El "versus" del título es un poco tramposo: no se trata aquí de tomar partido por uno o por otro cineasta. Al menos en mi caso, ambos se ubican en el pedestal de los grandes cineastas de las últimas tres décadas. Ambos, a su manera, han logrado combinar cine de género y de entretenimiento masivo (Cameron más masivo que Mann, obviamente) con claras obsesiones personales y películas que no traicionan jamás esos universos. A la vez, ambos han aceptado los desafíos tecnológicos planteados por la llegada del formato digital, y las han incorporado, de diferentes maneras, a sus películas. También, por su fama y reputación, se trata de dos "duros", dos tipos con pocas pulgas y no demasiada paciencia para las formas y cordialidades. Dos creadores que se han sabido ganar tanto amores como odios.
La entrevista de Scott Foundas a Mann, concedida a propósito del lanzamiento del DVD de "Enemigos públicos" (está en un post anterior a este, para los que entraron directo por aquí), me dejó pensando en las similitudes entre su cine y el de Cameron, y también en sus diferencias. Acá me voy a detener básicamente en un tema: el uso del formato digital. Hay muchos otros elementos que se pueden analizar en el cine de ambos, obviamente, pero lo que a mí me interesa ahora es entender cómo ambos han aceptado reformatearse "digitalmente" y lo han hecho de maneras muy diferentes. Uno podría incluir en este análisis a muchos otros cineastas -de David Fincher a David Lynch-, que también se han sumado al formato, pero se perdería un poco el eje de la cuestión.
Como ya escribí aquí, ENEMIGOS PUBLICOS es mi película favorita de 2009, entre las estrenadas comercialmente en la Argentina (estoy debiendo un TOP TEN de vistas en festivales, pero eso implica hacer un recorrido por catálogos y cuadernos de anotaciones que no creo estar dispuesto a hacer). Una película que la crítica recibió con frialdad, tanto mundialmente como en la Argentina. De hecho, hasta los que escriben en la revista El Amante, generalmente admiradores de Mann, la han ignorado por completo. En el Balance anual nadie la votó, ni uno, entre las mejores del año (y eso que hay votos hasta para "Transformers 2") y tampoco nadie la votó como la peor: simplemente, pasó de largo...
Leo la entrevista de Foundas casi al mismo tiempo que repaso las alabanzas que en ese mismo número de El Amante se lanzan a AVATAR, película que es considerada refundadora del cine, comparada con "El nacimiento de una nación" (sería una versión políticamente correcta de D.W. Griffith, suponemos) y la que devuelve al espectador, entre otras cosas, la felicidad, las ganas de vivir, la pasión por el cine y casi todo lo que el cine parecía no poder dar ya más.
Me encanta AVATAR y probablemente figure en mi Top Five del 2010 (sí, acá quedó desfasada de esta década, por lo cual cuando se hagan las listas en el... ¡2019! la tendremos mucho más masticada que en el resto del mundo, en el que la obviaron en las votaciones por no haber podido medir su impacto como sí podremos los afortunados argentinos...), pero me cuesta entender la enorme valoración de una película contra el ninguneo de la otra, cuando ambas proponen, de maneras diferentes, radicales cambios en la estética cinematográfica.
Mann lo viene haciendo hace varias películas, desde esa secuencia en "Ali" pasando por "Colateral" y "Miami Vice". Ha adoptado el formato digital y ha comenzado a correr riesgos con él, a tomar decisiones estéticas inusuales en su cine (puesta en escena, montaje, iluminación, etc.) con las que apuesta a generar una experiencia más "vivencial" de sus películas, acaso menos clásicamente "cinematográficas" que las anteriores pero --eso dice intentar, al menos-- más vívidas, realistas, cercanas al espectador, desafiándolos a quitarse de encima esa "distancia estética" que produce tanto el celuloide como la organización convencional de los planos en el sistema narrativo clásico de Hollywood (o modelo de representación audiovisual institucional -MRI- dominante, como lo llamaría algún académico) y asi experimentar en la pantalla grande (Mann viene de la televisión y acaso haya un intento de crear un "modelo de representación audiovisual" que combine ambos formatos).
Cameron no tiene "entre sus cejas" ese modelo de representación. Al contrario, lo abraza con fervor. Lo que sí ha hecho a partir de su uso de la tecnología digital es expandir ese modelo (otra de las interesantes contradicciones de AVATAR: usar un modelo narrativo "dominante" para narrar una historia en contra de esa dominación) para generar también una experiencia más "vivencial" del cine. La diferencia está en que allí donde uno deconstruye y desarma un sistema, el otro lo agranda y lo hace crecer.
Aquí, claro, entrará a tallar la relación de cada espectador con ese modelo narrativo/visual de puesta en escena y montaje. En mi caso, no tengo ningún inconveniente ni ideológico ni ético con el MRI (Bürch via Prividera, je!), más allá de que pueda reconocerlo y aceptarlo, o no, según la propuesta. Pero sin duda lo que hace más interesante, para mí, el cine de Michael Mann, es su intento de usar el digital tratando de crear un nuevo modelo formal en el camino, o al menos desviarse del preestablecido.
