Mostrando las entradas con la etiqueta Una semana solos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Una semana solos. Mostrar todas las entradas

31.1.10

Radio Micropsia - Episodio 11


Por Radio Nacional (FM 93.7), domingo de 20 a 22hs.
O por internet, entrando por aquí.

Tras dos domingos de vacaciones --los que se cubrieron con una buena selección musical--, regresa el programa en vivo, otra vez con invitados. Celina Murga y Juan Villegas (no, el de la foto no es Juan, ya saben...), directores, productores, guionistas, marido, mujer y padres, estarán en el piso para contarnos, bueno, varias cosas. Desde la experiencia de Celina con Scorsese en el rodaje de "La isla siniestra" (película que ambos vimos y de la que vamos a hablar) hasta su nuevo proyecto, pasando obviamente por "Una semana solos", para mí la mejor película argentina estrenada en 2009 y nominada al premio Fipresci. Juan terminó de rodar "Ocio", junto al colega Alejandro Lingenti, filme basado en un texto de Fabián Casas. Y hablaremos de eso, claro. Además de analizar el cine argentino del año que pasó y del que se viene, y del fenómeno de las mujeres directoras en la Argentina. ¿Será por CFK?

Además, música, claro. Desde el nuevo disco de David Bowie en vivo y el de covers de Peter Gabriel, hasta una selección musical femenina --haciendo honor a uno de los "ejes" de la noche-- que va de Ingrid Chavez a Rose Melberg, pasando por Emma Pollock, Scout Niblett y... Sade. Sí, Sade, que a los 51 años (por Dios, cómo pasa el tiempo!) tiene disco nuevo y está buenísimo.

Además, se regalarán entradas para curioso documental argentino con nombre brasileño y tema boliviano.





19.6.09

Cine argentino para el fin de semana


Más allá del universo del Top Ten, las películas argentinas la siguen peleando en los cines. "Una semana solos", por ejemplo, sigue en cartel con seis copias, manteniendo la sala en el Village Recoleta gracias al muy buen primer fin de semana que tuvo la película de Celina Murga. También está en el Cinemark Puerto Madero, el Gaumont, Tita Merello, Arte Cinema y el Hyts Quilmes.

Las dos películas de Pablo Fendrik --"El asaltante" y "La sangre brota"-- continúan en circulación, la segunda ya con más de 10 mil espectadores. "El asaltante" sea da en el Premier y LSB en el Gaumont.

Y ni hablar de "Historias extraordinarias" que sigue con su religiosa función en el MALBA desde hace, no se, ¿nueve meses? Además de "Felicitas" --que no, no está en el MALBA-- y "Toda la gente sola" (en doce salas), están "El artista" (Gaumont, Arte Cinema) y "Los 100 días que no conmovieron al mundo" (Tita Merello), "Homo Viator" (Gaumont, Tita Merello), "Luisa" (Gaumont), "Mundo Alas" (Gaumont) y "Parador Retiro" (Tita Merello, Arte Cinema)

Ah, por los que querían verla, "Adventureland" desapareció de cartel. Bah, queda en algo llamado Victorshow Cinemas, que no sé donde está...

11.6.09

Pequeña reparación ante equívoco digital



La columna que escribió Celina Murga para la nota publicada hoy en "Clarín" (la entrevista a Scorsese) salió cortada en la Edición Impresa del diario (unas entradas antes la publiqué acá). Moviendo algunos "contactos" del punto.com, he conseguido reponer la columna entera. Y no entera como salió publicada, sino entera/entera como me la mandó. La encuentran aquí, dentro de la sección Espectáculos del diario online (no el de la Edición Impresa, allí quedó el mismo). Eso nomás.

Críticas de cine: 11/06/2009 (Versiones extendidas)


Una especie de paraíso sobre la Tierra es el que parece observar María desde el balcón de su casa al levantarse cada mañana. Un verde inmenso, un lago, árboles y el sol entrando tímidamente por los ventanales. Una excelente mañana para correr, salir a andar en bicicleta, ir a la pileta y dejar correr el tiempo, sin lugar adónde ir, sin nada por hacer. Pero la situación no es tan común como parece y el lugar no es, del todo, el paraíso que asemeja ser.

Con los padres de vacaciones, María y otros cinco chicos --todos primos entre sí— se quedan solos por una semana. En realidad, están al cuidado de los “copycops” (como llaman a los guardias de seguridad) y adentro de un muy protegido country. Y María –la mayor de todos, ya adolescente—es un poco quien debe vigilar por la organización del grupo, si bien está Esther, la mucama, que parece más ocupada de la alimentación que de ver qué hacen los chicos en la casa. Y en las otras casas.

Es que, literalmente, los chicos no tienen demasiado para hacer más que mirar televisión, jugar “a la Play ” o ir a la pileta. Algunos van al colegio, pero parecen hacerlo sólo cuando se les da la gana. Y la mayoría descubre que, lo que parece una semana ideal, de a poco va tornándose aburrida, monótona, repetitiva. El paraíso parece estar al alcance de la mano, pero sólo para los espectadores. Ellos prefieren entrar a casas ajenas y vaciar las heladeras, ponerse a manejar un auto a mayor velocidad que la permitida y ponerle un poco de acción a la languidez generalizada.

Lo que va a describir Celina Murga en “Una semana solos” son pequeños momentos, detalles, observará las tensiones internas, las complicadas relaciones, los temores y cambios que atraviesa cada uno de esos chicos. María y su primo se besarán bajo una ducha, y los dos reaccionarán distinto tras esa situación. Facundo no sabe bien qué hacer con las chicas. Y Sofía, la pequeña Sofi, será como la conciencia del filme, la que irá tomando distancia de algunas situaciones complicadas.

