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12.10.09

Diario de Rio de Janeiro - "The White Ribbon", de Michael Haneke


"The White Ribbon" es una película de tesis. O, menos que eso, una película que intenta probar algún tipo de lugar común. Digamos: "La violencia engendra violencia". O bien: "Cría cuervos y te sacarán los ojos". O varias otras frases en ese sentido. Es cierto: la película no pretende ser otra cosa que una gran parábola. Básica, sencilla, educativa. Algo que queda claro desde la voz en off --curiosa, que no respeta muy bien el punto de vista pero tampoco es omnisciente-- de uno de los protagonistas de la historia.

La película es un cronograma, un mapa, un juego de mesa. Por aquí están el cura, el doctor, el profesor, el barón, el administrador. Por allí, la partera, la familia de obreros, las nanas y mucamas, las esposas. Y, alrededor, dando vueltas, los niños. Pequeños, no tan pequeños, casi adolescentes. Una serie de incidentes, algunos menores, otros no tanto, ponen "la tranquilidad" del lugar en riesgo: el caballo del doctor cae en una trampa y el doctor queda seriamente lastimado; el hijo del barón y el de la partera son molestados; se quema un establo; una cosecha es destrozada. Y asi...

Un blanco y negro que imagino es impecable (la copia que vi no era la original) para mostrar un "impecable" pueblo ultrapuritano de algún lugar de Alemania en un año que, sabremos después, es 1913. Todo está filmado clínicamente, como un estudio en imágenes sobre Dreyer y Bergman armado por un severo profesor universitario. Armar el mapa entero de personajes sería agotador, pero cada uno presenta su conflicto casi calcado: humillaciones, perturbaciones, celos personales y sociales, pérdidas. Los "accidentes" pueden suceder por varios de esos motivos y varios pueden ser los autores: las broncas y fastidios son tantas que, finalmente, no importa. De hecho, tampoco le importa a Haneke, que decide no construir suspenso en el relato --una frase del narrador, al principio, deja más o menos en claro el "misterio"-- sino contarlo como "cautionary tale".

¿De qué? Bueno, ya se ha dicho, de los orígenes del nazismo, por un lado, y del tema favorito de Haneke: las graves consecuencias de ser burgués, de no pensar en el prójimo, de comportarse como se comportan los personajes de sus películas. "Funny Games","Caché" y esta "White Ribbon" tienen la misma trama: adultos con poder (económico o político) que están siendo castigados y maltratados por razones que parecen desconocer, pero que son evidentes para nosotros: por ser quienes son. Como en "Caché" las razones pueden ser tanto sociológicas como psicológicas: alguien se está vengando y las causas hay que rastrearlas en las humillaciones de la infancia. Al igual que "Caché", el misterio no termina de resolverse porque, según la tesis de Haneke, la situación social que la generó todavía sigue vigente. Siempre habrá cámaras filmando acusatoriamente a Daniel Auteuil. Siempre habrá víctimas en el pueblito de "White Ribbon" en tanto las estructuras de poder que las generan permanezcan.

Ese ajedrez dramático que es el filme tiene algunas jugadas que me interesan. Por razones de trama, a Haneke no le queda otra que no mostrar la mayoría de los "sucesos misteriosos", por lo que nos ahorra unas cuantas torturas gráficas como las de "Funny Games". Ese uso del "fuera de campo" --y la fotografía lustrosa y el relato de época, etc-- fue criticado por algunos como una forma del director austríaco de ganarse los favores del jurado de Cannes y llevarse así el Gran Premio --cosa que logró-- sin espantar a ninguno de los votantes.

Pero ese cuidado no me molesta, ni creo que sea una gran diferencia con lo que hacía antes. Si se la compara con "Anticristo" --un filme con el que tiene bastantes puntos en común-- se podría decir que es un filme "de qualité", armadito para el gusto promedio. Pero hace rato que Haneke juega en el bando del "gusto promedio". No veo nada en "Caché" o "La profesora de piano" que pueda shockear al público de mediana edad y buen gusto que se ha convertido en uno de los pocos que, al menos en la Argentina, sigue yendo a ver "cine de autor europeo prestigioso". El filme tiene el suficiente grado de crueldad como para ser catalogado, como diría algún espectador, como "una película fuerte", al mostrar torturas (psicológicas y de las otras), abusos sexuales y agresiones verbales.

