"Moreira aparece como parte de mi necesidad por subsistir. Yo venía de Crónica... y de El romance..., dos fracasos comerciales, en el sentido de que no se perdía la plata porque la recuperaba con los premios del Instituto, pero tampoco ganaba. Hasta tuve que vender mi parte de el romance... porque no tenía un mango. Un día, caminando por Carlos Pellegrini, me encontré con Fernando Ayala y me invitó a tomar una cerveza. Inmediatamente pensé: éste es Aries Cinematográfica, aquí hay guita. Me preguntó en que andaba, y en el aire le inventé que estaba embalado con una historia que era para ganar mucha plata, le dije como haciéndome el distraído. A ver si picaba ¿no? Juan Moreira , le dije. Se me ocurrió eso porque había estado en Mendoza pocos días antes y había visto al héroe del radioteatro cuyano, Ubriaco Falcón, en una función de Juan Moreira con los indios en technicolor . Lo anunciaba así porque como a veces hacía la función el galpones de viñedos donde no había electricidad, la iluminación era con faroles sol de noche, a los que él les ponía gelatinas transparentes de colores. Eso había quedado en mi retina y en mi archivo. Cuando me lo crucé a Ayala, saqué eso del archivo y se la entré a contar. Lo empaqueté. Me preguntó quién iba a ser el actor, y le dije que pensaba en Toshiro Mifune. Se entró a cagar de risa. “Eso es imposible, Leonardo”, me dijo. “Soñar no cuesta nada”, le contesté. Al día siguiente me llamó diciendo que Héctor Olivera me quería ver. Se la seguí contando, cada vez con más detalles. Me pidió que le llevara el libro. No tenía escrita ni una puta línea, pero le dije que no lo quería mostrar hasta que, por lo menos, no tuviera terminada la mitad. Me propusieron que lo trabajara con Augusto Roa Bastos. Yo venía tan muerto de hambre que acepté. Se ve que se creyeron lo del libro porque firmamos contrato y empezaron a pagarme semanalmente. Pero eso duró poco tiempo. Lo que trajo Roa Bastos no me gustó. Será un buen escritor pero no me gustó como guionista. Les dije a Ayala y a Olivera que así no podía, que yo quería trabajar con mi hermano y que la primera versión que había hecho con él estaba muy avanzada. Lo hice venir al Negrito de Mendoza y nos pusimos a escribir como locos porque hasta ese momento jamás habíamos escrito una línea de Moreira . Terminamos el libro en un mes."
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Moreira. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Moreira. Mostrar todas las entradas
5.6.08
Juan Moreira (1973)
"Moreira aparece como parte de mi necesidad por subsistir. Yo venía de Crónica... y de El romance..., dos fracasos comerciales, en el sentido de que no se perdía la plata porque la recuperaba con los premios del Instituto, pero tampoco ganaba. Hasta tuve que vender mi parte de el romance... porque no tenía un mango. Un día, caminando por Carlos Pellegrini, me encontré con Fernando Ayala y me invitó a tomar una cerveza. Inmediatamente pensé: éste es Aries Cinematográfica, aquí hay guita. Me preguntó en que andaba, y en el aire le inventé que estaba embalado con una historia que era para ganar mucha plata, le dije como haciéndome el distraído. A ver si picaba ¿no? Juan Moreira , le dije. Se me ocurrió eso porque había estado en Mendoza pocos días antes y había visto al héroe del radioteatro cuyano, Ubriaco Falcón, en una función de Juan Moreira con los indios en technicolor . Lo anunciaba así porque como a veces hacía la función el galpones de viñedos donde no había electricidad, la iluminación era con faroles sol de noche, a los que él les ponía gelatinas transparentes de colores. Eso había quedado en mi retina y en mi archivo. Cuando me lo crucé a Ayala, saqué eso del archivo y se la entré a contar. Lo empaqueté. Me preguntó quién iba a ser el actor, y le dije que pensaba en Toshiro Mifune. Se entró a cagar de risa. “Eso es imposible, Leonardo”, me dijo. “Soñar no cuesta nada”, le contesté. Al día siguiente me llamó diciendo que Héctor Olivera me quería ver. Se la seguí contando, cada vez con más detalles. Me pidió que le llevara el libro. No tenía escrita ni una puta línea, pero le dije que no lo quería mostrar hasta que, por lo menos, no tuviera terminada la mitad. Me propusieron que lo trabajara con Augusto Roa Bastos. Yo venía tan muerto de hambre que acepté. Se ve que se creyeron lo del libro porque firmamos contrato y empezaron a pagarme semanalmente. Pero eso duró poco tiempo. Lo que trajo Roa Bastos no me gustó. Será un buen escritor pero no me gustó como guionista. Les dije a Ayala y a Olivera que así no podía, que yo quería trabajar con mi hermano y que la primera versión que había hecho con él estaba muy avanzada. Lo hice venir al Negrito de Mendoza y nos pusimos a escribir como locos porque hasta ese momento jamás habíamos escrito una línea de Moreira . Terminamos el libro en un mes."
Etiquetas:
Ayala,
Juan Moreira,
Mifune,
Olivera,
Roa Bastos
Crónica de un niño solo (1965)