Si bien Murga opta por un estilo desdramatizado, de observación, donde la atención está puesta en los cruces de miradas, en los diálogos casuales (perfectamente interpretados por todos los chicos), habrá un potencial conflicto en puerta cuando llegue al country Fernando, el hermano de Esther, un chico de Entre Ríos que está –y al que hacen sentir—fuera de lugar allí.

Sin empujar al espectador a hacer fáciles lecturas sociológicas, Murga presenta este conflicto de clases con gran sutileza (lo mismo se da entre los chicos y los guardias), la misma sutileza con la que describe a sus personajes, niños que pueden ser dulces y angelicales en un momento y tremendamente crueles y agresivos dos minutos después.

Seguramente, “Una semana solos” será comparada con “ La Ciénaga ”. Hay muchos elementos que comparten –las familias cruzadas que conviven y cuyas relaciones cuesta descifrar, los padres con distintas formas de ausencia, ciertas locaciones, la búsqueda sexual de chicos y adolescentes--, pero allá donde la película de Lucrecia Martel va construyendo un intenso drama, Murga prefiere que su película capte ese fluir del tiempo sin imponerse sobre él.

El gran mérito de esta extraordinaria película –además de marcar un decidido avance en el uso del lenguaje cinematográfico para la directora de “Ana y los otros”—es su sensorialidad, la capacidad de poner al espectador en el lugar y en el tiempo de los hechos, llevarlos a alguna zona de su infancia donde andar en bicicleta, tomar Nesquik y mirarse al espejo eran “aventuras” cotidianas, por más que el escenario haya sido diferente para la mayoría. Si hay una “trama” en la película es esa: la de hacer universal una experiencia personal.

.....................................................................................................................



"State of Play", de Kevin Macdonald (US, 2009)

Un político en medio de un escándalo personal y criminal. Un periodista de la vieja escuela que debe investigar el tema y que es, casualmente, su mejor amigo de la universidad. Una joven reportera que trabaja en la edición online de su mismo diario (el ficticio Washington Globe) y que supone a su colega un verdadero dinosaurio. Una conspiración que puede abarcar, bueno, el futuro del mundo entero. Todo eso entra, apretada y forzosamente, en “Los secretos del poder”, el thriller político de Kevin Macdonald (“El último Rey de Escocia”) adaptado de la miniserie homónima de seis horas de la BBC.

Y esa compresión se siente en el filme que lanza temas, complicaciones argumentales, personajes y situaciones en una carrera contra el tiempo justificada por el temido “cierre” de la edición del diario en cuestión. Así, lo que podría ser una notable pieza acerca de las relaciones “carnales” entre medios y políticos, de las diferencias entre la “vieja guardia” del periodismo y la nueva cultura “blogger”, y de las complejas cuestiones éticas entre el trabajo periodístico y el policial se transforma en otro apenas entretenido thriller conspirativo con “sorpresiva” vuelta de tuerca final.

Todo empieza con dos incidentes sin aparente relación entre sí. El asesinato de dos hombres en un callejón, por un lado, y la sospechosa muerte accidental de una mujer en el subte. La mujer en cuestión era la asistente del Congresista Stephen Collins (Ben Affleck, inexpresivo como casi siempre) y, se descubre por su llanto público al dar a conocer dicha muerte, que también era su amante.

El escándalo es tomado rápidamente por la prensa. Los canales de televisión se devoran la historia y lo mismo hace Della (Rachel McAdams), que escribe un blog sobre el Congreso para “The Washington Globe” y enseguida crucifica a Stephen. Pero el viejo sabueso Cal (Russell Crowe, que mejora mucho en tanto se vuelve más… impresentable), uno de esos periodistas que beben whisky a toda hora, gritan canciones irlandesas a voz en cuello y parecen desconocer lo que es una ducha, desconfía del asunto. Es de aquellos que creen todavía en investigar, chequear fuentes e ir al meollo del asunto. El hecho de que sea gran amigo de Stephen y ex amante de su ahora engañada esposa (Robin Wright Penn) no es un detalle menor.

Si en la primera mitad, “Los secretos…” pone atención a la interesante y complicada relación entre el periodismo de investigación clásico (con sus tiempos y formas) y la inmediatez del rumor impactante, de a poco el tema deja de ser relevante y el filme se centra cada vez más en las vueltas de tuerca de una historia que va revelando conspiraciones dentro de conspiraciones que, de hecho, un espectador atento puede adivinar antes que los propios investigadores.

Sí, claro, las muertes estarán relacionadas entre sí y no será casual que el congresista esté investigando a una corporación que lucra con armas y contratos de seguridad en Iraq. Pero antes de llegar al cierre de esta edición todo podrá cambiar. Y volver a cambiar otra vez. Y otra vez más.

Aunque el filme transmite bien –aunque con sus exageraciones-- cierto aire del trabajo periodístico en un diario y refleja la difícil actualidad de los medios gráficos (el diario en que trabajan fue vendido a una corporación que quiere resultados inmediatos), no se detiene en la tarea a la manera de “Zodíaco”, prefiriendo dedicar más tiempos a persecuciones en garages, asesinatos a distancia y súbitos descubrimientos que no estarían mal en una novela de Dan Brown.

Dejando pasar sus obviedades, “Los secretos del poder” es un pasable entretenimiento y, por momentos, una especie de elegía a una serie de tradiciones periodísticas (“esto hay que leerlo con la tinta en las manos”, como dice uno de ellos) que parecen ir dando paso a una nueva cultura. El filme propone, claro, una sana convivencia entre ambas. Y aún cuando la metáfora sea obvia, es innegable que tiene su encanto.