No termino de comprender del todo el grado de interés que despiertan las películas de Haneke. Tampoco me da para odiar su cine. Recuerdo que, en su momento, "Funny Games" me impactó fuertemente. Eran otros tiempos y yo me dejaba impresionar más fácilmente por ciertas provocaciones y juegos perversos. Igual, sigo creyendo que esa película funcionaba porque no engañaba, porque jugaba dentro de las reglas de su género, sólo que llevando la crueldad inherente a los filmes de suspenso hacia límites insospechados. En "The White Ribbon" no hay desparpajo ni tampoco una mirada incisiva, un punto de vista original ni complejidades psicológicas. Tiene cosas de Bergman y Dreyer y su escenario recuerda a las aldeas de peregrinos puritanos de los Estados Unidos del siglo pasado, pero todo está procesado para generar un sentido banal y unívoco, con un misterio no resuelto que es falso y engañoso.

La lección del profesor Haneke me hizo, sí, entrar a Wikipedia a buscar algunos datos sobre el Imperio Austrohúngaro y sobre el inicio de la Primera Guerra Mundial. No creo que su intención haya sido sólo esa, pero a mí no me motivó nada más.

Shyamalan ya lo hizo. Y mejor.

10.10.09

Diario de Rio de Janeiro - Parte 2


Ya resignado a ver pocas películas, el domingo me dediqué a recorrer un poco la ciudad. A las 4 de la tarde me habían invitado a un evento del festival que consistía en mostrar una película en una favela. Se imaginarán que "el turismo de la pobreza" es una entidad que me resulta deplorable y la sola idea de ir adentro de un bus con una serie de periodistas europeos a ver una función de este tipo y luego volver, imagino, casi sin salir del bus, era cercano a una pesadilla. Pero reconozco que me vi obligado a aceptar el convite: me habían invitado al festival, no había visto una sola película y me pareció que era un gesto un poco grosero de mi parte rechazar también esta invitación.

Pero la suerte estuvo conmigo, se largo a llover y "el paseo" se canceló. Y de paso se canceló también una cena posterior. Obviamente sacar entradas para ver películas en el día era una tarea imposible, ya era tarde para ir a la videoteca del Pavillion del festival (que está muy bien puesto, pero queda en el centro de la ciudad, a casi media hora de micro del hotel) y la opción volvía a ser el turismo.

Ya a la vuelta, y acaso con cierta culpa por no haber visto ninguna película, me puse a ver una que había traído de casa y que estaba programada en el festival: una forma curiosa, y cada vez más habitual, que tenemos muchos de hacer un festival paralelo gracias al download y a los DVDs y screeners. Vi "Away We Go", de Sam Mendes, basada en una historia de Dave Eggers y su esposa Vendela Vida. No voy a decir que me decepcionó porque nunca espero mucho de una película de Mendes, pero sí esperaba un poco más del escritor de una de mis novelas favoritas de los últimos años, "A Heartbreaking Work of Staggering Genius".

"Away We Go" cuenta la historia de una pareja (los simpáticos John Krasinski y Maya Rudolph) que, al quedar embarazados, empiezan una recorrida por los Estados Unidos y Canadá en una especie de "casting" para elegir en que lugar vivir. A algunas ciudades irán por cuestiones laborales y a otras --la mayoría-- porque allí viven familiares y/o amigos. El tour será una especie de freak road show en el que la pareja irá viendo lo imbéciles, perdidos, confundidos y desesperados que están sus conocidos. Salvo excepciones, se podría decir que uno es más patético que el otro.

No termino de entender el sentido de la película. La pareja protagónica es carismática y agradable, pero el recorrido es una cadena de banalidades, una serie de viñetas ridículas que llegan al colmo del mal gusto y la mala leche con el encuentro que tienen con Maggie Gyllenhaal y su marido. ¿Ver el estado semipsicótico, autista, frustrado de todos los demás servirá para que la pareja consolide su relación? ¿O para que el espectador se sienta a la par de ellos y mejor que el resto de los tarados que pululan por la pantalla?

