam release (in France) of an Offside, 01 Distribution presentation of a Rai Cinema, Offside (Italy)/Celluloid Dreams (France) production, in collaboration with Istituto Luce. (International sales: Celluloid Dreams, Paris.) Produced by Mario Gianani. Executive producer, Olivia Sleiter. Co-producers, Hengameh Panahi, Christian Baute. Directed by Marco Bellocchio. Screenplay, Bellocchio, Daniela Ceselli, based on the book "The Secret Son of Il Duce: The Story of Albino Mussolini and His Mother Ida Dalser" by Alfredo Pieroni.

With: Giovanna Mezzogiorno, Filippo Timi, Fausto Russo Alesi, Michela Cescon, Piergiorgio Bellocchio, Corrado Invernizzi, Paolo Pierobon, Bruno Cariello, Francesca Picozza, Simona Nobili, Vanessa Scalera, Giovanna Mori, Patrizia Bettini, Silvia Ferretti, Corinne Castelli, Fabrizio Costella.

Momentous events require suitably powerful storytelling, which vet helmer Marco Bellocchio delivers in "Vincere," the little-known story of Benito Mussolini's ill-fated first wife and son. Conceived as grand opera set inside delineated space, it's a thrilling, at times brilliant piece of staging that never forgets the emotional pull of either the tragic personal tale or the ramifications of history. Structurally and tonally, the pic opens like "Gotterdammerung" and moves to the more ruminative "Siegfried," which means auds might feel the last quarter loses steam, but the arthouse crowd will still flock, at home and abroad.

That's partly due to an unquestionably great story, which only recently come to light. Opening shifts between Milan, 1914, and Trent, 1907, the years when Mussolini (Filippo Timi) was a Socialist union organizer loudly asserting God's nonexistence. Following a fleeting meeting in Trent, the beautiful Ida Dalser (Giovanna Mezzogiorno) rekindles her fascination with the bold rabble-rouser on the eve of World War I, when Mussolini switches sides and goes from pacifist to hawk.

Ida's attraction to the demagogue is palpable -- where she's hungry for his larger-than-life personality, he's positively voracious for power. During their forceful sex scenes, Mussolini keeps his eyes fixed forward, as if he's pounding the future itself to break through his fears of mediocrity.

When Ida sells all her possessions to fund her lover's new newspaper, the rise of Fascism is set into play. Bellocchio stages one of his most stunning scenes as Mussolini incites a riot in a cinema between pro- and antiwar partisans, accompanied visually by newsreels from the battlefield and by the piano accompanist's bellicose scoring.

By 1915, Ida had a son, Benito Albino Mussolini, and a still-missing marriage certificate, but soon she learns her husband has married Rachele Guidi (Michela Cescon). From then on, Mussolini distances himself from Ida, and ensures she and her son are kept away. At first subjected to near house arrest at her sister's home, Ida is then thrown into an insane asylum, where she furiously writes to Mussolini, the Pope and others demanding her marriage be recognized.

Bellocchio convincingly imagines Ida as a woman obsessed nearly to the point of lunacy, but she's also completely aware of what she's doing. Her madness becomes both foolhardy and tragic; without minimizing Mussolini's pomposity or headlong grasp for power at all costs, Bellocchio refuses to demonize the root of Ida's obsession.

In political terms, the script is keen to present Il Duce as a man strikingly devoid of a moral compass. Bellocchio makes Mussolini's alliance with the Vatican particularly clear, and shows how his move from vocal atheist to papal supporter ensured both his jettisoning of Ida and his grip on the reins of government. Pic's title, the imperative form of "Victory," comes from Il Duce's rousing speeches, geared to mobilize the public to war.

The direction he'll be taking the country is presciently illustrated by a column of blind classmates, conceived as a choral interlude, which references the famed parable of the blind leading the blind as well as John Singer Sargent's haunting war masterpiece "Gassed." Rarely has actuality footage been used so superbly, not merely for period flavor but as integral to the storyline: Once Mussolini renounces Ida, he's only seen as she sees him, through newsreels.

While the history is fascinating, it's the film's style that takes the breath away. Bellocchio sets up his scenes like acts from an opera, alternately theatrical, spectacular, intimate and resounding. Blasts of oratorio, insistent texts overlaid on images, even thunder and lightning become tools containing all the "unnatural" excesses of opera: The full import is conveyed as rightfully larger-than-life.

Both Mezzogiorno and Timi are perfectly cast. He's got Il Duce's grandstanding down pat, yet Timi's Mussolini is also frighteningly human. Mezzogiorno, moving and pathetic, pairs him beautifully: Her Ida is cultivated (as opposed to Rachele's coarse peasant accent) and intelligent, a woman battered by her brush with unfettered power.

Carlo Crivelli's music is a tour-de-force -- it's been a long time since this kind of orchestration has been so well used. Sweeping and bold, it harks back to some of the grand compositions of Hollywood's golden age, yet there isn't a whiff of the old-fashioned in its power to thrill.

Camera (color/B&W), Daniele Cipri; editor, Francesca Calvelli; music, Carlo Crivelli; production designer, Marco Dentici; costume designer, Sergio Ballo; sound (Dolby Digital), Gaetano Carito; assistant director, Francesca Romana Polic Greco; casting, Stefania De Santis. Reviewed at Cannes Film Festival (competing), May 18, 2009. Running time: 129 MIN.