"La historia, en realidad, no nace en la villa, sino de una experiencia personal mía. En una oportunidad, yo estaba detenido en Mendoza y me escapé del calabozo con un chico amigo, el Gallego. Qué lindo contar cómo me escapé, pensé. Fue bárbaro cómo me escapé Se acercaba la Navidad y nosotros estábamos en cana. Como éramos menores nos ponían con las mujeres, pero de noche si había calabozos vacíos nos mandaban allí para que no durmiéramos con las mujeres. El Gallego pidió permiso para ir al baño, y yo me di cuenta de que el policía, al abrir la puerta, se quedaba del lado de atrás de la puerta. No miraba para adentro del calabozo, sino que lo miraba a él. que iba al baño, que estaba enfrente. El calabozo de al lado estaba vacío. Me avivé, le dije que en una hora volviera a pedir permiso y que yo me iba a meter en el calabozo de al lado. Así lo hice, y me quedé dormido en ese calabozo. El otro entró a patear la pared, pero yo me desperté recién al amanecer. Abrimos la puerta, nos fuimos al fondo de la comisaría, nos trepamos, subimos al techo y nos escapamos. Recordando esto, pensé en escribir nada más que la fuga de un chico. Sus sensaciones, las frases como “señor, permiso para ir al baño”, y la esperanza de que no te conteste porque entonces quiere decir que no está y que es el momento de rajar."

"Era así, nosotros la íbamos de guapo pero después la tirábamos para la larga porque cuando llegaba el momento no queríamos pelear. Finalmente te peleabas por obligación. Son cosas que parten de la vida misma, del conocimiento de la gente. Nunca voy a narrar algo que no conozca. Mis personajes brotan de la realidad. En mis películas no hay un solo personaje que no esté dentro de mi corazón, que no reaccione como yo hubiera reaccionado. Cuando Moreira mira a través de las rejas chiquititas, ése soy yo. Cuántas veces habré mirado a través de las rejas pensando: “Puta madre, ¿cómo estoy acá?”. Mis películas son siempre la misma película."

"Yo pienso que el niño no es cruel. El niño es inexperto. Tiene desconocimiento del dolor que, de a poco, va conociendo a través de la vida. Tienen otro concepto de todo. No conocen el límite porque ellos son eternos. Jesús dice que para ir al cielo te tenés que volver como un niño. No hay que confundir: el niño no es cruel, es inexperto, no sabe que la muerte existe y por lo tanto no sospecha que ese ser al que le hace daño, o una burla, no es eterno. No sabe que le está haciendo perder una porción de felicidad, del ratito que tiene en este mundo."
Declaraciones extraídas de "Pasen y vean", de Adriana Schettini
Etiquetas:
Crónica de un niño solo,
Juan Moreira,
Mendoza,
Schettini
Suscribirse a:
Entradas (Atom)