Las canciones de Alexi Murdoch --bonitas, pero casi calcadas de Nick Drake-- tienen cierto encanto, pero la película es un viaje a ninguna parte. Esperemos que el combo Eggers-Jonze en "Where the Wild Things Are" sea mejor que el de Eggers y Mendes, director cuyo manejo de los tonos de la "comedia irónica" (por llamarla de alguna manera) va empeorando desde "American Beauty", película similar en ciertos aspectos pero que --a la distancia-- parece el colmo del refinamiento.

El lunes volví al turismo hasta las 4 de la tarde, hora en la que llegué al cine de Botafogo para ver "The White Ribbon", la película de Michael Haneke que ganó la Palma de Oro. No quiero seguir "echando leña al fuego" porque, es cierto, la prioridad para los invitados internacionales es que vean cine brasileño, pero me topé con la película con subtítulos en portugués. Y ningún otro. Digamos que en mi caso, y calculo que en el de muchos argentinos, leer portugués no es algo tan complicado de hacer, y salvo un par de frases, no creo haberme perdido nada. Pero imagino que no sería tan fácil para un inglés, un francés o un norteamericano.

El problema mayor es otro: la película estaba en un formato digital que, apuesto, no es el original. Estuve averiguando y sé que Haneke ha presentado copias en fílmico y en digital, pero puedo apostar que no era en este formato digital, cuyo evidente pixelado de la imagen dejaba ver que era algún tipo de copia en un soporte de menor calidad o mayor compresión. Leí decenas de artículos sobre la calidad de la imagen del filme y eso me deja en claro que la copia que vi no tiene nada que ver con la original.

Pero ahora me costaría entrar en un análisis largo de la película --son casi las dos de la mañana y estoy esperando la votación del Senado en la Ley de Medios--, por lo que la voy a dejar para mañana. Sólo me da para adelantar que, como también espero muy poco de Haneke (no me gusta nada de lo que hizo después de "Código Desconocido"), puedo decir que la película me interesó más de lo que esperaba. No cambia en nada la opinión que tengo del director austríaco --de hecho, la reafirma-- y el suyo es un cine que no me interesa, que funciona de manera didáctica (traduce ideas preconcebidas en imágenes que sirven como "pruebas" de algún tipo de teoría sociológica) y cruel, pero algunas cosas me resultaron intrigantes, especialmente cuestiones de la puesta en escena, como el uso del fuera de campo y las elipsis narrativas. Pero sigo con el asunto mañana...

8.10.09

Premios del Festival de cine de Rio de Janeiro


Festival do Rio 2009 Premiere Brazil Awards

Rio International Film Festival 2009

Esmir Filho’s first feature Os Famosos e Os Duendes Da Morte (The Famous and the Dead) takes Festival do Rio’s Top Prize and FIPRESCI

Dual Prizes handed out to Sandra Werneck’s Stolen Dreams, Sergio Bianchi’s Os Inquilinos (The Tenants Don’t Like It, Leave), Karim Ainouz and Marcelo Gomes’ Viajo Porque Preciso, Volto Porque Te Amo (I Travel Because I Have to, I Come Back Because I Love You), Tatiana Issa and Raphael Alvarez’s Dzi Croquettes and late Sergio Bernardes’ Tamboro

Highlighting a particularly strong year for domestic filmmaking, the Premiere Brazil closing awards at the 11th Rio Film Festival, which took place tonight, Thursday October 8th, at Rio’s historic Odeon Petrobras cinema, saw honours equally distributed between first time feature makers and previous winners. 2009 will be remembered as a year when female directors came to the forefront, winning awards not only for their work, but for their cast and crew both in front and behind the camera.

A poignant note to the evening came with the awarding of two ‘Redentors’ – the award statuette modeled on the Christ statue, to director Sergio Bernardes, the veteran director whose work was censored during the military regime and who passed away in 2007. His last completed documentary, Tamboro, received the festival’s Special Jury Prize and prize for Best Editing.

The outright winner of the night, taking best picture was twenty-seven year old Sao Paulo director Esmir Filho with his first feature Os Famosos e Os Duendes da Morte (The Famous and The Dead). An acclaimed short film maker, Filho’s debut feature also earned him the FIPRESCI award for best Latin America film in the festival.

Both previous double-award winners at Festival do Rio, directors Marcelo Games and Karim Ainouz took two further awards this year with their jointly scripted and directed Viajo Porque Preciso, Volte Porque Te Amo (I Travel Because I Have to, I Come Back Because I Love You) together sharing the Best Director award (previously won by Ainouz in 2006), as well as their film receiving the trophy for Best Photography.

