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8.6.08

Aniceto (2008)


"A Iván Wyszogrod lo descubrí yo en "Gatica". Tenía 19 años. Es un genio, el músico más grande que ha dado la cinematografía del mundo."

"Por lo general, trabajo con modelos. Una música que me golpea y empiezo a trabajar el guión con esa musica y cuando él músico viene le digo 'con esto me motivé, llegué aca, hice esto'. Y vamos buscando entre los dos. Pero tenés que tener un Stradivarius como Iván."

"La puesta de cámara era previa y el guión bastante de fierro. Le doy mucha bola al sonido, a la música. En "Aniceto" algunas cosas dibujé, trabajé con tipos brillantes como Andrés (Echeveste), el director de arte, un tipo con una sensibilidad exquisita. Estuve acolchonado por todos lados. El equipo me bancaba, me aportaba cosas maravillosas. Al cámara (Miguel Caram) lo distinguí en los titulos porque realmente es un genio. No te regalo la palabra genio, son geniales."

"La experiencia de trabajar en un ambiente controlado es mucho más linda, tipo títeres, tipo Mélies. Con el mundo real ya trabajé mucho. Esta es una experiencia nueva. Hay tantas cosas para hacer."

"Soy obediente de la gente talentosa. No soy necio. Creer que ya la sabes es lo peor que te puede ocurrir, soy de oir a todos. Un día estábamos en Cinecolor viendo que hacíamos con una toma de Gatica en la que llega el hermano a avisarle al manager que no lo encuentra. Llueve, bomberos, coches alineados. La escena tenía ritmo, todo, pero no funcionaba. Pegábamos, sacábamos. Entonces llega Pajarito, un vago amigo mío, y dice: '¿Qué quieren mostrar? ¿Qué tenían guita para alquilar autos?' Y tenía razon. Me estaba quedando con la panorámica. 'Ya mostraste los autos', me dice. Y corté a la mierda todo... Mirá si yo fuera un nabo, me la pierdo."

"A Rodolfo Mórtola lo amo, es otro colaborador de por vida. Dice siempre lo justo, nos entendemos bien."

"Extras" de mi entrevista a Leonardo Favio que saldrá mañana en "Clarín"

(Gracias a Santiago, por compartir la experiencia y los nervios,
y a Lola por haberme enseñado a ver al otro Favio).

6.6.08

Gatica, el mono (1992)

-Yo no la quiero a Gatica . Es como una mujer hermosa a la que uno no consigue querer. A Gatica no la quiero ni podré quererla nunca.

-¿No la querés porque no te hizo feliz durante el rodaje?

- Claro, porque fue mucha lucha. Tanta lucha que me asqueó, me hartó. En cambio, me hablás de Soñar, soñar , y yo sé que es chiquita al lado de Gatica , pero la quiero. Con todos los problemas de Monzón y todo, a Soñar, soñar la quiero. El dependiente es otra de mis películas a las que quiero, porque me acuerdo de haber estado filmándola en esas noches estrelladas y cálidas en el patio, charlando con Vidarte, con Graciela, con los técnicos... En cambio, durante el rodaje de Gatica estuve muy enfermo, y sintiéndome tan mal no pude gozarla. Fui muy infeliz haciendo esta película. La hice apretado por la situación económica, buscando la salvación económica.

-Pero en los años que llevó escribir el guión nadie te pagaba.

- Claro, pero yo pensaba: cuando termine Gatica voy a tener tres o cuatro palos verdes. En aquel momento para mí esa como si ya los tuviera en el bolsillo. Por eso vendí mi casa de Mendoza e invertí todo el dinero que tenía ahorrado. Yo soñaba a los jóvenes imitando el vestuario de Gatica...

-Qué paradoja: que habiéndola hecho sin pasión, la película logre transmitir la catarata de emociones que transmite.

- Tal vez suceda eso por el manejo de la emoción, y eso es cuestión de conocimiento. En mi cine yo no confundo la alegría de la construcción con la sensación de que me muero por esa película. Cuando era pibe sentía que hacía cine o me moría. Pero eso murió con El dependiente. Cuando crecí me di cuenta: soy un narrador de cuentos, éste es mi oficio, ésta es mi profesión. No es el ombligo del mundo porque no puedo emular las estrellas ni los ríos. Es mi oficio, pero no me desmayo por una toma. Siento el placer de realizarla. Ese travelling del que te hablaba me hizo sentir el placer de encontrar la estética, de manejarla, de saber que puedo, pero nada más. Mis alegrías no pasan por mis oficios. Pienso que lo mismo le debe ocurrir a todo el mundo. No creo que un poeta se desmaye de amor frente a su poesía. Aunque puede ocurrir que se desmaye de amor frente a lo que provocó el poema.

-¿Y vos no te desmayás de amor si vas a la salida de un cine y comprobás lo que provocó Gatica en el espectador?

- Me alegro, pero nada más. Vamos a hablar a calzón quitado: cuando vos no tenés a quién dedicarle el asombro, no te morís por tu obra. Pienso que la obra es a partir de querer deslumbrar a tu mamá, a tu papá y a tus amigos, en la niñez; y después, a tu maestro y al ser que amás. cuando perdiste esa potencia, la obra es nada más que el oficio. Yo ya no quiero deslumbrar a nadie.