28.7.08

Programación MALBA Agosto

1. Ciclo

Retrospectiva Hugo Fregonese

Durante todo el mes.

2. Film del mes XXXVI

La Nación Mapuce

(Argentina, Italia, Suiza, 2008), de Fausta Quattrini

Jueves y viernes a las 19:00.

3. Estreno nacional

Grande para la ciudad

(Argentina, 2007), de Andrés P. Estrada y Juan Schnitman

Sábados a las 17:00 y domingos a las 18:40.

4. Estreno internacional

The Brown Bunny

(EUA, 2003), de Vincent Gallo

Viernes a las 22:00 y sábados a las 00:00.

5. Estreno nacional

Retiro

(Argentina, 2008), de María Meira

Viernes a las 18:00.

6. Jornada de cine experimental

The International Experimental Cinema Exposition

Sábado 30 a las 14:00, 16:00 y 18:00.

7. Continúa | Estreno nacional

4 de julio: la masacre de San Patricio

(Argentina, 2007), de Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta

Domingos a las 17:00.

8. Continúa | Film del mes XXXV

Extranjera

(Argentina, 2007), de Inés de Oliveira Cézar

Sábados a las 20:00.

9. Continúa | Film del mes XXXIV

La rabia

(Argentina, 2008), de Albertina Carri

Sábados a las 22:00.

10. Continúa | (Trash) noches

Variedades del más allá

Viernes 15 y 29 a las 00:00.

11. Trasnoches

The Rocky Horror Picture Show

(Inglaterra, 1975), de Jim Sharman

Viernes 8 y 22 a las 00:00.

Ozu desconocido



Teatro San Martín
Ozu desconocido

Once clásicos inéditos en Argentina, en la Sala Leopoldo Lugones

El Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina, con el auspicio y la colaboración del Centro Cultural e Informativo de la Embajada del Japón, han organizado un ciclo denominado Ozu desconocido, que se llevará a cabo del viernes 1º al domingo 10 de agosto en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530). La muestra estará integrada por once films inéditos en Argentina, enviados especialmente desde Tokio por The Japan Foundation.

Yasujiro Ozu es indudablemente uno de los más grandes realizadores de la historia del cine, dueño de un estilo al mismo tiempo clásico y moderno, referente ineludible a lo largo de una carrera que atraviesa cuatro décadas y más de cincuenta largometrajes. Sin embargo, más allá de un puñado de títulos que han recibido cierta exposición, su obra continúa siendo un territorio desconocido incluso para los cinéfilos más empedernidos. Este ciclo intenta echar luz sobre su enorme figura e incluye cuatro títulos realizados en el período mudo -clara demostración de su temprana maestría cinematográfica-, dos largometrajes muy poco vistos producidos durante la posguerra inmediata, su penúltimo film y el único documental de su filmografía.

“La carrera de Ozu se define por ser un proceso de perfeccionamiento: afinó constantemente sus técnicas, sus contenidos y todo tipo de comentarios. (…) Una manera de definir el estilo de Ozu es la de señalar lo que en dicho estilo no existe. Ozu es un cineasta que no hace ciertas cosas. Este enrarecimiento de la técnica fue continuo a lo largo de toda la obra del cineasta, desde su primera hasta su última película. A medida que fue envejeciendo hubo más y más cosas que Ozu dejó de hacer” (Paul Schrader, El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer).

“Ozu fue el único cineasta que logró tornar sensibles el tiempo y el pensamiento, volverlos visibles y sonoros” (Gilles Deleuze, La imagen-tiempo).

“La obra de Ozu es de aquéllas cuyo descubrimiento, aunque tardío, nos obliga de alguna manera a repensar todo el cine” (Alain Bergala, Cahiers du Cinéma número 311, 1980).

La agenda completa del ciclo es la siguiente:

Viernes 1º: Días de juventud (Wakaki hi; Japón, 1929)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Ichiro Yuki, Tatsuo Saito, Junko Matsui.
En el octavo largometraje en la carrera de Ozu -y el film más temprano del cual se conservan copias- ya puede apreciarse el estilo meticuloso del realizador. Días de juventud es una comedia en la cual los estudiantes Watanabe y Yamamoto, mejores amigos en la universidad, se enamoran de la misma mujer, amenazando con romper esa relación de amistad. Durante las vacaciones, ambos siguen a la joven a un centro de ski, donde tratan de impresionarla y cortejarla de la mejor manera posible. La estructura simétrica y el tono amable de la narración rinden tributo a dos de los realizadores favoritos de Ozu: Ernst Lubitsch y Harold Lloyd.
“De ninguna manera Días de juventud puede ser considerado un trabajo de aprendizaje. A esa altura de su carrera, Ozu ya dominaba todas las convenciones narrativas del cine occidental” (David Bordwell, Ozu and the Poetics of Cinema).
A las 17, 19.30 y 22 horas (103’; 16mm.).

Sábado 2: He reprobado, pero… (Rakudai wa shita keredo, Japón, 1930)
Dirección: Yasujiro Ozu
Con Tatsuo Saito, Kaoru Futaba, Kinuyo Tanaka.
Takahashi y sus amigos, un grupo de estudiantes universitarios, deciden hacer trampa en los exámenes, pero el plan fracasa cuando la camisa en la cual están anotados los apuntes es enviada a la lavandería por la dueña de la pensión. Todos ellos reprueban y deben enfrentar otro año de estudios, pero los compañeros que sí se han recibido se enfrentan al problema de la falta de trabajo. Similar en tono a Días de juventud -e igualmente influenciada por Lubitsch y Lloyd-, He reprobado, pero… es una comedia melancólica centrada en el paso a la madurez y la responsabilidad.
“Ozu creó su estilo propio tomando influencias de todo tipo y origen. Al apropiarse de ellas, usando y descartando según fuera necesario, Ozu ofrece algo cercano a un paradigma respecto de la manera en que solían trabajar los grandes realizadores japoneses del período clásico”. (Donald Richie, A Hundred Years of Japanese Cinema)
A las 17, 19.30 y 22 horas (64’; 16mm.)