There were two awards apiece also for director Sérgio Bianchi’s Os Inquilinos (The Tenants Don’t Like It, Leave) - taking Best Screenplay for writer Beatrice Bracher and the Best Supporting Actress award for co-star Cássia Kiss.

A point of interest was how well female directors did by their stars: Eliane Caffé’s O Sol Do Meio Dia (The Midday Sun), won its two stars Chico Diaz and Luiz Carlos Vasconcelos a shared Best Actor award; director Sandra Weneck’s Sonhos Roubados (Stolen Dreams) provided Nanda Costa with the Best Actress award. Following the pattern, Suzanna Amaral’s Hotel Atlantico produced a best supporting actor award for Gero Camilo.

Also in the acting category, actor Fulvio Stefanini was singled out for an Honorary Mention for his role in Cabeça a Prêmio, directed by Marco Ricca.

Sandra Werneck, one of Brazil’s most commercially succesful directors, also captured the attention of the public jury who voted her film, Stolen Dreams their choice of best feature in the festival.

In the feature length documentary section both the jury and the public agreed: both honoured Tatiana Issa and Raphael Alvarez’ Dzi Croquettes, a retrospective portrait on the legendary 70’s Brazilian theater group that, through talent, irony and humor, confronted the Brazilian violent dictatorship, revolutionizing the gay movement worldwide and changing theater and dance language for an entire generation.

The Premiere Brazil jury however spilt the documentary award with Ana Maria Magalhães Reidy, a construção da utopia (Reidy, Building Utopia), a look into the trajectory of Brazilian architect and urban planner Affonso Eduardo Reidy, a pioneer of the modern architectural movement.

The jury’s best short award was given to Petra Costa’s Olhos de Ressaca (Undertow Eyes), with an honorary mention to Clovis Mello’s Sildenafil.

Mello’s Sildenafil was compensated however by the public, who gave it their best short award.

This years Premiere Brazil official jury was composed of Argentine director Fernando Solanas; producer Roman Paul; the director of fiction at ARTE, François Sauvagnargues; Brazilian director, Helena Solberg, whose documentary Palavra (en) Cantada (The Enchanted Word) earned her the best director (documentary) prize in Première Brasil at last year's festival; and the popular Brazilian actress Júlia Lemmertz. Winners receive the Troféu Redentor, a trophy inspired by the city’s statue of Christ.


Premiere Brazil – Full List of Official Jury Prizes

- Best Feature, Fiction - Os Famosos e os Duendes da Morte (The Famous and The Dead) directed by Esmir Filho

- Best Feature Length Documentary – shared: Dzi Croquettes, directed by Tatiana Issa and Raphael Alvarez / Reidy, a construção da utopia (Reidy, Building Utopia) directed by Ana Maria Magalhães

- Best Director - Karim Aïnouz and Marcelo Gomes, for Viajo Porque Preciso, Volto Porque Te Amo (I Travel Because I Have To, I Come Back Because I Love You)

- Best Actor – shared: Chico Diaz and Luiz Carlos Vasconcelos, for O Sol do Meio Dia

(The Midday Sun) directed by Eliane Caffé.

- Honorary Mention – Fulvio Stefanini, for Cabeça a Prêmio, directed by Marco Ricca.

- Best Actress - Nanda Costa for Sonhos Roubados (Stolen Dreams) directed by Sandra Werneck.

- Best Supporting Actress - Cássia Kiss, for Os Inquilinos (The Tenants Don’t Like It, Leave).

directed by Sérgio Bianchi

- Best Supporting Actor - Gero Camilo, for Hotel Atlântico (Hotel Atlantico), directed by

Suzana Amaral

- Best Screenplay - Beatriz Bracher, for Os Inquilinos (The Tenants Don’t Like It, Leave),

Directed by Sérgio Bianchi.

- Best Editing – Renato Martins, for Tamboro, directed by Sérgio Bernardes

- Best Photography - Heloísa Passos, for Viajo Porque Preciso (I Travel Because I Have To), directed by Karim Aïnouz and Marcelo Gomes, and for O Amor Segundo b. Schianberg directed by Beto Brant.

