Mostrando las entradas con la etiqueta Carlos Boyero. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Carlos Boyero. Mostrar todas las entradas

1.6.09

Festival Boyero (Parte 2)


Esto es del "Croissant en la Croisette 7", del 19 de mayo. Primero, su ya conocido comentario sobre Almodóvar. Y después, un muy sutil análisis sobre una película que "se llama 'Vincere' o algo así..., una película que si te vas a la media hora te has enterado igual de que si te esperas las dos horas."

Juro que es el último video que linkeo. Está muy mal que yo esté haciendo esto con el trabajo de un colega, lo sé, pero es que es tan divertido... O tremendo, no sé.


Festival Boyero (Parte 1)

Link


Genial! Les pido que vean el primer video, "Croissant en la Croisette 1", en el que habla de "Spring Fever" y dice: "Es una cosa intragable china de una pareja gay que no tiene sentido. Yo por lo menos no entiendo nada ni distingo a nadie. Además como se parecen todos, es un follón. No sé quienes son los homosexuales, los heterosexuales. Una película nula"...

El festival de la incorrección política. Y de la estupidez. Y no es una broma ni un personaje, como esos críticos de programas humorísticos. No, esto es en serio, es el crítico del diario "El País".

Recuerdo una vez haber escuchado en la Berlinale a una colega española decirle a otra que no entendía una película china "porque eran todos iguales y no los podía distinguir". Me pareció una frase estúpida, pero que, dicha en privado, se puede tolerar. ¡¡Pero el hombre lo usa como argumento para maltratar a la película públicamente!! Digo, "Spring Fever" puede que sea mala (eso han dicho muchos), pero seguro que por motivos un poco más consistentes.



31.5.09

Almodóvar vs. Boyero vs. El País vs. el cine


Estoy tres días medio desconectado de la red y me encuentro con tremendo conflicto entre Carlos Boyero y Pedro Almodóvar. En realidad es bastante más complejo y largo que eso. Digamos, para sintetizar, que Carlos Boyero, el impresentable crítico de cine que tiene "El País", no es fanático de Pedro. Eso no es necesariamente un problema. El tema es que este hombre no se caracteriza por la sutileza en ningún aspecto de su vida, ni personal ni profesional. Y cuando algo no le gusta, muy suelto de cuerpo puede escribir que a tal cineasta "hay que internarlo" o comentarios que si alguna vez se me diera a mí por escribirlos (digo, por el carácter de agresión personal que tienen), seguramente terminaría yo internado por las piñas que me comería.

El tema es que Boyero cargó contra Almodóvar en el estreno de "Los abrazos rotos" en España y volvió a cargar contra él durante Cannes y lo mismo hizo en su blog el editor de Cultura del diario. Hasta ahí, más o menos normal. El tema es que Pedrito reaccionó --bastante sacado también-- con un largo texto en su blog. Y luego el Comité de Redacción de "El País" salió a defender a Boyero y compañía. Y Pedro volvió a escribir. Y el Defensor del Lector del diario tuvo que intervenir. Y así... El tema se convirtió en un pequeño escándalo del que yo recién me estoy enterando. De hecho, si alguien tiene más detalles sobre las implicancias y repercusiones del asunto, me avisa...

Conozco apenas un poco a ambos contendientes y me imagino que los egos cruzados deben dar un cóctel explosivo. Aún en el caso de Boyero, cuyo gusto cinematográfico es nulo (peor, imposible, digamos que nuestro Jorge Carnevale es un sibarita a su lado), me cuesta "solidarizarme" con un cineasta que pide que despidan a un crítico o que envíen a otros a cubrir festivales. Me parece que --aún cuando coincido con él-- no le corresponde a Almodóvar meterse en lo que hace o deja de hacer "El País". El diario tendrá un lamentable gusto a la hora de elegir a su crítico de cabecera, pero no es apropiado que un cineasta --ni un distribuidor o un productor-- pida su cabeza. Digo, más allá de que Boyero pueda ser el peor crítico de la historia, y más allá que el año pasado circuló un petitorio escrito por críticos y cineastas también pidiendo la cabeza de Boyero y que decidí no firmar, básicamente, por las mismas causas expuestas aquí. Más allá de mi opinión personal sobre el trabajo de este sujeto.