Domingo 3: Coro de Tokio (Tokyo no korasu; Japón, 1931)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Tokihiko Okada, Emiko Yagumo, Hideo Sugawara.
Combinando la comedia de estudiantes, el film de asalariados y el drama doméstico -tres géneros típicos del cine japonés del período mudo-, Coro de Tokio es considerada una película bisagra en la filmografía de Ozu, particularmente por su aproximación realista al terreno de la comedia. Okajima es empleado de una empresa de seguros y, como todos los años, espera la bonificación anual que le permita alguna gratificación para su esposa y sus hijos. Pero las cosas se complicarán cuando pierda su puesto luego de defender los derechos de un compañero de trabajo. El film alterna de manera exquisita las secuencias de comedia con los comentarios sociales y fue definido por el crítico Tadao Sato como una “tragedia alegre”.
Para Ozu “Tokio es no sólo la ciudad de los desempleados, sino también una ciudad de pequeños grupos entrelazados que pueden absorber los golpes individuales de la vida en el nuevo Japón. (…) A partir de este film, Ozu se transforma en un gran cineasta” (David Bordwell, Ozu and the Poetics of Cinema).
A las 17, 19.30 y 22 horas (90’; 16mm.)

Lunes 4: Capricho pasajero (Dekigokoro, Japón, 1933)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Takeshi Sakamoto, Nobuko Fushimi, Den Obinata.
En este film Ozu introduce un personaje que reaparecería en otros tres largometrajes: Kihachi, obrero de los barrios pobres de Tokio y padre “soltero”, interpretado por Takeshi Sakamoto con una perfecta mezcla de malicia e ingenuidad. Con un estilo visual sofisticado y un entendimiento profundo de las frágiles relaciones humanas, Capricho pasajero presenta dos líneas narrativas en las cuales se cruzan los conflictos generacionales entre padre e hijo y un posible triángulo amoroso que nunca llega a serlo.
“El personaje de Kihachi es un buen ejemplo de la amalgama de las diversas influencias que conforman el estilo de Ozu. En algún momento, el realizador declaró que el personaje de Kihachi estaba basado en una persona real que había conocido durante su infancia. Al mismo tiempo, Kihachi es Ozu. Pero también está integrado por influencias cinematográficas, particularmente el personaje interpretado por Wallace Beery en El campeón. Años después, esa tipología tendría un descendiente directo en el protagonista de la saga Tora-san. (Donald Richie, A Hundred Years of Japanese Cinema).
A las 17, 19.30 y 22 horas (100'; 16mm.)

Martes 5: La danza del león (Kagamijishi; Japón, 1936)
Dirección: Yasujiro Ozu.
A mediados de los años 30 el gobierno japonés comenzó a promocionar con fuerza los así llamados “films culturales”, cortometrajes educativos y propagandísticos que celebraban las tradiciones niponas y que se exhibían en escuelas y centros comunales. Producido por la Asociación Cultural Japonesa, La danza del león es un documental acerca del teatro Kabuki centrado en el gran actor Onoye Kikugoro y su famosa interpretación de la obra Kagamijishi. De enorme interés por su temática y su calidad de excepción dentro de la obra de Ozu, este cortometraje es además el primer film sonoro del realizador. (25’; 16mm.)

Memorias de un inquilino (Nagaya shinshiroku; Japón, 1947)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Chouko Iida, Hohi Aoki, Eitaro Ozawa.
Ozu regresa a los barrios pobres de Tokio en este film rodado en el Japón de posguerra, un tributo a la maternidad y el espíritu comunal. Un hombre encuentra a Kohei, un niño abandonado, y lo lleva consigo a su vecindad, pero nadie quiere ocuparse de él siquiera por una noche. Otane, una viuda malhumorada, accede finalmente a hacerse cargo de él durante algunos días, pero la relación entre ambos empeora día a día. Pero luego de que Kohei moja la cama y escapa por temor a las represalias, la mujer iniciará una búsqueda desesperada en las calles de Tokio.
“A partir de esta simple historia sobre los cambios en los sentimientos de los personajes, que transcurre a lo largo de cinco días y sus correspondientes noches, Ozu dispone su característico uso de estructuras y patrones de repetición. (…) Si Ozu hubiera dirigido solamente este breve film de 72 minutos, aún así debería ser considerado uno de los grandes cineastas de la historia” (David Bordwell, Ozu and the Poetics of Cinema). (72’, 16mm.)

A las 17, 19.30 y 22 horas (Duración total: 97’).

Miércoles 6: Una gallina en el viento (Kaze no naka no mendori; Japón, 1948)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Kinuyo Tanaka, Shuji Sano, Chieko Murata.
Uno de los films menos vistos de Yasujiro Ozu, Una gallina en el viento muestra un grave problema de la posguerra japonesa: el crudo panorama que se encontraban los combatientes al volver al hogar y descubrir los tremendos sacrificios que habían tenido que hacer sus familias durante su ausencia. Mientras su marido está en la guerra, Tokiko vive con su hijo en una humilde casa. Para salvar a su hijo, gravemente enfermo, y pagar las cuentas del hospital, Tokiko decide prostituirse durante una noche. Cuando regresa del frente, el marido no puede tolerar ese hecho del pasado, respondiendo con una violencia física absolutamente atípica para el cine de Ozu.
“Ozu solía trabajar con el mismo equipo técnico y artístico y en muchos casos con el mismo reparto de actores. Su co-guionista Noda Kogo, su camarógrafo Atsuta Yuharu, su director de arte Hamada Tasuo y su editor Hamamura Yoshiyasu iniciaron una colaboración con el realizador que comienza en Una gallina en el viento y continúa hasta Una tarde de otoño, su último largometraje” (Donald Richie, A Hundred Years of Japanese Cinema).
A las 17, 19.30 y 22 horas (84'; 16mm.).