- Special Jury Prize - Tamboro, directed by Sérgio Bernardes

- Best Short - Olhos de Ressaca (Undertow Eyes), directed by Petra Costa

- Honorary Mention (Short) - Sildenafil, directed by Clovis Mello

Popular Vote Awards:

- Best Feature, Fiction - Sonhos Roubados (Stolen Dreams), directed by Sandra Werneck

- Best Feature Length Documentary - Dzi Croquettes, directed by Tatiana Issa and Raphael Alvarez

- Best Short - Sildenafil, directed by Clovis Mello

FIPRESCI Award

Os Famosos e os Duendes da Morte (The Famous and the Dead), directed by Esmir Filho

Diario de Río de Janeiro - Parte 1



Cinco días en un festival de cine son difíciles de resumir, pero trataré de hacerlo lo más breve posible ya que esta edición del Festival de Río fue muy poco cinematográfica para mí. Alcancé a ver tres películas en salas y un par más en video, lo cual es un promedio patético para mis hábitos. Y si bien reconozco que, tras atragantarme con más de 40 películas en Toronto, no viajé a Río con esa misma intención, los resultados "cinematográficos" fueron muy pocos.

La ciudad, en cambio, estuvo maravillosa, para no obviar el lugar común. Pero para llegar a entender lo curioso que fue todo hace falta contar una larga serie de circunstancias que llevaron a que, luego de dos días de intentar sin suerte ver alguna película, haya terminado por optar por el turismo... y alguna peli aquí y allá.

Llegué a Río unas pocas horas después del anuncio de que la ciudad había sido seleccionada como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. La conductora de la combi que me llevaba al hotel en Copacabana me hablaba de la celebración que había tenido lugar unas horas atrás (el anuncio fue a eso de las 2pm, yo habré llegado a las 6pm) y que temía un caos de tránsito. Pero no fue así. Se ve que un rato después de los festejos en la playa, cada uno siguió haciendo lo suyo, y al caer la noche sobre la playa se veía todo bastante tranquilo.

Y tampoco la gente parecía obsesionada por el tema: son esos momentos en los que uno siente que el fervor mediático supera el real. En la tele, no se hablaba de otra cosa. Pero al menos la gente con la que hablé, no parecía demasiado pendiente del asunto. Asi es la gente de cine...

Esas primeras horas sirvieron sólo para acomodarme e ir a una cena del festival. Si algo suele caracterizar a Río es ser un festival muy hospitalario con los huéspedes. Te tratan bien, te invitan a cenas, almuerzos, eventos, te ayudan a organizar un tour (o directamente te lo organizan), te ponen micros a disposición y siempre son atentos y amables. En una ciudad como Río, plagada de atracciones turísticas, es más que apreciable la ayuda y la buena onda.

Ahora bien: que los invitados vean películas no parece ser una preocupación muy grande del festival. Acaso suponen que todos los que van a Río quieren ir solamente a la playa o visitar el Corcovado, pero lo cierto es que ver una película es más complicado que ir a bailar samba a una favela. Y que, después de cierto esfuerzo, uno termina rindiéndose a la lógica del festival: pasear, comer, beber, pasarlo bien y si se puede ver alguna película, mejor. Sino, como diría el tipo de la publicidad de la AFIP, "tudo bem, tudo legal".

La decisión de abandonarme a esa lógica empezó a la media tarde del sábado, y para el final de ese día, ya había decidido que no había mejor opción. Intentar ir al cine era casi como ir contra la corriente. Una quimera. Les resumo lo que yo considero el episodio más "Larry David" (o "Seinfeld") de mis últimos años. En el momento fue bastante fastidioso, pero ahora me causa gracia. De hecho, ya para el final del día, me reía de la cadena de eventos desafortunados.

Al mediodía del sábado el festival organiza una feijoada increíble en un hotel céntrico. Ya había decidido irme antes para ver, a las 17, "Humpday". Así que salí casi una hora antes camino al subte, que resultó ser un poco más lejos que lo planeado. Al llegar, más de 20 personas hacían fila para entrar y había una sola persona atendiendo a todos. Ergo: taxi. El taxi, claro, dio tremenda vuelta, y con el tráfico llegué al cine de Botafogo diez minutos antes de la película. Al llegar ahí me dicen que los acreditados sólo pueden sacar entradas para el día siguiente, que tienen que tener encima documentos de identidad (porque habían robado credenciales, que son sin foto) y que, ya que estamos, esa película estaba agotada igual.