Los que estamos en esta tarea sabemos de la fama y brutalidades de Boyero con gran parte del cine que amamos. Pueden chequear por internet su repertorio de bestialidades. No vi la película de Almodóvar y no podría decir si está o no equivocado. Lo que sí se es que, en general, el tono chirriante que usa Boyero para maltratar a las películas es duro de soportar. Pero también sé que muchos de sus colegas (nosotros, qué tanto!) hemos sido muchas veces cruentos con cineastas o películas que nos molestan o irritan, si bien suelen ser las opuestas a las que le irritan a Boyero...

Boyero escribe sobre "Visage", de Tsai Ming-liang, a quien califica como "el para mí incomprensiblemente idolatrado director chino..." (sic) Dice: "Se supone que trata de un rodaje en el Louvre actualizando el mito de Salomé, pero nada de lo que veo y escucho tiene sentido, atractivo ni gracia, aunque el autor se esfuerza mucho por conseguir lo último. Lo único que me saca del soporífero estupor es que el esotérico Tsai-Ming Liang haya convencido a Laetitia Casta para que exhiba su preciosa desnudez. No compensa, pero menos es nada."

Sí, leyeron bien. Y podría seguir pero ya todos saben de lo que hablo...

El Defensor del Lector afirma que las críticas de Boyero deberían ir en una columna de Opinión y no en el espacio Críticas, ya que da a entender que por lo personal y subjetivo de sus afirmaciones, no le cabe el espacio de Crítico. Me temo que no estoy de acuerdo. Puedo imaginar cientos de personas diciendo lo mismo cuando uno recomienda fervorosamente algún filme de Apichatpong (de hecho, recibo decenas de emails cuando califico como Excelente algo que se aleja del famoso "gusto medio"), pero eso no supone que mis críticas dejen de ser críticas para ser opiniones. Aunque, en realidad, no termino de comprender mucho la diferencia...

Raro el lugar de salir a defender a Boyero, pero desde mi poco conocimiento del asunto me parece que no queda otra alternativa. Siempre está la opción, para los lectores, de comprar otro diario. Nadie nos obliga a leerlo. De hecho, yo no lo hago nunca. Me da dolor de estómago... Tal vez haya que internarme a mí también.

PD. Aquí hay un link a todas las cartas y contracartas, posts y contraposts, enviados entre El País y Pedro Almodóvar.

24.9.08

Carlos Boyero, en pie de guerra

Ya publicamos en este blog la solicitada criticando el trabajo de Carlos Boyero en "El País" y los links a las discusiones y debates que se abrieron en torno a eso. Aprovechando el estreno de "Tiro en la cabeza", de Jaime Rosales, en el Festival de San Sebastián, el hombre se despacha con furia contra la película (que no vi, aclaro) y contra "los artistas" del cine, los "juglares del membrillo", etc, etc... en una evidente devolución de gentilezas.

Publicado hoy en EL PAIS

Carlos Boyero

Había muchas y lógicas expectativas hacia Tiro en la cabeza. Por la autoría de Jaime Rosales, un director muy personal que había logrado con lenguaje arriesgado sembrar enigma y atmósfera malsana en la desasosegante Las horas del día y transmitir emoción y sentimientos en carne viva hablando de gente herida en La soledad. Que este experimentador con talento disfrutara del reconocimiento de la crítica y del selectivo festival de Cannes era muy coherente debido al amor que profesan ambos gremios al cine vocacionalmente distinto (para entendernos: eso que denominan enfáticamente como propuestas radicales, miradas oblicuas y rigor creativo), pero que la gente del cine español, los que no se dedican a teorizar sino que conocen las múltiples dificultades para que una película salga hermosa, reconocieran con sus múltiples premios el valor de la atípica La soledad le otorgaba legitimidad suplementaria al cine de un señor que parece no albergar humanas dudas sobre su intocable condición de artista.