Jueves 7: El sabor del té verde con arroz (Ochazuke no aji; Japón, 1952)
Dirección: Yasujiro Ozu
Con Shin Saburi, Michiyo Kogure, Koji Tsuruta.
Una pareja de clase acomodada experimenta una crisis en su matrimonio. Taeko, una mujer caprichosa y muy sofisticada, soporta cada vez menos a su marido, un hombre con unos gustos y unas costumbres muy simples; aburrida de él, lo trata con desprecio. El guión de El sabor del té verde con arroz fue escrito en el año 1940, luego de que Ozu regresara de la guerra, y es considerado uno de los films más relevantes de su carrera, aunque el mismo director lo consideraba “poco satisfactorio”. El título del film proviene de un viejo proverbio que celebra los gustos simples en la vida.
“Un patrón frecuente en la obra de Ozu es el de cortar hacia un espacio varios segundos antes de que alguien esté allí presente, o demorarse en un espacio vacío por intervalos a veces considerables una vez que los personajes han salido. El film El sabor del té... está estructurado parcialmente a partir de travellings de la cámara que ocurren en esos momentos desprovistos de acción” (Kristin Thompson y David Bordwell en Space and narrative in the films of Ozu, revista Screen, vol.17, 1976).
A las 17, 19.30 y 22 horas (115'; 16mm.).

Viernes 8: El comienzo de la primavera (Soshun; Japón, 1956)
Dirección: Yasujiro Ozu
Con Chikage Awashima, Takako Fujino, Ryo Ikebe.
En su primer largometraje luego del éxito de crítica y comercial de Historia de Tokio, Yasujiro Ozu examina la vida cotidiana en el Japón del milagro económico a través de los ojos de un joven asalariado que, insatisfecho con su carrera y su matrimonio, entabla una relación amorosa con una colega. A partir de este film, Ozu dirigió al menos un film por año hasta su muerte en 1962, dando inicio a un ciclo de narraciones que desarrollan tópicos de su carrera como los conflictos generacionales y las crisis familiares, aunque con un creciente respeto y empatía por los personajes más jóvenes.
“He intentado reflejar el sufrimiento cotidiano en la vida de un típico empleado mientras la sociedad que lo rodea atraviesa fuertes transformaciones” (Yasujiro Ozu).
A las 14.30, 18 y 21 horas (145’; 16mm.).

Sábado 9: Crepúsculo en Tokio (Tokyo boshoku; Japón, 1957)
Dirección: Yasujiro Ozu.
Con Ineko Arima, Kamatari Fujiwara, Setsuko Hara.
Algunos temas centrales en la obra de Ozu son revisitados en este melodrama que narra la progresiva desintegración de una familia. Takako, la hija mayor de la familia, escapa de su marido alcohólico y regresa al hogar paterno junto a su hijo. Mientras tanto Akiko, su hermana menor, descubre que está embarazada luego de que su novio la abandona. Un secreto familiar guardado durante años tendrá resultados devastadores.
“Crepúsculo en Tokio representa un caso de lucha interna entre sus componentes, donde los elementos y procedimientos melodramáticos chocan con el gusto de Ozu por la sugestión y las estructuras abstractas” (David Bordwell, Ozu and the Poetics of Cinema).
A las 14.30, 18 y 21 horas (140’; 16mm.). FOTO

Domingo 10: El otoño de la familia Kohayagawa (Kohayagawa-ke no aki; Japón, 1961)
Dirección: Yasujiro Ozu
Con Ganjiro Nakamura, Setsuko Hara, Yoko Tsukasa.
También conocida con el título El fin del verano, El otoño de la familia Kohayagawa es el penúltimo largometraje en la carrera de Yasujiro Ozu, su film número 53 y el quinto en ser rodado en colores. El relato encuentra a los miembros de la familia Kohayagawa explorando la posibilidad de ayudar a encontrar un posible marido para su hija política, enviudada recientemente. Mientras tanto, el patriarca Manbei comienza a comportarse de manera extraña, tomando incluso una amante para desconcierto de todos. Cuando el anciano enferma, la unidad de la familia es puesta en duda.
“El film comienza de la manera más ligera. Uno espera una comedia, realizada de una manera consumada, el tipo de película que Ozu hacía a comienzos de los años ’30. La superficie es mundana y no hay atisbos de las profundidades en las que luego se sumergirá el film. Con humor, poco a poco el director se interna más y más en el tema de la muerte. Y la muerte triunfa, es mostrada de la manera más directa e inflexible: la cama del funeral, el crematorio, la chimenea humeante. Al final, la familia vuelve a casa y sólo quedan cuervos. Es quizás el único film de Ozu en el cual no hay un sobreviviente espiritual. Uno de los films más bellos de Ozu, y también uno de los más perturbadores” (Donald Richie, Ozu).
A las 17, 19.30 y 22 horas (103'; 16mm.).


Informamos que las localidades para la Sala Leopoldo Lugones podrán adquirirse personalmente con seis días de anticipación (incluyendo el día de la función) en las boleterías del Teatro San Martín.

Precio de las localidades en la Sala Leopoldo Lugones $ 7.- Estudiantes y jubilados $ 4.- (Los interesados deberán tramitar su credencial de descuento en el 4° piso del Teatro San Martín, de lunes a viernes de 10 a 16 horas.)

Venta de entradas y programación del Complejo Teatral de Buenos Aires: www.teatrosanmartin.com.ar.

Flight of the Conchords - "The Most Beautiful Girl (In the Room)" & "Robots"



"You're so beautiful/You could be a waitress"



"Once again without emotion/The humans are dead, dead, dead, dead, dead"

Para los que no entiendan bien qué es esto va aquí una aclaración: no se trata de videoclips sino de escenas de la serie/sitcom "Flight of the Conchords", centrada en dos amigos de Nueva Zelandia que se mudan a Nueva York con la intención de triunfar como músicos. Su banda, claro, se llama "Flight of the Conchords" (FOTC, de aquí en más).

Como una extraña mezcla entre los Butabi Brothers de "A Night at the Roxbury", el humor seco del inglés Ricky Gervais (especialmente, los tiernos pero desafortunados personajes de "Extras") y los simpáticos músicos perdedores de las películas de Christopher Guest (la dupla que componen Bret y Jermaine puede ubicarse a mitad de camino entre los personajes de "This is Spinal Tap" y los combos folk de "A Mighty Wind"), FOTC es también un musical hecho y derecho en el que nuestros antihéroes se ponen a cantar y bailar en medio de cualquier situación.