Columna de Celina Murga (Clarín)


Le pedí a Celina Murga una columna sobre su trabajo con Scorsese y sobre su película. También, como era esperable, hubo que resumirla bastante en las páginas del diario (online salió mal, cortada, habrá que comprar el diario para leer esa versión, je!). Como "lo prometido es deuda" (eso dicen por ahí), acá va la versión íntegra del texto enviado por la directora de "Una semana solos".

Impresiones sobre un rodaje y reflexiones previas a un estreno

La historia de Shutter Island es la de un hombre que enfrenta sus miedos. El guión me hizo recordar a El proceso, de Welles. Cuando se lo dije a Scorsese me dijo que era una de las referencias sobre las que trabajaron: largos pasillos, túneles, techos bajos y claustrofóbicos. Todo el medioambiente que generaba la puesta en escena es monstruoso para el personaje. Con Scorsese hablamos sobre filmar sueños, pesadillas, alucinaciones. Su idea fue filmarlos de la manera más directa posible, como si fueran reales. Me dijo que él cree que para el que tiene los sueños, pesadillas o alucinaciones estos son reales, y que esto de alguna manera los hace más terroríficos. Esto me hizo pensar que muchas de sus películas tienden a hacer esto, a crear realidades deformadas, que generan la sensación de mundos pesadillescos. Muchos de sus personajes viven la realidad como un pesadilla: Taxi Driver, Después de hora…

Parte del rodaje fue en un estudio enorme. Era un lugar desorientador. Por donde se mirara se estaba construyendo algún decorado nuevo. Entraba al set a la mañana temprano. Al salir, me encontraba con un enorme pasillo que me recordaba a las imágenes de los campos de concentración. La sensación era shockeante. A la mañana temprano no había nada y de golpe aparecía ese frío, gigante y terrorífico pasillo. También fue muy interesante poder seguir su pensamiento creativo. Su concepción del lenguaje cinematográfico es total. Entiende absolutamente la importancia de la interrelación de todos los elementos de la puesta en escena. Lo que es más sorprendente para mí, quizás por tener formas diferentes de concebir el lenguaje cinematográfico, es como piensa la relación entre la actuación y el montaje.

La actuación de un actor dentro de un plano es pensada en relación al plano que le precede y al que le sucede. En cada retoma pide a sus actores un registro, un tono diferente. Sabe que necesita matices distintos para que, en la sala de edición, puedan tener opciones y así evaluar cual es el plano que mejor funciona en relación a la escena anterior y la que sigue. Esa es tal vez la mayor diferencia entre su estilo y el mío. En Una semana solos, por ejemplo, yo tenía la sensación de que debía estar atenta para captar ese momento de verdad única que podían darme los chicos que protagonizan la película, que esos momentos eran irrepetibles. En el set de Scorsese, en cambio, parecería que cada momento podría reproducirse infinitas veces.

Yo puedo admirar esa lucidez y visión para construir ficciones puras. Sin embargo, no fue así como pensé Una semana solos. Por ejemplo, para mí era muy importante filmar en escenarios naturales. El country, como espacio de las acciones de mis personajes, funcionaba de una manera muy especial. Por un lado, tiene una apariencia de decorado artificial. Sin embargo, se trata de un lugar real, donde la historia que yo cuento podría estar sucediendo fuera de la ficción. Tal vez sea eso lo que ha permitido una lectura social o política de la película. Creo que Una semana solos da un testimonio sobre una realidad conflictiva, sobre un estado de las cosas en nuestro país. El country es para mì un lugar que manifiesta nuestra incapacidad de diálogo, el miedo a los otros, la terrible exclusión social, la paulatina pérdida del espacio público como espacio de construcción de una comunidad. Pero también quise mostrar que hay una posibilidad de revertir todo esto desde el vínculo humano directo. Eso se puede ver sobre todo a partir del personaje de Sofía, que es quien intenta comunicarse, escuchar al otro, entender qué está pasando.



Entrevista a Martin Scorsese (Clarín)


Otra vez, como ya tantas, acá va la desgrabación completa de la entrevista a Martin Scorsese que se publica hoy en "Clarín" y que, como suele suceder, por motivos de espacio hubo que cortar. Lo más interesante que hay aquí que no entró en la nota es cuando habla de la película de Elia Kazan que está haciendo junto a Kent Jones. La versión publicada en el diario la pueden leer aquí. Y la foto --nobleza obliga-- es gentileza de Rolex. Podrían haber mandado un relojito también, ¿no?

Martin Scorsese no necesita demasiada presentación. Probablemente uno de los cineastas más admirados y respetados de todos los tiempos, realizador de clásicos como “Taxi Driver”, “Toro salvaje”, “Buenos muchachos” y la ganadora del Oscar “Los infiltrados”, Scorsese eligió a la cineasta argentina Celina Murga en el marco de la Iniciativa Rolex para Mentores y Discípulos. De esa manera, la realizadora de “Ana y los otros” compartió con el director el rodaje de su nuevo filme, “Shutter Island”. Con motivo del estreno local de “Una semana solos” –la segunda película de Murga--, el director de “Casino” y “Después de hora” accedió a hacerse un tiempo en su apretada agenda para responder las preguntas de “Clarín” acerca de sus películas, sus mentores e influencias y su pasión por la historia del cine y los grandes realizadores.

-Usted siempre menciona a John Cassavetes como su mentor y maestro. ¿Cuán importante fue para su carrera y que aprendió de él?

