
Escrito anoche, de madrugada, y abandonado. Retomado hace un rato, no sé para qué... Tal vez para dejar constancia de cierto fastidio.
Hace un rato terminó la entrega de los Premios Cóndor en la que casi todos los premios fueron para "Aniceto", de Leonardo Favio, algunos recayeron en "Cordero de Dios", de Lucía Cedrón, y los pocos restantes se repartieron entre "El nido vacío", "La cámara oscura", "La mujer sin cabeza" y --milagro-- "Historias extraordinarias", en ese apartado de Primera B que los votantes llamaban "mejor videofilme" y ahora pasaron a calificar como "Premio a la Innovación Artística".
Leonardo Favio se ha convertido en una suerte de baluarte multipropósito: uno se pone detrás suyo y nadie puede decir nada. Es Maradona. Es Charly García. Es... Favio. No importa lo que haga, es imposible criticarlo y es fácil escudarse detrás suyo, casi, para no tomar decisiones. De alguna manera, estos Cóndor fueron esos: usar la estampita de Favio para esconderse y no tener que definir ninguna postura respecto al cine. Favio Dignifica. Cumple. Paga. Rinde. Sirve.
"Aniceto" --una película menor, aunque no mala, en la filmografía del director-- sirve para revestir a los premios de anoche de algún grado de respetabilidad. Uno pone la foto del hombre convertido en mito y nada puede cuestionarse. Pero el tema es que detrás del Escudo Favio, la premiación de anoche es realmente un despropósito que ya se veía venir desde las nominaciones.
Cuesta creer que "Leonera", seguramente una de las mejores películas argentinas de los últimos años, se haya ido sin ningún premio. "Aniceto" la tapó en todos los rubros técnicos, es cierto, pero la película de Pablo Trapero perdió en la categoría de guión en la que no competía con Favio y también en el rubro mejor actriz (Martina Gusman perdió a manos de María Onetto, lo cual no deja de ser aún más extraño todavía). Y se fue sin nada.
Ya dijimos que "Historias extraordinarias" competía en un sólo rubro, kelper, como la manera en la que funciona en el mercado cinematográfico. ¿"Liverpool"? ¿Qué es eso, la ciudad de los Beatles? Ni nominaciones. Y la película de Lucrecia Martel le dio el premio a Onetto pero fue apenas nominada en tres rubros: resulta asombroso que la película técnica y estéticamente más sorprendente del cine nacional en mucho tiempo (tal vez no sólo nacional) no haya siquiera estado nominada en categorías como sonido, fotografía o montaje.
"Aniceto" lo tapa todo. Los Cronistas, llegado el caso, consagraron a "Cordero de Dios", de Lucía Cedrón, como la verdadera ganadora por debajo del Homenaje a Favio que fue toda la ceremonia. Y más allá de lo que cada uno pueda opinar de la película, se trata de una elección tibia, prolija, aceptable... normal.
Pero, después de todo, resulta muy difícil discutir estéticamente con los artífices del Mausoleo del Cine, votantes que parecen destinados a condenar cualquier cosa que se aparte un poco de la media para celebrar lo probado y establecido, o bien apoyar lo políticamente conveniente según el momento en cuestión (ahora "viste bien" ser peronistas, nacionales y populares) y los favores que se pueden sacar de esa "asociación".
Esto no implica no valorar el trabajo de muchas de las personas premiadas, que no se entienda así. La puesta en escena de los Cóndor es la que transforma todo en granito, en cemento macizo, en piedra pómez. El cine parece congelarse al aparecer en esa ceremonia, armada con un timing televisivo propio de la década del '50, y con un tufillo a Acto Escolar que achata absolutamente todo. Una la ve ahí a María Onetto y se olvida del gran trabajo que hizo en la película de Martel: uno ve una foto de la tele del pasado.
De hecho, propongo que de aquí en adelante las ceremonias las conduzcan Carlos Morelli y Rómulo Berruti, usando los mismos trajes que usaban en los '80. Propongo que todos los cineastas menores de 40 años --o que no usan corbata ancha como ese pelmazo engolado que entrevistaba a los ganadores en los cortes-- participen en una categoría separada. Propongo que se cante el Himno antes de empezar la ceremonia. Propongo que se repartan estatuas y murales, que hagan actos las Fuerzas Vivas, que den discursos los intendentes y que se traiga a los que organizaban las fiestas de apertura del Festival de Mar del Plata en la época de Mahárbiz.
Me cansa, lo juro. Pasa el tiempo y es como si nada pasara, como si el cine fuera la puesta en freezer de la cultura.