Y no sólo lo hacen con gracia y con canciones excelentes y muy divertidas (los dos clips que hay aquí pertenecen al primer capítulo, "Sally") sino que hasta logran imitar a la perfección los estilos que homenajean/satirizan, en especial cierto electro/tecnopop de los años '80 y el soul sensual "a la Barry White" (sus intentos con el hip hop son algo más precarios).

Es una serie de HBO del 2007. No tengo el canal en mi Cable Básico, pero creo que no lo están dando aún. Es de esperar que lo hagan. De cualquier manera, la primera temporada está editada en los Estados Unidos en DVD (sí, zona 1, pero con subtítulos al español y hasta doblada al español, incluyendo las canciones, lo cual es un horror del que cuesta recuperarse). Son doce episodios. Los hay mejores y peores. Pero todos con momentos de humor inolvidables.

Aquí les dejo dos ejemplos que se consiguen fácilmente en YouTube (también sus presentaciones en vivo, en las que modifican radicalmente los temas e improvisan mucho más). Claro que con subtítulos sería más fácil para todos. Pero es lo que hay.

27.7.08

Trailer Trash



"Terminator: Salvation", de McG (2009)



"Man on Wire", de James Marsh (2008)



"CSNY: Deja vu", de Bernard Shakey (2008)



"Miracle at St. Anna", de Spike Lee (2008)



"Frozen River", de Courtney Hunt (2008)

A la caza de "Titanic"



Según las cifras preliminares de la taquilla en los Estados Unidos, "The Dark Knight" superará, al cerrarse este domingo, los 314 millones de dólares de recaudación, en sólo diez días. Con esa cifra supera, por lejos, a la anterior poseedora del récord que era la tercera parte de "Piratas del Caribe" que, en 2006, tardó 16 días en llegar a los 300 millones.

Según comenta a la agencia AP un ejecutivo de Warner, la distribuidora de la película, la expectativa de la compañía es llegar a los 400 millones de dólares en 18 días. El récord para esa marca lo tiene "Shrek 2"... pero lo hizo en ¡43 días!



La única barrera de taquilla que le quedaría entonces por superar (no hay películas con 500 millones de recaudación) es la ya mítica de "Titanic", que se ubica primera y cómoda con 600 millones de dólares. Es un récord que se ha mantenido por diez años y con holgura (actualmente la segunda película más taquillera en EE.UU. es, si no se cuenta el estreno doble de "Star Wars" --en 1977 y su reestreno en 1997--, la citada "Shrek 2", con 437 millones), con ninguna película acercándose ni siquiera un poco.

"The Dark Knight" ya tiene ese segundo puesto asegurado --sólo por inercia de taquilla-- con lo que el gran desafío será convertirse en la película más taquillera de todos los tiempos. ¿Quién lo hubiera imaginado?

"Una semana solos", a Venecia


"Una semana solos", segundo largometraje de Celina Murga, es uno de los 11 seleccionados por las Jornadas de los Autores, reseña paralela no oficial del 65to. Festival de Venecia que se celebrará del 28 de agosto al 6 de septiembre.

Nueve de los 11 filmes seleccionados son preestrenos mundiales, cuatro son dirigidos por mujeres y cinco son operas primas, según se desprende del anuncio realizado hoy en Roma y publicado por ANSA.

En el apartado también figuran "Broken Lines", de la inglesa Sallie Aprahamian, "Un maestro de campaña", del checo Bohdan Sláma, "Paisaje No.2", del esloveno Vinko Mïderndorfer, y "Machan", del italiano Uberto Pasolini, entre otros.

El ganador recibirá del circuito de arte y ensayo Label Europa Cinemas la promoción y la permanencia de algunas semanas en los 1.710 cines de la cadena distribuidos por Viejo Continente y cinco copias gratuitas del filme, ofrecidas por la Technicolor italiana, para su exhibición en las salas locales.

La reciente película de Murga es una historia sobre niños y adolescentes que quedan al cuidado de sí mismos en un country durante una semana, con la que compitió en el último Buenos Aires Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (Bafici).

VENICE DAYS LINEUP:
"Broken Lines," Sallie Aprahamian (U.K.)
"A Country Teacher," Bohdan Slama (CzechRepublic, France)
"A Week Alone," Celina Murga (Argentina)
"Landscape No. 2," Vinko Moderndorfer (Slovenia, Serbia, Montenegro)
"Machan," Uberto Pasolini (Italy, Germany, Sri Lanka)
"The Visitor," Jukka-Pekka Valkeapaa (Finland, U.K., Germany, Estonia)
"Nowhere Man," Patrice Toye (Belgium, the Netherlands, Luxembourg)
"Scratch," Michal Rosa (Poland)
"Stella," Sylvie Verheyde (France)
"Hooked," Adrian Sitaru (Romania, France)
"Un Altro Pianeta," Stefano Tummolini (Italy)
"Ritratti: Che Saccio," Camille d’Arcimoles (Italy)
"Ritratti: Il Passato E’ Il Mio Bastone," Flavia Mastrella and Antonio Rezza (Italy)

Flight of the Conchords - 2008


Interview
Link
Gracias, prinsusa

26.7.08

The Facebook Problem


Uno de los temas que más salían en las conversaciones que tuve durante la semana que pasé en los Estados Unidos fue "the Facebook problem". Les resumo: la mayor parte de la gente con la que charlé "está" en Facebook y todos tienen diferentes opiniones acerca de qué hacer con él, como manejarse, cuáles son sus beneficios y cuáles sus contras. De hecho, hace poco se editó un libro en tono satírico con "consejos" para saber manejarse en Facebook (un ejemplo: no está bien que tu novia se entere que cortaste con ella solo por poner "single" en el apartado "relationships") y las discusiones son eternas e inconducentes. Todos parecen estar convencidos que es una pérdida de tiempo, pero todos le encuentran alguna que otra utilidad y no se atreven a borrarse de él.