-John me dio un ejemplo muy importante de dos maneras y en dos momentos cruciales. El primero fue mucho antes de conocernos, cuando vi “Shadows” por primera vez –la única vez, en realidad, porque la impresión que me causó la película fue tan inmediata e indeleble que siempre quise conservar la experiencia de esa primera vez en mi memoria. “Shadows” me demostró que no había excusas, que podías agarrar una cámara y trabajar directamente desde su propia experiencia y que si respetabas tu propia verdad, podías comunicarla en un filme, más allá de las limitaciones. “Shadows” estaba llena de errors técnicos, pero no importaba ni un poquito. Nos mostró que no era fácil, porque ser honesto con vos mismo y con la vida que te rodea es difícil: no es amable, esta siempre cargado de cosas. Pero también nos mostró que no era imposible, que hacer cine estaba a nuestro alcance.

-¿Cómo se conocieron?

Muchos años después, a través de nuestro amigo en común Jay Cocks. John vio mi primera película (“Who’s That Knocking on My Door”) y le gustó lo que trataba de hacer; pero cuando vio mi segunda, “Boxcar Bertha”, fue brutalmente honesto. De hecho, me dijo: “Hiciste un buen trabajo, pero pasaste un año de tu vida haciendo un pedazo de basura. Ahora andá y filmá algo que tengas ganas de filmar, algo que necesites filmar.” Y así fue que salió el guión que, eventualmente, se convirtió en “Calles salvajes”. Ahora, lo que es importante entender es John no era crítico sólo por el hecho de serlo. El hablaba desde la urgencia. El había pasado por el sistema de estudios, él pensó que así podría hacer películas que lo iban a satisfacer a él y a ellos al mismo tiempo, y se dio cuenta de que no podía --no en ese momento de su vida, al menos. Y el reconoció que para mí, entonces, era lo mismo. Me comunicó la urgencia de la situación y me habló a mí y para mí al mismo tiempo.

-Además de John debe haber habido otros maestros en su vida, no sólo en el cine…

-La vida de todos está llena de mentores. Y esas enseñanzas pueden venir de las formas más raras e inesperadas. En mi caso empieza por mis padres, Charles y Catherine Scorsese. Con mi tía Fanny, que falleció recientemente. Con mi tío Joe. Y luego con el Padre Francis Principe, a quién conocí cuando tenía doce años. Y luego, a la distancia, Elia Kazan fue una clase de mentor completamente diferente. El lo sabía y yo también, pero nunca hablamos del tema. Y luego sigue toda la vida. Por ejemplo ahora aprendo mucho de mi hija Francesa, cuando miro el mundo a través de sus ojos.

-¿Porqué eligió a Celina Murga como su “discípula”? ¿Qué es lo que vio en su trabajo que le hizo sentir que se trata de una cineasta promisoria?

-Cuando vi “Ana y los otros” y luego “Una semana solos”, lo supe enseguida: aquí hay un cineasta de verdad. ¿Cómo lo supe? El cine es algo que parece natural en ella. Cuando alguien tiene un sentido de la “vida” dentro del cuadro, del movimiento, de la distancia, y cuando saben cómo dirigir tu mirada a través del material, entonces sabés que hay un cineasta allí. Lo podés notar inmediatamente en las películas de Celina, desde la primera imagen.

-¿Y cómo fue tenerla a Celina en el set de “Shutter Island”?

-Me encantó estar con Celina en el set porque ella tiene pasión por el cine, es algo que compartimos. Y además es alguien que sabe “estar presente” y eso es más que suficiente. Eso es algo que aprecio y que valoro mucho.

-¿Usted piensa que se aprende más viendo trabajar a un cineasta o viendo sus películas?

-Lo que se aprende de ver a cineastas trabajando es una cosa, y supongo que siempre tiene que ver con el hecho de que cada uno tiene su propia forma de trabajar. Ver las películas es otra cosa. ¿Cómo hizo King Vidor para conseguir esa extraordinaria toma de los rascacielos a través de la ventana de la ambulancia en “The Fountainhead”? ¿Por qué tiene un efecto emocional tan profundo y visceral? La ví muchas veces y me doy cuenta que tiene que ver con el lugar que tiene en la historia, el hecho de que es la visión de un hombre que está muriendo, que es una sorpresa en el filme, que engancha directamente con el tema de la película, que el ángulo es importante, que la Cruz Roja está en el centro del cuadro y que es algo que se consigue ópticamente y es muy importante porque es casi el emblema de un credo, de un credo de vida, en este caso del poder de la arquitectura. Ves algo, te afecta, lo volvés a mirar para ver cómo fue conseguido. Y mirás la misma imagen algunos años después, en un momento diferente de tu vida, y te atrapa otra cosa por razones completamente diferentes. El punto es: nunca podés mirar demasiado cerca, ir demasiado profundo. Es algo con lo que vivís, que se convierte en parte de tu existencia. Uno cambia y también cambian las películas.

-Usted es un realizador y a la vez un historiador del cine. ¿Nunca tiene la impresión de que tanta información e “influencias” pueden ser un poco paralizantes a la hora de trabajar?

-El término “influencia” ha sido mal usado por alguna gente, me parece. Es una de esas palabras que no entiendo bien qué significan. Podés tener grandes sensaciones sobre todo tipo de películas y cargar con miles de imágenes en tu cabeza, pero cuando empezás a trabajar, créame, estás solo. Quiero decir: en un sentido no lo estás porque tenés colaboradores de los que podés depender y eso es invaluable. Pero en otro sentido, si querés ser fiel a algo que sentiste que había en el material, está en vos y sólo en vos. La parte de la “influencia” viene antes, cuando estás preparando, o ni siquiera preparando, sino mirando imágenes; escenas y películas porque son parte del vocabulario cinematográfico que tenés en mente para una historia en particular. Pero no es realmente una cuestión de influencia.

-¿Existen películas que lo hagan pensar: “Desearía haberla hecho yo”?

