
Una película argentina se estrena y lleva cerca de 250 mil espectadores al cine en cinco días. Una cifra "batmaniana". "Lo que mi primera película hizo en 14 semanas, ésta lo hizo en cuatro días", comenta su director. ¿Es que el elenco de "Un novio para mi mujer" es mucho más taquillero que el de "No sos vos, soy yo"? No. ¿Es que la gente está más enganchada con el cine nacional? No. ¿Es que se trata de una mejor película? Tampoco.
¿Entonces?
Es claro que el apoyo del Canal 13 es fundamental para la fuerte repercusión de la película. No digo que sea sólo por aparato publicitario --varias películas de estas vacaciones tenían buenas campañas televisivas y no lograron convertirse en éxitos--, pero cuando se logra enganchar la identidad estética de un canal con la de un producto, el espectador ya sabe que lo que verá es algo cercano a los unitarios de Adrián Suar. O, al menos, a sus ficciones diarias.
Es, claro, loable que lo hayan logrado. Pero, como se dice, "una golondrina no hace verano". Lo que uno se sigue preguntando es porqué no se implementa en la Ley de Cine un sistema de apoyo a la promoción, algún convenio con los canales de televisión o la vieja y discutida Ley de Mecenazgo que hace que muchas empresas (no sólo de medios, sino monstruos como Petrobras en Brasil) den apoyo al cine beneficiándose de un descuento impositivo.
Los mecanismos de la Ley de Cine de 1994 ya están viejos y hace falta renovarlos. Y la televisión mueve los millones de espectadores a los que el cine argentino nunca logra atrapar. Más allá de una discusión estética --que corre por otro costado--, es evidente que no se puede pasar por alto esta "pata" de la difusión. Y que, lamentablemente, con algún programa de Canal 7 a la 1 de la mañana no alcanza.