No voy a hacer acá una larga explicación de cómo funciona el Facebook ni entrar en detalles de cuáles son, para mí, sus beneficios y sus problemas. Sólo se que yo entré por la insistencia de una amiga como a fines del año pasado y me parecía que había muy poca gente en la Argentina. Era algo simpático, tranquilo, relajado, un lugar donde intercambiar cosas (gustos, estados, hechos, fotos, situaciones) con algunos amigos y conocidos.

Con el correr del año se fue convirtiendo en una especie de industria, de subproducto de marketing, de "barril sin fondo", de gente que conoce a gente que conoce a gente... (los famosos "Six Degrees of Separation" se pueden probar en Facebook) y uno no sabe bien qué hacer allí dentro ni cómo manejarse.

Uno de mis amigos norteamericanos lo defendía como un lugar de encuentro, de intercambio de información entre viejos conocidos, amigos, personas que no están en contacto permanente con uno ni necesitan estarlo pero con los que, al menos, se puede estar actualizado respecto a sus vidas y comunicarse llegado el caso. Para él era muy claro que nada ligado a lo laboral entraba en su Facebook y no tenía empacho en rechazar a todos aquellos que lo agregaban como "amigo" sin antes preguntarles --muy correctamente-- quienes eran, de dónde se conocían y, si el asunto era profesional, gentilmente pasarle el email de su trabajo.

Su caso y el mío son parecidos. No somos del todo "personas públicas", pero nos conoce mucha gente a la que no conocemos. Digo, "nos conoce" en el sentido de que saben nuestros nombres y donde trabajamos, pero no mucho más. Esas personas son las que él desvía de Facebook (thanks but no, thanks!) y las deriva a su email laboral.

Yo no pude hacer eso. Tal vez por temor a que me consideraran "mala onda" o creído o pedante o lo que fuera, fui sumando primero a amigos, luego a amigos de amigos y así, hasta tornar mi mundo de Facebook en una gran ensalada en la que, verdaderamente, sólo conozco al 20 o 30% de las personas que allí figuran.

Cada día que pasa --y cada día en el que abro mi email y tengo 15 o 20 correos de Facebook-- me planteo seriamente cerrar mi cuenta y desaparecer. O cerrarla y sólo volverla a abrir con la cortés sinceridad de "mi amigo americano". Esto es: un espacio sólo para gente que conozco de verdad. Los demás tienen mi email, es público, sale en el diario y juro que lo leo todos los días.

De cualquier manera, me resulta imposible hacerlo. Paso largos minutos de mi vida enterándome de viajes, situaciones, estados de ánimo, novios, amigos, eventos y salidas de gente que no conozco. Pero sacarlos intempestivamente me parece de muy mal gusto, casi como echar a gente de mi casa, de esos que vienen a una fiesta pero no sabés quienes son.

Tomé, sí, una decisión. El otro día llegué a los 300 "amigos" y dije "basta". Aquí me detengo. Tengo acumulados unos 70 más a los que todavía no acepté porqué, sinceramente, no los conozco más que porque tienen un par de amigos en común, quienes probablemente tampoco los conozcan. Y como no me da para andar haciendo averiguaciones --quien sos, que querés, de donde te conozco-- prefiero de ahora en más poner un punto a esta inflación amistosa.

Mis "300 espartanos" irán cambiando, calculo, por lo que cada vez que se sume a Facebook algún amigo o conocido real tendrá que salir alguno de los que no conozco. Repito: no tengo nada en contra de ninguno de ellos, sólo que prefiero darle cierta privacidad al espacio, y que los que estén allí sean mis amigos, conocidos y colegas. O los que se vayan convirtiendo en el camino.

Espero que nadie se ofenda. Mi email sigue siendo público y a este blog puede entrar cualquier persona, pero no tengo ganas de pasarme horas viendo fotos de vacaciones de tipos que cruzo en la calle y no reconozco, de empresas que quieren comercializar productos o de buscadores profesionales de contactos (los norteamericanos los llaman "Facebook sluts", no me pidan que traduzca, pero suena feo).

No quiero ser como Roberto Carlos, no quiero "tener un millón de amigos", pero creo que 300 es un buen número. Si le alcanzo a Leónidas para vencer a millones de persas, no veo porque no pueden alcanzarme a mí.

Okkervil River - "The Stand Ins" (2008)


How Many Superheroes Does It Take to Tire a Genre?


The New York Times

July 24, 2008

“Batman has no limits,” says Bruce Wayne to his manservant, Alfred, early in “The Dark Knight,” and the accountants at Warner Brothers, which released the movie, are likely to agree. I’m not so sure.

“The Dark Knight,” praised by critics for its somber themes and grand ambitions, has proven to be a mighty box office force in a summer already dominated by superheroes of various kinds. But any comic book fan knows that a hero at the height of his powers is a few panels removed from mortal danger, and that hubris has a way of summoning new enemies out of the shadows. Are the Caped Crusader and his colleagues basking in an endless summer of triumph, or is the sun already starting to set?

The season began with “Iron Man” back in May, which anticipated “The Dark Knight” in striking many reviewers as a pleasant surprise and hordes of moviegoers as a must-see. The July Fourth weekend belonged to “Hancock,” which played with the superhero archetype by making him a grouchy, slovenly drunk rather than a brilliant scientist, a dashing billionaire or some combination of the two. In that case, the reviews were mixed, but the money flowed in anyway. Even the lackluster “Incredible Hulk,” back in June, managed a reasonably robust opening, as did “Hellboy II,” a somewhat more esoteric comic-book movie.

The commercial strength of the superhero genre is hardly news of course. Ever since Tobey Maguire was bitten by a spider back in 2002, this decade has been something of a golden age for large-scale action movies featuring guys in high-tech bodysuits battling garishly costumed, ruthless criminal masterminds. Some of them — the “Fantastic Four” pictures, most notably — are content to be entertaining pop-culture throwaways. But most aspire to be something more, to be taken as seriously as their heroes and villains take themselves.

These movies wear their allegorical hearts on their cartoon sleeves, dressing up their stories with intimations of topicality overt, like the Afghan kidnappers in “Iron Man,” and indirect, like the ruminations on due process and torture in “The Dark Knight.” They are also stuffed with first-rate actors who, rather than slumming for a paycheck as Marlon Brando did in 1978 in “Superman,” at least attempt real, fleshed-out performances.