Hay tantas… Tantas películas geniales e inspiradoras. Tomá mis cinco películas favoritas –“El Ciudadano”, “Más corazón que odio”, “Las zapatillas rojas”, “Ocho y medio” y “El gatopardo”--. Hay veces en las que tenido una sensación de envidia viéndolas y también hay momentos en que he pensado, “podría parar ahora porqué, ¿para qué intentar hacer otra cosa? Está todo acá!” Y hay otras veces en las que me siento a verlas asombrado y agradecido que esos filmes existen en el mundo, y me siento un privilegiado por haberlos visto.

-¿Cómo es su relación con los críticos de cine en general? ¿Lee las críticas de sus películas o críticas en general?

-Trato de no leer críticas de mis propias películas y no leo demasiado teoría cinematográfica. Me gusta leer sobre la historia del cine y vuelvo a ciertos críticos, de tanto en tanto, algunos como James Agee, por ejemplo, pero más como escritor que como crítico de cine.

-¿Hay algún cineasta de la historia que lo haga sentir “impotente” en el sentido de sentir que nunca podrá hacer lo que él hizo?

-Bueno, no sé si quiero hacer lo que otro ya hizo… Pero sí que hay ciertos cineastas que me maravillan. Powell y Pressburger, por ejemplo. Hitchcock, Fritz Lang, Orson Welles, Jean-Luc Godard, Kubrick, Bertolucci. Ves su obra y es inspiradora. Y también puede llegar a ser atemorizante. Pero eso es parte de la vida. Es como Beckett: “No puedo seguir… Voy a seguir”. Ves algo que te hace pensar, “bueno, eso fue tan genial que la vida podría parar ahora, todo podría terminar”. Pero no. Siempre hay más cosas para ver y para hacer.

-Después del Oscar a Elia Kazan y la controversia que se generó al respecto, usted está trabajando ahora con Kent Jones en un documental sobre el director. ¿Por qué siente que es tan importante hacerlo?

Como dije, Elia Kazan fue muy importante para mí. “Nido de ratas” y “Al Este del Paraíso” me abrieron muchas puertas, emocional y cinematográficamente como era un adolescente. Fueron formativas para mí. Sentí la necesidad de hacer una película sobre Kazan que realmente mostrara la importancia que él tuvo para mí y, por extensión, la importancia que el trabajo de un artista puede tener para un chico en sus años formativos, cómo si bien la percepción de una obra puede cambiar a través del tiempo, esa primera reacción poderosa permanece, como una semilla que crece y se transforma en el deseo de hacer tus propias películas. Le pedí a Kent que trabajase conmigo y nos tomó mucho tiempo hacerla, refinarla, llevarla a donde queríamos. Se llama “A Letter to Elia” y esperamos poder terminarla pronto. En un nivel más amplio, es importante porque la gente necesita aprender de cineastas del pasado una y otra vez. Ahora hay generaciones para las cuales Kazan es sólo una leyenda o tal vez apenas un nombre, o ni siquiera eso.

-Los cineastas norteamericanos parecen estar sólo interesados en el cine norteamericano y, a lo sumo, en algunos directores europeos. ¿Qué piensa que se están perdiendo del cine del mundo?

Hay algunos directores norteamericanos a los que solo les interesa el cine de los Estados Unidos, pero también hay muchos otros con una apreciación más amplia del cine de todo el mundo. Eso se distorsiona un poco en la prensa porque hay una cierta presión por focalizarse sólo en las películas norteamericanas. Pero muchos cineastas que conozco ven películas de todos lados y de todas las épocas. Parafraseando a Peter Bogdanovich, “no hay películas extranjeras: solo hay películas que vi y películas que no vi”.

-Si tuviera que elegir cineastas de todo el mundo que usted piensa que merecen ser más conocidos, ¿a cuáles elegiría y porqué?

Hay muchísimos cineastas talentosos trabajando actualmente cuyo trabajo merece mucha más exposición: Souleymane Cissé de Mali, Tian Zhuangzhuang and Jia Zhang-ke de China, Celina and Lucrecia Martel de Argentina, Carlos Reygadas de México, Hong Sang-soo de Corea del Sur, Apichatpong Weerasetakhul de Tailandia… Y podría seguir y seguir…

- La Argentina tiene una larga tradición cinematográfica. ¿Conoce algo de ella? ¿Hay algún cineasta que le parezca interesante? ¿Habló con Celina acerca de eso?

-Estoy aprendiendo sobre cine argentino. Conocía algunas películas de Leopoldo Torre Nilsson, pero Celina me ha mostrado filmes de Leonardo Favio y Kent (Jones) me ha hablado acerca de otros cineastas cuyo trabajo me gustaría ver. Siempre es excitante porque hay muchísimo para descubrir. En todos lados. Y en el cine norteamericano también.

-¿Cuán importante fue finalmente ganar el Oscar para usted después de todos estos años?

Pongámoslo de esta manera: no fue algo intrascendente. Pero a la mañana siguiente recuerdo haberme dicho a mí mismo, “OK, ¿cuando podemos volver a trabajar?”

-¿Puede adelantar algo acerca de cómo será su nueva película “Shutter Island”?

Se basa en una novella de Dennis Lehane y transcurre en una isla fuera de Boston en 1954 en la que hay un lugar que funciona como prisión y hospital para los “criminalmente insanos”. Más allá de eso, no quiero adelantar mucho. Prefiero que la gente la descubra por sí misma.