Si añadimos que a pesar del prestigioso secretismo con el que se suelen envolver las películas que los espectadores aguardan con interés, nos habían llegado puntuales noticias de que el protagonista de Tiro en la cabeza estaba inspirado en la vida cotidiana de un etarra que al día siguiente va a agujerear la cabeza de un desconocido en el parking de un restaurante, crecían los alicientes por ver cómo había contado historia tan pavorosamente repetida en la realidad un director que había demostrado tener una visión penetrante y original de las personas y de las cosas.

Por mi parte, acabo de despejar misterio tan acuciante. Creo que es la primera vez que no me ha parecido intolerable en una sala de cine el odioso sonido de un móvil o la incansable tabarra de las vecinas de butaca. Y no es que me haya vuelvo tolerante con la falta de respeto. Es que no existen diálogos audibles en ella. ¿Que si es cine mudo? Tampoco. De vez en cuando percibimos el sonido de ambiente, el tráfico de la calle, el chirrido de una puerta al abrirse, esas cositas que te transportan a la realidad y evitan que un público vulgar y no iniciado en la factura del gran arte amenace con quemar la sala porque el proyeccionista le ha quitado el sonido a las conversaciones de los personajes. No es un fallo humano. Es que el transgresor director ha decidido que no tiene el menor interés para los espectadores saber lo que piensa y lo que habla un tipo con una existencia aparentemente muy normal que va a quitarle la vida a una persona en nombre de su oprimida patria. Y por supuesto que la ausencia de diálogos no impidió en el nacimiento del cine comprender y admirar la trama que te estaban contando exclusivamente a través de las imágenes creadores como Murnau, Stroheim, Keaton y Chaplin. Pero aquí, Rosales, además de ahorrarse eso tan laborioso de tener que currar con las palabras, ha conseguido que tampoco fascine ni un poquito imaginar de qué coño está hablando el futuro verdugo.

¿Y qué hace este apasionante y trascendente personaje? Pues de todo, excepto las funciones fisiológicas relacionadas con la escatología. Si el director le retratara en el váter, a lo mejor aumentaba su dimensión dramática. Por lo demás, come en soledad, toma vinos con los colegas, visita oficinas, oye música en la Fnac, habla en un parque con una mujer y dos niños, creo que folla con una desconocida (o tal vez conocida, no se sabe), se cita con otro pavo, van a Francia, su mirada se mosquea (ése es al parecer el auténtico clímax, el momento cumbre, la leche) al reconocer a dos tipos que están en la mesa de al lado, les persiguen, les matan, secuestran un coche, atan a la dueña en un bosque. Y se acabó. Ahora, que el espectador encuentre el significado y el significante, el discurso moral y la metáfora.

A mí (¿necesito aclararos que hablo en primera persona, juglar del membrillo, fotógrafo de Estrasburgo y demás aguerridos mariachis de la nada?) todo lo que me cuenta Rosales me provoca un tedio excesivo, pero también lo que pretende sugerirme, o lo que me oculta. La visualización de la grisácea cotidianeidad de este profesional del horror me parece tan estéril como pretenciosa. Creo haber escuchado al autor en la rueda de prensa, aparte de sus ampulosas y farragosas convicciones sobre la evolución en el cine de formas y contenidos, la necesidad de la ética, la altura moral que poseerán los espectadores del futuro, su compromiso como artista y como ciudadano, etcétera, que Tiro en la cabeza está invitada a no sé cuántos festivales del ancho mundo y que su estreno en España va a ser simultáneo en las salas comerciales y en los museos. Lo último lo entiendo. Está realizada pensando en la fraternal acogida de los templos del arte. Seguro que es el sagrado lugar que le corresponde. Que se disfruten mutuamente.