26.5.08

Diez momentos del Festival de Cannes


10.- El filipino Brillante Mendoza pidiéndolo a los sonidistas de la Sala Lumiere que mantengan la mezcla de volúmen tan cual él la había armado. Los hombres no podían creer que los ruidos de la calle se oyeran más fuerte que los diálogos. Una película ensordecedora pero vital.

9.- Mathieu Amalric cayéndose de cabeza contra el piso en una de las primeras escenas de la delirante y muy frances "Un cuento de Navidad", de Arnaud Desplechin. Aquí, la amaron. Los extranjeros estábamos muy divididos.

8.- El doblete "Liverpool". Por un lado, el inextinguible Terence Davies con su documental sobre esa ciudad, llamado "Of Time and the City". La biografía personal y la historia de una ciudad en un relato irónico, ácido y nostálgico. Por otro lado, claro, nuestra "Liverpool", de Lisandro Alonso, siempre alabado aquí. Claro que nunca fatla un Hollywood Reporter que se manifiesta consternado no sólo por el filme sino por la existencia de películas y cineastas así.

7.- Maradoooo! La figura argentina más reconocida de todos, sin dudas (aunque para el fin del festival a Martina Gusman le pedían autógrafos y le sacaban fotos), Diego causó sensación y estuvo mucho más lúcido que el incomprensible y probablemente gagá Kusturica en la conferencia de prensa. Lo mismo pasa en la peli: Diego siempre tiene algo para decir, Emir nada que agregar. Y verlo a Chomski de traductor, todo lujo!!!

6.- El affaire Martel. Pocos entendieron la película, a casi nadie le gustó, ellos pusieron su mejor cara pero se fueron algo dolidos. Sólo se me ocurre pensar que el cine de Lucrecia está muy adelantado a la época. Algún día se volverá a esta trilogía ("La Ciénaga", "La niña santa" y "La mujer sin cabeza") y se la guardará como uno de los tesoros de la historia del cine.



5.- Las cinco horitas pasadas con el Che fueron más entretenidas de lo que todos temíamos, y Benicio del Toro se banca el asunto más allá de sus pifies con el acento. Y, la frutilla del postre, al salir de la sala, en las teles del Palais terminaba la final de la Champions League. Claro, nos quedamos a ver los penales y la alegría fue doble. Buen cierre para una jornada que había sido agotadora.

4.- Los Trapero. Felices, contentos, de acá para allá, yendo a la ceremonia de cierre aún sin haber ganado premios, Pablo, Martina, Agustina y compañía disfrutaban de haber estado en la competencia y del buen recibimiento. Haber perdido el premio a la mejor actriz con una actriz brasileña que tiene un papel secundario fue una verdadera injusticia. Pero ellos festejaban igual. Vean la película, está bastante buena.

3.- Hubo fiestas para todos los gustos. Es increíble como los colombianos se las arreglan para hacer la fiesta más divertida del festival cuando apenas tienen un corto en todo el programa. Nosotros, con casi una decena de películas, apenas ofrecimos un coctelito a la tarde. Es cierto que las fiestas son caras y que no está la situación para andar gastando dinero, pero todos saben que en el cine argentino se va dinero por muchas cosas más inútiles que esa. De las demás, me quedan bonitos recuerdos como verlo a Wolf bailando y qujándose al mismo tiempo (un grande!), a los mexicanos bebiendo todo el tiempo, a los catalanes "albertsérricos" entre ellos todo el tiempo, a los "Lectora Provisoria" (Peranson, Ferreira, Manu, ¨Hüber, Arroba) debatiendo todo el tiempo. Y, claro, al gran Robert Koehler enviando diez emails por día para averiguar cada detalle. Un abrazo, Bob, te queremos!

2.- La peli de Cantet. De las pocas que me hizo aplaudir, llorar, celebrar, sufrir, admirar. La prueba que se pueden hacer películas para la platea y para "los críticos" sin traicionar las ideas estéticas y morales de un cineasta.

1.- El fenómeno anti Garrel. Pobre. El hombre no había competido nunca en Cannes y llega con una película en la que todos se ríen en las escenas trágicas, lo abuchean al final y hasta se animan a hacerlo en la función con presencia del director. Admito que la idea de una mujer muerta que aparece, como fantasma, cada vez que el protagonista se mira al espejo, es fuerte y divide aguas. Pero Garrel lo hace con un estilo que homenajea el cine mudo y el surrealismo, y el que no se haya dado cuenta debería empezar a estudiar (o ver, o leer) cine otra vez.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

faltaron las fotos de Wolf y la tuya de smoking...pagamos por ellas

Peacock dijo...

No hay, no usamos, no existen... Me temo.