Heath Ledger and Aaron Eckhart do some of their best work in “The Dark Knight,” as does Robert Downey Jr. in “Iron Man.” Well-regarded directors like Sam Raimi and Bryan Singer have burnished their reputations with the “Spider-Man” and “X-Men” franchises, as has Christopher Nolan, director of “The Dark Knight” and its predecessor, “Batman Begins.” These filmmakers have become bankable auteurs in the Hollywood economy, affixing their artistic signatures to projects that come with budgets in excess of $100 million dollar, built-in mass appeal and an ever-growing measure of cultural prestige.

There have been missteps and disappointments — Ang Lee’s 2003 “Hulk”; Mr. Singer’s “Superman Returns”; the third installment of the “X-Men” series, directed by Brett Ratner — but these have hardly dented the power of the genre. And its hold over the attention of studio executives and audiences is unlikely to end anytime soon. Already the studios are locking in release dates for the next rounds. Mark your calendars: The first X-Men spinoff, “X-Men Origins: Wolverine,” will come along next May, and “Iron Man 2” is scheduled to hit the local multiplex on April 30, 2010, two months ahead of “The Green Hornet,” with Seth Rogen stepping into the Van Williams role from the television series.

Still, I have a hunch, and perhaps a hope, that “Iron Man,” “Hancock” and “Dark Knight” together represent a peak, by which I mean not only a previously unattained level of quality and interest, but also the beginning of a decline. In their very different ways, these films discover the limits built into the superhero genre as it currently exists.

I don’t want to start any fights with devout fans or besotted critics. I’m willing to grant that “The Dark Knight” is as good as a movie of its kind can be. But that may be damning with faint praise. There is no doubt that Batman, a staple of American popular culture for nearly 70 years, provided Mr. Nolan (and his brother and screenwriting partner Jonathan), with a platform for his artistic ambitions. You can’t set out to make a psychological thriller, or even an urban crime melodrama, and expect to command anything like the $185 million budget Mr. Nolan had at his disposal in “The Dark Knight.” And that money, in addition to paying for some dazzling set pieces and action sequences, allowed Mr. Nolan and his team to create a seamless and evocative visual atmosphere, a Gotham nightscape often experienced from the air.

But to paraphrase something the Joker says to Batman, “The Dark Knight” has rules, and they are the conventions that no movie of this kind can escape. The climax must be a fight with the villain, during which the symbiosis of good guy and bad guy, implicit throughout, must be articulated. The end must point forward to a sequel, and an aura of moral consequence must be sustained even as the killings, explosions and chases multiply. The allegorical stakes in a superhero are raised — it’s not just good guys fighting bad guys, but Righteousness against Evil, Order against Chaos — precisely to authorize a more intense level of violence. Of course every movie genre is governed by conventions, and every decent genre movie explores the zones of freedom within those iron parameters. Thus “Iron Man” loosens the reins of its plot to give Mr. Downey room to explore the kinks and idiosyncrasies of Tony Stark, the playboy billionaire engineering genius who finally grows up and builds himself a metal suit. And “Hancock” takes the conceit of a dissipated, semi-competent hero — more menace than protector — and turns it into the occasion for some sharp satirical riffing on race, celebrity and the supposedly universal likability of its star, Will Smith.

But in both cases, as soon as the main character is suited up and ready to do battle, the originality drains out of the picture, and the commercial imperatives — the big fight, the overscaled action extravaganza — take over. “The Dark Knight” has some advantages from being the second movie in a series, with less need for exposition and basic character development, and its final act is less of a letdown.

Instead the disappointment comes from the way the picture spells out lofty, serious themes and then ... spells them out again. What kind of hero do we need? Where is the line between justice and vengeance? How much autonomy should we sacrifice in the name of security? Is the taking of innocent life ever justified? These are all fascinating, even urgent questions, but stating them, as nearly every character in “The Dark Knight” does, sooner of later, is not the same as exploring them.

And yet stating such themes is as far as the current wave of superhero movies seems able or willing to go. The westerns of the 1940s and ’50s, obsessed with similar themes, were somehow able, at their best, as in John Ford’s “Searchers” and Howard Hawks’s “Rio Bravo,” to find ambiguities and tensions buried in their own rigid paradigms.

But the cowboys of old did not labor under the same burdens as their masked and caped descendants. Those poor, misunderstood crusaders must turn big profits on a global scale and satisfy an audience hungry for the thrill of novelty and the comforts of the familiar. Is it just me, or is the strain starting to show?

25.7.08

Algunos problemas con "The Dark Knight"


Todo aquel que haya leído este blog alguna que otra vez --y el que haya hecho lo mismo con la crítica que escribí de la nueva película de "Batman"-- tiene en claro cuánto me gusta. Como parece haberse convertido en un fenómeno veloz, desde que regresé a Buenos Aires me he encontrado con gente (y no sólo con críticos de cine, aclaro) que ya vio la película y con los que me he encontrado hablando del tema y debatiéndola.

A casi todos les ha gustado --a algunos muchísimo, a otros no tanto--, pero de lo que no hay duda es que se ha transformado en un fenómeno para un público de cierta edad (digamos, entre 25 y 40) que no suele correr desesperadamente al cine a ver el nuevo tanque de Hollywood de cada semana.

OJO: SE REVELAN DETALLES DEL ARGUMENTO!

Hablando de la película --escena por escena, personaje por personaje, situación por situación-- me doy cuenta que algunas cosas no me cierran del todo. Aclaro: esto no cambiaría mi calificación ni la admiración que tengo con los logros de Christopher Nolan. Sin embargo, poniéndome puntilloso, diría que hay tres o cuatro puntos que no me convencen. A saber:

-No me gusta, nada, uno de los finales, ese en el que parece correr peligro la vida del hijo del policía Gordon (que encarna Gary Oldman). Soy de los que creen que poner a un chico al borde de la muerte como recurso de suspenso es un truco barato y hasta morboso. Me parece innecesario. Se podría haber armado la misma situación sin necesidad de ese recurso.