RECUADRO

En el pasado Festival de Cannes, Scorsese anunció que la World Cinema Foundation (WCF) que él preside trabajará para que las películas que restauran puedan ser vistas a través de Internet. Al respecto, dijo a “Clarín”: “ La WCF fue creada para facilitar la restauración y diseminación de películas de países en los cuales el sistema de archivos cinematográficos no es una prioridad. Hasta ahora, con nuestros colaboradores en el Bologna Film Archive hemos restaurado películas de Turquía, Senegal, Taiwan, Corea del Sur, Egipto y muchos otros países, elegidos por los cineastas que forman nuestro consejo asesor. También queremos ayudar a construir un archivo en Mali. Y el area en la que sentimos que más podemos hacer es en la diseminación. En este clima, en el cual los distribuidores y exhibidores están pasando por un momento tan duro, sentido que era importante tener una presencia online. Obviamente que yo quisiera que las películas se vean en las condiciones ideales, pero enfrentemos la realidad: esas condiciones no son posibles para todos. Esa por eso que hemos formado sociedades con The Auteurs y B Side. Queremos que toda la gente posible vea películas como Trances y The Housemaid. Uno puede debatir respecto al hecho de cómo se ve una película online, pero la idea es crear una conciencia, un deseo para que la gente vea las películas en condiciones óptimas.”


24.11.08

Celina Murga, premio mejor director en Thessaloniki


49th INTERNATIONAL THESSALONIKI FILM FESTIVAL
NOVEMBER 14-23, 2008


AWARDS

The jury of the International Competition Section of the 49th Thessaloniki Film Festival comprised of:


Michael Ondaatje, Writer (Canada), President

Diablo Cody, Screenwriter (USA)

Yeşim Ustaoğlu, Director (Turkey)

Lita Stantic, Producer (Argentina)

Émilie Dequenne, Actress (Belgium)

David Robinson, Film critic (UK)

and

Dionissis Savopoulos, Composer (Greece)

THE ΑWARDS

• Best Feature Film Award - Golden Alexander (37.000 euros)

AAN JA, (OVER THERE)
by
Abdolreza Kahani, Iran


• Special Jury Award - Silver Alexander (22.000)

PESCUIT SPORTIV, (HOOKED)
by
Adrian Sitaru, Romania / France

Best Director Award
to
CELINA MURGA

for
Una Semana Solos (A Week Alone), Producers Juan Villegas, Inés Gamarci, Argentina

Best Screenplay Award
to
MATTHEW NEWTON

for
Three Blind Mice, by Matthew Newton, Producer Ben Davis, Australia

Best Actress Award ex aequo

to
IOANA FLORA AND MARIA DINULESCU

for
Pescuit Sportiv (Hooked), by Adrian Sitaru, Producers Adrian Sitaru, Marie-Pierre Macia, Juliette Lepoutre, Romania / France

Best Actor Award ex aequo

to
SID LUCERO AND EMILIO GARCIA

for
SELDA (The Inmate), by Ellen Ramos and Paolo Villaluna, Producer Josephine Saba, Philippines

Artistic Achievement Award

to
SZABOLCS TOLNAI, for Fövenyóra (Hourglass), Producers György Durst, Miroslav Mogorovic, Szabolcs Tolnai, Hungary / Serbia / Montenegro

Special Mention

to
DIASTÉME, for Le Bruit des Gens Autour (Sunny Spells), Producers Thomas Anargyros, Edouard de Vésinne, France


HUMAN VALUES AWARD (15.000 euros)
Τhe Hellenic Parliament TV Channel is bestowing the award to a film of the Independence Days ID-07 section, to the film:

ΤΕΖΑ by Haile Gerima, Germany

WOMAN & EQUALITY AWARD (5.500 EUROS)
Offered by the General Secretariat for Gender Equality, a division of the Hellenic Ministry of the Interior, Public Administration and Decentralization

SNIJEG /SNOW by Aida Begić, Bosnia & Herzegovina, Germany, France, Iran

EVERYDAY LIFE: TRANSCENDENCE OR RECONCILIATION AWARD (15.000 EUROS)
Offered by the Ministry for Macedonia – Thrace

FIRAAQ by Nandita Das, India

THE CINEMA AND THE CITY” AWARD (10.000 EUROS)
Offered by the Municipality of Thessaloniki

OF TIME AND THE CITY by Terence Davies, Great Britain

FIPRESCI AWARDS
The 49th International Thessaloniki Film Festival FIPRESCI (The International Federation of Film Critics) jury comprised of:


Guenther Jekubzik, President (Germany)

Margit Tonson (Estonia)

Olga Markova (Bulgaria)

Andrzej Bokuwiecki (Poland) and

Nikos Kourmoulis (Greece)


Bestows the FIPRESCI award for a film in the International Competition Section 2008 to


VOY A EXPLOTAR (I’m Gonna Explode), by Gerardo Naranjo, Producers Pablo Cruz, Gerardo Naranjo, Hunter Gray, Alain de la Mata, Mexico


For a film in the Greek Films 2008 section to


KALA KRYMMENA MYSTIKA - ATHANASSIA (Well Kept Secrets – Athanassia), by Panos Karkanevatos, Producer Panos Karkanevatos, Greece / Belgium / Netherlands / USA


FISCHER PUBLIC CHOICE AWARDS
For a film in the International Competition section
(3.000 euros)

19.10.08

Martin Scorsese and me - mentored by a master (The London Times)


Celina Murga has experienced what all young film-makers must dream of – being mentored by Martin Scorsese. The master craftsman of American cinema explains why fostering talent is important to him, while Murga reveals what it’s like to be on set with a legend

1965, midtown Manhattan, outside the production offices of Elia Kazan. A 23-year-old film student called Martin Scorsese is standing in front of his hero, the already legendary film-maker Kazan (On the Waterfront, East of Eden), and begging him for a break. Scorsese has written Kazan a long fan letter, has previously accosted him after a guest lecture that Kazan gave at Washington Square College (soon to be NYU Film School), and now finally has buttonholed the reluctant auteur for a brief two-minute face-to-face. “Can I be on the set of your next picture, The Arrangement, just as an observer?” asks Scorsese. “No, I don’t do that,” answers Kazan, flatly. “Well, I’ve got a script that I’m trying to make into a feature,” continues Scorsese, ever hopeful. “Could you read that?” Kazan winces. “I’m trying to write my own scripts right now, so I don’t want to read anyone else’s.” The two men stare at each other for a moment, then Kazan simply wishes Scorsese the best of luck, turns on his heels, and is gone. They will later become close friends, and indeed Scorsese will present Kazan with a Lifetime Achievement Oscar at the 1999 Academy Awards, but for now the younger man remains on the pavement, watching his hero depart, and thinks, “If I ever get into a position where I can offer some young film-maker an observer’s role on one of my pictures, then I will. Because, of all people, I know how much it will mean to them.”