Tras recuperar el aire y contener la irritación (pensaba a las 21 ver "Jaffa" y tampoco iba a poder), me senté a programar los próximos días, para lo que fue necesario convencer a los chicos de darme entradas --aún sin mi pasaporte-- bajo la promesa de traerlo al entrar al cine. Ahora bien: ¿cómo buscar entradas en un festival que no tiene grilla de programación? No tiene. El programa sólo tiene los títulos con una descripción, en orden alfabético en portugués y sin índice, y cada película tiene las fechas en las que se proyecta. Pero ninguna grilla horaria o esas que vienen con bloques horarios. Nada. Parece que había una --que salió con un diario-- y se agotó. Oficialmente no había.

Por suerte, uno tiende a ser previsor y había impreso las grillas que sí estaban en el website del festival (aunque en ningún lado decía la fecha de cada día, por lo que había que cuidarse de no mezclar papeles). Así que me senté y me puse a elegir películas. Unas cuatro, a las que iba a sumar las premieres brasileñas en el Odeon, teatro para el que se piden entradas en el hotel. Tenía que tener en cuenta no sacar entradas para el domingo, ya que los organizadores de prensa habían armado una visita a una favela en la que se exhiben películas del festival, por lo que armé un programita sencillo que incluía ver el lunes THE WHITE RIBBON, de Michael Haneke; (500) DAYS OF SUMMER y alguna más que ahora no recuerdo. Sólo tenía hasta el martes.

Pero al pedir las entradas me encuentro con que uno de los cines para el que tenía pedidas dos era el Roxy, de Copacabana, y para ese no hay entradas para los acreditados. ¡¡Y justo es el cine que está más cerca del hotel!! Es decir: dos películas anuladas. ¿Por qué no comprarlas, preguntarán? Si ustedes piensan que voy a pagar 14 reales (30 pesos) para ver (500) DAYS OF SUMMER, que seguramente estará en cartel en un par de meses, están muy equivocados. Lo habría hecho, pero si mis horarios hubieran coincidido, digamos, con la de Alain Resnais o alguna así... Ergo: la única entrada retirada fue para la película de Haneke.

¿Entonces? ¿Por qué no pagar por "Jaffa", que puede no estrenarse ni pasar por festivales argentos? Allí fui y ¿qué sucedió? ¡Agotada también! Ya el fastidio empezaba a convertirse en sitcom... pero falta mucho todavía. Allí decidí ir a ver la premiere brasileña al Odeon, pero no me daba para volverme hasta el hotel a pedir entradas y decidí tomar el metro y averiguar directamente en el cine. No eran todavía las 7 pm.

Al llegar a la zona del Odeón --muy bonita, por cierto--, un chico del staff me dice que podré entrar con la credencial luego de que pasen todos los que tienen entradas, pero que no habrá problemas. Con esa tranquilidad, me senté a tomar algo en uno de los tradicionales bares cercanos al cine. Una hora antes de la función de la película (una coproducción brasileña y argentina en la que actúa Luz Cipriota y que se llama "Las historias de amor duran 90 minutos") me di cuenta que había una cantidad de gente impresionante. Pero decidí esperar. Y dejar entrar más y más gente. En un punto empecé a sospechar que la cosa podía complicarse, me topé con Liliana Mazure, la presidenta del INCAA, que estaba allí, y le pregunté si me podía gestionar una entrada. Ella hizo el esfuerzo, habló con la productora y se topó con un rotundo NO. Si ni la presidenta del INCAA puede conseguirme una entrada, pensé, estoy fregado...

Dicho y hecho: tras esperar más de una hora y al entrar el último espectador, me cerraron la puerta en la cara. Ante mi queja me mostraron, con cordialidad, que había gente sentada en los pasillos y que era imposible. Tratar de dar más explicaciones en portugués me superaba y me fui, habiendo perdido tres proyecciones (más otras dos que no pude sacar) y unas cinco horas de tiempo.

Fue allí que decidí bajar la guardia, relajarme y disfrutar de la ciudad y de la cordialidad del festival para todo lo que no tenga que ver con ver películas. El cine lo podré ver en otro lado.

En la Parte 2: qué pasó con la visita a la favela, las sorpresas de WHITE RIBBON y unas cervezas en el Bar de Gomes, en Santa Teresa.