-No me termino de creer que Maggie Gyllenhaal, en el papel de Rachel Dowes, despierte tanta locura tanto en Harvey Dent como en Bruce Wayne. Creo que es una buena actriz (y que está mucho mejor que Katie Holmes en el papel), pero no creo que el espectador termine de creerse que Dent enloquecerá por perderla ni que Wayne esté tan obsesionado con ella.

-Siento que hay demasiados actores que necesitan su momento de lucimiento. Digo, la película dura dos horas y media --que pasa volando--, pero podría ganar unos minutos de no ser por la necesidad de darle "sus quince minutos de gloria" a Michael Caine, Morgan Freeman y Eric Roberts. No están mal ni ellos ni las escenas, pero desvían por momentos la atención de un eje central que ya de por sí es un poco complicado, con otros cinco personajes fuertes.

-Si bien me parece menos pomposa en su seriedad que la anterior (y con bienvenidos aunque esporádicos momentos de humor), coincido con algunos críticos en que los dilemas morales del filme no sólo están expuestos narrativamente sino que están reiterados --y más de una vez-- en palabras, especialmente en los diálogos entre The Joker y Batman. Hay un momento en que uno tiene ganas de decirle: "Ya está, ya entendimos, no hace falta que lo repitas". Igual, Heath Ledger está tan bien que uno se lo perdona.

-Dicen que cuanto mejor el villano, mejor la película. ¿Pero no creen que acá casi se les fue la mano, al punto de que uno quiere ver, está más interesado y hasta por momentos prefiere que triunfe el Guasón y no Batman, que está como más opacado y hasta nos resulta difícil empatizar con él? No es algo que necesariamente me moleste (Hannibal Lecter era mucho más seductor que la agente que hacía Jodie Foster en "El silencio de los inocentes" y no por eso la película decaía, más bien lo contrario), pero me pregunto si no habrá sido algo que surgió en el montaje con posterioridad a la muerte de Ledger.

Como siempre, estos pequeños puntos no me impiden decir que se trata de una de las mejores películas del año (podría encontrarle veinte reparos a mis películas favoritas de cada año), sólo que me dejan pensando en que aún podría haber sido mejor. El único que me molesta especialmente --y el que, de hecho, me hizo dudar de la calificación de Excelente que le puse-- es el primer item, el del final con el niño en peligro. Es la única escena en la que, siento, Nolan entra en la búsqueda del impacto por el impacto en sí, pasándose de esa "raya/línea" ética y/o moral que plantea la misma película.

McEnroe - "Mundo marino" (2008)


24.7.08

No entiendo (segunda parte)

Los debates que siguieron surgiendo con posterioridad a la tapa de "El amante" respecto a la "idiotización" del espectador argentino (lo de "idiotización" o "bovinación" me recuerda a aquella frase de la crítica estadounidense acerca del "dumbing down of american movies") me resultan interesantes de analizar, pero tengo la sensación de que estamos corriendo el riesgo de generalizar demasiado la discusión y no tener claro cuál es el problema.

Pregunto: ¿el problema es la calidad de las películas que tienen éxito?, ¿el hecho que los espectadores coman, se paren, hablen por celular o vayan al baño en el cine?, ¿qué vean las películas en videos truchos /o bajados por internet?, ¿que las entradas sean carísimas y eso los obligue a elegir sólo un par de películas al año para ver?, ¿qué no se estrene nada fuera de los tanques de taquilla?, ¿qué nadie le de bola al cine argentino?

Me parece que se abre el abanico demasiado y que hablando de tantas cosas a la vez no vamos a ningún lado. Y que también es muy fácil tirarle la culpa a los espectadores, a esos "otros" que están allá, que van al cine, pagan la entrada y disfrutan (o no) con esa elección, digamos, mensual.

Tengo la sensación, también, de que hay un enorme grado de hipocresía de parte de nosotros, los críticos, que muchas veces vemos películas que van al cine en formato DVD, que bajamos películas de internet, que tenemos a mano "a un chabón que te trae todo por cinco mangos", que --en el caso de los programadores de festivales más aún-- ven aún muchas más películas en DVD, que muchas de ellas tienen un "counter" (un numerito arriba o abajo de la pantalla que es bastante molesto), o un letreto del tipo "ONLY FOR PRIVATE VIEWING" tamaño gigante en medio de la pantalla, que usan más a menudo de lo que muchos suponen el "fast forward", que se quedan dormidos (nos quedamos dormimos) mirando pelis y después las rebobinamos para acordarnos dónde estábamos, que ven películas en inglés hablando poco y nada del idioma, que leen subtítulos en inglés sabiendo poco y nada del idioma, que escriben (escribimos) sobre películas sin verlas completas porque, como decía un colega, "no hace falta comerte el bife entero para darte cuenta que la carne es mala". Y así, millones de cosas.

Tal vez, finalmente, lo que más me molesta de la carga contra el espectador sea esa. Es muy fácil desde este lugar de privilegio atacar la "boludización" del espectador. Aclaro que no estoy negando que eso existe en buena medida. Pero me siento incapaz de juzgar las actitudes de los demás si no soy capaz de revisar las mías (o no somos de las nuestras) y la propia "boludización" y hasta "bovinación" que existe entre los críticos, sólo que --supuestamente-- en otro nivel.

No sé. No entiendo. Sigo creyendo que el público acierta y se equivoca de la misma manera que lo hacemos los críticos (ojo, nosotros también comemos en el cine, sólo que café y medialunas, que no es tan grasa como el pochoclo y la Coca-Cola) y que los hábitos se han vuelto bastante discutibles en todos los ámbitos. Y sigo pensando, finalmente, que si hay que acusar y/o poner el ojo en alguien no es en el espectador, sino en el que lo alimenta.

PD. El poster es de "Fast Food Nation", película de Richard Linklater que trata sobre temas parecidos a estos que estamos hablando acá pero desde otro punto de vista y que se verá en los cines acá en agosto, más de dos años después de su estreno mundial. Después no se quejen si alguno admite que se consigue trucha...