2008, W57th Street, Manhattan, inside the production offices of Martin Scorsese. The 65-year-old film-making legend is torn in two. As much as he wants to be here, on a sofa in his office, surrounded by leather-bound film journals and old Italian movie posters, to discuss his mentoring project, he really needs to be there, across the hallway, in the editing suite, where Leonardo DiCaprio is currently leaping from frame to frame in another key scene from Scorsese’s new mental asylum thriller, Shutter Island. “I’m in the middle of editing a sequence right now, and I can feel the tug,” says Scorsese, dressed in a sharp blue pinstriped suit and white open-necked shirt, and gamely leaning that familiarly inscrutable face of his – the neat bulbous nose, the plaintive eyes and the bushy black caterpillar eyebrows – upwards and sideways, as if he’s being dragged towards the office wall by an invisible tractor beam. “Got to get back! Got to get back!” he jokes, before a great whoop of bass laughter.

If Scorsese seems to be in ebullient mood today, it might just be a subtle form of hysteria leaking in from the Shutter Island edit, which is being, he claims, increasingly resistant to easy thrills. “The picture is a thriller, in a sense,” he says. “But the words ‘in a sense’ are what I’m dealing with right now! Ahahaha!” Or, alternatively, it might just be because his status as a grand old master of the movie business and an establishment mentor to an entire generation of upcoming film-makers – which is the ostensible focus of our conversation – is something that this former perennial outsider cannot yet comprehend.

Of course, he says, he’s been an unofficial mentor for years now. Wherever possible, and motivated by his famously fruitless early Kazan meeting, he has brought aspiring young film-makers on to his productions in the hope that they will learn through osmosis alone. “I first created the position – I called it production assistant, but it was really as an observer – on Taxi Driver for a young woman called Amy Jones [who subsequently became a writer whose hits include Mystic Pizza and Indecent Proposal],” he says. “It was purely about observing the production without being intrusive. I’m not interested in people talking, or being there for any reason other than finding out how to express themselves with the moving image. That’s it. You take in what you take in, and take away what you can. I’ve done it for most of my movies. Some people have gone on to do great things, and others have left the business entirely.”

Today, however, Scorsese’s mentorship has become official, thanks to his participation in the loftily titled Rolex Mentor and Protégé Arts Initiative. Here masters in their fields (including Toni Morrison in literature and Sir Peter Hall in theatre) are paired with promising novices from around the globe. For Scorsese this meant inviting aspiring 35-year-old Argentine film-maker Celina Murga to spend seven weeks on the Massachusetts set of Shutter Island. Originally offered a choice of three candidates by the project, Scorsese says he chose Murga on the strength of her movie A Week Alone (which is screening at the London Film Festival). “Her film seemed to be an accomplished work from someone who has a way of looking at the world,” he says. “It was very sensitive, very unique, and a film that I can learn from.”

Murga is dumbfounded by Scorsese’s very public appraisal of her work. A Week Alone is an atmospheric look at the empty, ultimately destructive lives of a gang of bourgeois Argentine teenagers left home alone in a gated community – think Larry Clark, but with a social conscience. “If you asked me to list all the directors in the world whom I’d like to be mentored by, then Martin would be there at the top,” says Murga. “I think he chose me precisely because my film was so different to anything he had done. And he’s very interested in sharing different film-making experiences.”

Murga adds that, ironically, despite his much-vaunted “no talking” rule for on-set observers, the director himself was an inveterate chatterbox. “He talked to me the whole time,” she confesses. “He loves to talk, and was constantly sharing things about his movie-making process, which was amazing.”

Scorsese says that his own mentors have included producer Roger Corman (for whom he directed his debut feature, Boxcar Bertha), British director Michael Powell, and even his own college professor, Haig Manoogian (to whom Raging Bull is dedicated). He says that, although film-making is still a male-dominated industry and “will never be an even playing field”, he didn’t choose mentoring subjects such as Murga, or even Jones, just because they were women. “The bottom line is about having the drive,” he says. “And it doesn’t matter if you’re a man or a woman. You’ll both run into the same difficulties when you’re making a movie, and you have to possess the tenacity and the will to survive.”

Scorsese is, of course, the great survivor. The tenacious film student who became a director of critical favourites (Taxi Driver), of Oscar also-rans (Goodfellas) and commercial duds (The King of Comedy), he suddenly finds himself sitting here with a $289 million box-office champ (The Departed) behind him, a long-coveted Academy Award (for directing the same), and a reputation that is now peerless among living film-makers. “But this isn’t my fault!” he protests. “I didn’t intend things to turn out this way! When I set out to make The Departed I wanted simply to do a stylistic exercise, but as we went on it became more personal. I was hoping it would do well, because of the nature of the film and the stars that were in it. But for me, with my record, doing well isn’t $289 million! That was a total surprise. But it doesn’t mean that now I’m going to change, and only make a certain kind of film. No, the goals have stayed the same, even if you think I’m finally working from the inside.”