En ENEMIGOS PUBLICOS se topó con el desafío de trabajar un género establecido y clásico (un paradigma del Hollywood de los '30 y los '40) como es el cine de gángsters y se ocupó de deformarlo visualmente, destriparlo de buena parte de sus psicologismos de salón y convertirlo, casi, es una película experimental. Si no lo es del todo es porque se trata de una producción de Hollywood de 100 millones de dólares y, por otro, porque Mann no quiere sacar del todo los pies del plato: le interesa construir un sistema diferente que funcione y que sea una alternativa comercial, no quiere hacer películas donde las casas sean marcas en el piso (como "Dogville") ni se propone como un autor radical como puede serlo Harmony Korine en "Trash Humpers".
Ya conté que tuve la suerte de ver la película en un proyección digital y todavía tengo el brillo de las imágenes y el impacto del sonido en mi cabeza. Aquí no se vio así. Imagino que es lo mismo que podría pasarle a alguien que va a ver AVATAR aquí con el entusiasmo de haber leído que se trata de una revolución cinematográfica y la ve en 2D en el microcine de una distribuidora. Imagino que el impacto no será el mismo. Yo todavía no la vi en 2D, pero quiero hacerlo: ya cuando la vi en IMAX no fue lo mismo ya que la experiencia "de espectáculo de feria" que allí se tiene no guarda relación con la "diferencia" que existe al ver AVATAR 3D en una sala convencional de cine comparada con una película "normal").
Volviendo al tema. Siento que Cameron usa el digital y el 3D y el "motion capture" para recapturar un "paraíso perdido cinematográfico", la idea de un cine creador de universos completos, para envolvernos en un mundo cinematográfico autosuficiente, con sus códigos establecidos pero en dimensiones inesperadas. Nada más lejano del mundo real, digamos. Más bien una maravillosa reinfantilización del espectador (son decenas los críticos que han dicho que la película los ha hecho sentir como cuando eran niños) por la vía del impacto sensorial.
Mucho de ese impacto, hay que decirlo, se debe a la dirección de arte y al diseño de producción "setentista" de la película, la sensación de estar metido dentro de la tapa de un disco de rock progresivo (las de Yes diseñadas por Roger Dean, o tantas otras) o de esas historietas de ciencia ficción de revistas como Metal Hurlant/Heavy Metal (leer un curioso dato aquí) más que del uso de la tecnología. Es un bellísimo y vibrante show de variedades, donde mucho pasa por lo que se muestra y no tanto por cómo se lo muestra. Para explicarlo de otra manera: yo hubiese querido ver muchos más planos como el que inicia la película, con Jake Sully saliendo de su cápsula en ese espacio sin gravedad, en donde es el concepto el que prima, la idea, y no los "muñequitos" o "chiches visuales" que hay dentro del plano. En lugar del barroquismo visual de Pandora, quiero ALIENS en 3D.
Leía por ahí en El Amante que si uno dice qué cosas le gustó y qué cosas no en AVATAR es un crítico tibio que no siente pasión por el cine o por lo que hace. Entiendo la idea (creo que Porta Fouz la compara con hablar de una mujer y decir 'esto me gusta', 'esto no'), pero tal vez yo no pueda pensar de esa manera (me puedo enamorar de una película pero eso no me impide poder "analizarla" por partes) y es por eso que AVATAR me invita a desmenuzarla casi quirúrgicamente. Recuerdo que una vez me llevaron a un programa de TV a debatir sobre STAR WARS - EPISODIO I con Sebastián Tabany y él, fanático de la película, decía más o menos lo mismo que Javier: no hay nada que analizar aquí, o sos un converso o no lo sos. No sé, demasiado "fundamentalista" para mí gusto.
Entonces, allí donde AVATAR apuesta por usar las nuevas tecnologías para agrandar la fantasía renovando sus modelos clásicos, ENEMIGOS PUBLICOS prefiere usarlas para devolver esa fantasía al campo de la experiencia "real" del espectador. Uno hace una conexión "vivencial" por la vía del espectáculo envolvente, el otro lo hace por la desmitificación de esos mismos códigos. Cameron -en la contradicción central y maravillosa de su increíble película- hace una defensa apasionada por la conexión del hombre con el mundo real a partir de un universo que es absolutamente digital. Al igual que WALL-E o que cierta música electrónica, hay muchas veces mucho más "humanidad" en lo digital que en lo analógico.
Son dos películas que, en muchos sentidos, no se pueden comparar entre sí como se podría hacer entre AVATAR y "2012" (o entre ENEMIGOS PUBLICOS y, digamos, "Gomorra" o "Un profeta"). Pero en lo fundamental tienen mucho en común, aún en sus diferencias. Mann y Cameron son diferentes y apuestan a diferentes usos del digital porque uno cree en el cine como reflejo de un mundo y su experiencia mientras que el otro lo propone como una ventana a universos de imaginación insospechada. Pero la diferencia real no está en ellos, la diferencia está en uno y en cómo se maneja en esa aparente dicotomía.