1950, Little Italy, Manhattan, inside the Scorsese family apartment. Eight-year-old Martin Scorsese is sitting at the kitchen table. Other children are playing outside, but Martin, weak from asthma, has turned his attention to creative pursuits. He has started drawing his favourite movies in panel strips, almost like comic books. He draws the best bits, the scenes he remembers, and some he makes up completely, in frames that run across the page. Suddenly, there’s a knock on the door and in walks the 65-year-old Scorsese from today. Scorsese chuckles fondly at the very thought of meeting his younger self, and happily plays along with the hypothetical. He grins as he thinks aloud, “What advice would I give myself? How would I mentor me?” He pauses for a moment, and then goes straight into cineaste mode, deadpan, and without irony. “I guess the first thing

I would talk about would be the aspect ratio, the frame composition and the camera movement, because sometimes the panels I drew had three different images in them, corresponding to three different parts of a camera move.” He continues, at length, fully fleshing out the fantasy lecture. He concludes then, with a sigh, “But the more important thing is to write everything down. I would say, ‘Write down what’s going on around you, what’s going on in your family, on the street, and with your friends. Just keep writing and writing. You don’t even have to think it’s a script. Write down as much as you can, and then out of that you might eventually be able to pull a picture’ – which, over the years, I have been able to do.”

Scorsese’s office door swings open. He’s needed in the Shutter Island edit. He waves away his assistant. “Five more minutes!” he says, adding that he wants to talk some more, but is worried that he might just be procrastinating to avoid the troublesome sequence next door. He says that his next movie, Silence, will surely be a challenge to all those who suspect he’s gone mainstream. “It’s set in 17th-century Japan, and it’s about the Jesuits and the persecution of the Christians at that time. And it’s going to have to be made in an entirely different way to the others.” He then talks about spirituality and about his migration, as a young man, from the church to the cinema. “I wasn’t capable of the selflessness of the priesthood,” he says, “but I was able to explore that in my movies instead.” He says that at the best of times, in the cinema, even now, he’s capable of being moved spiritually by film. “You can be taken out of yourself and transcend your experience,” he says. It happened to him only last week, he adds, at a private screening of Carlos Reygadas’s Silent Light.

He wonders how long he has left directing movies, being the mentor and the master. He says that he wants to do it right until the end. He taps the wood of the coffee table in front of him as he says this. “The thing is, it’s a very physical profession, and one has to be in good shape,” he says. “I wish I could make a film every year about four people in a room, but unfortunately they don’t come out that way. Not for me, anyway.” And with that, and as if suddenly reminded by the greater task at hand, he shoots up from the couch and back into action. He marches out of the room, across the corridor and into the editing suite, prepared finally and fully to put the thrills into a thriller.

A Week Alone screens at The Times BFI London Film Festival on October 28 and 30. Tickets are available at www.bfi.org.uk/lff


27.8.08

"Martin Scorsese presenta..."


We are proud to invite you to attend the screenings of UNA SEMANA SOLOS, the feature film directed by Celina Murga,
presented at Venice-Days / Giornate degli autori.

TRESMILMUNDOS CINE
MARTIN SCORSESE
present
UNA SEMANA SOLOS
a film by Celina Murga

unasemanasolos.blogspot.com

SCREENINGS
Press and Industry
Sept. 3rd - 8.15 pm - Sala Volpi
Official Screening
Sept. 4th - 11.45 am - Sala Perla
Additional Screening
Sept. 5th -11.00 pm - Sala Pasinetti







27.7.08

"Una semana solos", a Venecia


"Una semana solos", segundo largometraje de Celina Murga, es uno de los 11 seleccionados por las Jornadas de los Autores, reseña paralela no oficial del 65to. Festival de Venecia que se celebrará del 28 de agosto al 6 de septiembre.

Nueve de los 11 filmes seleccionados son preestrenos mundiales, cuatro son dirigidos por mujeres y cinco son operas primas, según se desprende del anuncio realizado hoy en Roma y publicado por ANSA.

En el apartado también figuran "Broken Lines", de la inglesa Sallie Aprahamian, "Un maestro de campaña", del checo Bohdan Sláma, "Paisaje No.2", del esloveno Vinko Mïderndorfer, y "Machan", del italiano Uberto Pasolini, entre otros.

El ganador recibirá del circuito de arte y ensayo Label Europa Cinemas la promoción y la permanencia de algunas semanas en los 1.710 cines de la cadena distribuidos por Viejo Continente y cinco copias gratuitas del filme, ofrecidas por la Technicolor italiana, para su exhibición en las salas locales.

La reciente película de Murga es una historia sobre niños y adolescentes que quedan al cuidado de sí mismos en un country durante una semana, con la que compitió en el último Buenos Aires Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (Bafici).

VENICE DAYS LINEUP:
"Broken Lines," Sallie Aprahamian (U.K.)
"A Country Teacher," Bohdan Slama (CzechRepublic, France)
"A Week Alone," Celina Murga (Argentina)
"Landscape No. 2," Vinko Moderndorfer (Slovenia, Serbia, Montenegro)
"Machan," Uberto Pasolini (Italy, Germany, Sri Lanka)
"The Visitor," Jukka-Pekka Valkeapaa (Finland, U.K., Germany, Estonia)
"Nowhere Man," Patrice Toye (Belgium, the Netherlands, Luxembourg)
"Scratch," Michal Rosa (Poland)
"Stella," Sylvie Verheyde (France)
"Hooked," Adrian Sitaru (Romania, France)
"Un Altro Pianeta," Stefano Tummolini (Italy)
"Ritratti: Che Saccio," Camille d’Arcimoles (Italy)
"Ritratti: Il Passato E’ Il Mio Bastone," Flavia Mastrella and Antonio Rezza (Italy)