Repaso neoyorquino (Primera parte)



Por motivos casi siempre laborales, hace quince años que viajo a Nueva York. En los '90, claro, con las facilidades del "uno a uno", viajaba más seguido, y todo me resultaba más accesible. El doble golpe de 2001 (el 11 de septiembre, allí; el corralito y la devaluación, aquí) convirtieron a la visita neoyorquina en un evento bastante más casual y espaciado. También se sumó, de mi parte, una preferencia por viajar a festivales de cine (generalmente en Europa) y no tanto a entrevistas en los Estados Unidos.

No tengo exacta memoria de los viajes, pero habré ido unas siete u ocho veces entre 1993 y 2000, y sólo dos desde entonces. La última, si la memoria no me falla, en 2003. Generalmente, además, parando en hoteles de cierto lujo, de esos a los que jamás iría con dinero de mi propio bolsillo y ubicados en zonas (el Upper East Side, por ejemplo) que no son las que, digamos, mejor me representan.

Esta vez me tocó volver, cinco años después, y alojarme en Brooklyn. Toda una experiencia. Mi única visita previa a Brooklyn había sido durante uno de mis primeros viajes cuando decidí tomarme el metro y bajarme, al azar, en una parada. Sólo al salir a la calle me sentí en medio de la película "The Warriors" y decidí, tras caminar unas pocas y sórdidas cuadras, volverme inmediatamente a mi cómodo refugio de algún hotel en Park Avenue.

Ahora fue distinto. No sólo porque Brooklyn ha cambiado mucho en una década (igualmente, un par de decisiones equivocadas sin mapa en mano te puede dejar en alguna zona densa), sino porque me alojé directamente allí, tomándolo como base de operaciones. Es cierto que el barrio donde paré (Brooklyn Heights) es el más rico de toda la zona y las casas, que están a pocas cuadras del río que da a Manhattan, del Brooklyn Promenade y del Brooklyn Bridge, se valúan por millones de dólares.



Esos barrios de Brooklyn (Cobble Hill, Boerum Hill, Park Slope, el citado Brooklyn Heights, Red Hook y, un poco más al norte, Williamsburg, entre otros) tienen un aire al Palermo porteño. Olvídense de las comparaciones con SoHo, Hollywood o taradeces similares: si nuestro Palermo tiene aire a algo es a las calles Dean, Smith, State, Clinton, Henry y algunas avenidas (Atlantic y las numeradas en la zona de Park Slope) de la zona, territorio que bien supo describir, aunque en otros tiempos, el escritor Jonathan Lethem en "Motherless Brooklyn" o "The Fortress of Solitude", la novela de la que surgió el título (y ese extraño texto que trata de explicarlo) de este blog.

Y si uno prefiere, en Manhattan, centrarse en el downtown (los distintos Village: West, Greenwich, East, o en SoHo, Tribeca y el ahora increíblemente renovado Lower East Side), un corto viaje en el metro (el 4, el 5, entre otros) lo acomoda allí más rápidamente y con menos stress que si uno baja desde la zona del Central Park.

Ahora bien, ¿a qué viene toda esta introducción? En realidad, a pensar porqué la ciudad --pese a todo lo que ha cambiado y pese a su densidad turística y peatonal que por momentos se vuelve insoportable-- me sigue resultando fascinante. Veamos:



Brooklyn: como ya lo dije, todo un descubrimiento. Uno puede pensar en ir a Nueva York y apenas moverse de ahí. Como me dijo el dueño de la casa en la que estaba parando, "los que no teníamos suficiente dinero para comprar una casa en Manhattan, nos trajimos lo que nos gustaba de allá para acá". Esto es: casi todo lo que está "across the river" también está de este lado, con la excepción de los museos y de ciertos íconos turísticos. Bares, restaurantes, disquerías, librerías, galerías, negocios de todo tipo y color. Todo está en Brooklyn.



Conciertos: fui a cuatro shows en seis noches en la ciudad, tres de ellos en Brooklyn. Como ya conté antes, vi a Jeremy Jay en Park Slope, a Brian Wilson (foto) en Brighton Beach (una zona de Brooklyn a la que no caracterizaría precisamente como cool, muy cercana a Coney Island) y a Deerhoof en Prospect Park. Decidí no ir al Siren Festival (pese a que la propuesta incluía cosas como Stephen Malkmus, Broken Social Scene, Times New Viking, Beach House, The Dodos, Annuals y una decena más de bandas indies) porque la idea de estrujarme con cien mil personas en un día de más de 30° de calor me resultaba intragable. Y el domingo sí fui al Central Park a ver a Santogold y Diplo, pero debí escuchar el show desde lejos porque estaba llena la zona cercana al escenario. Pero cada elección implicaba dejar varias cosas de lado y eso es algo único de Nueva York. Para sintetizar una larga lista, digamos que esas mismas seis noches podía haber optado por (y muchos de estos shows eran gratuitos) Dizzee Rascal, Matmos, George Michael, Yazoo, Brendan Canning, David Banner, DJ Shadow, DJ Spooky, Chirs Garneau & Olafur Arnalds, Love As Laughter, The Mae Shi, Mary Weiss, Miles Benjamin Anthony Robinson, Datarock, Ed Harcourt, Ron Sexsmith, Jarvis Cocker y podría agregar diez más, sin entrar siquiera en el terreno del jazz, la música clásica, latina o de otros lares.

Cine independiente: Es cierto que es un mercado que se ha reducido en todas partes y que me tocó estar el fin de semana en el que no se hablaba de otra cosa que de "Batman", pero la ciudad --sin llegar a ser París-- sigue ofreciendo una enorme cantidad de títulos que uno podría ver, si bien con una preferencia por el "indie" americano por sobre el cine internacional que ya se está tornando indigesta. Nueva York tiene entre diez y quince estrenos por semana (sin contar festivales, muestras, ciclos, retrospectivas, etc.) y sólo repasando la cartelera de salas tales como el Angelika, el Sunshine, el IFC Center, el Anthology Film Archive, los Lincoln Plaza Cinemas y otros así, te topás con "Before I Forget", de Jacques Nolot; "Lou Reed's Berlin", de Julian Schnabel; "Mad Detective", de Johnnie To; la tailandesa "Wonderful Town"; la increíble "The Exiles"; "The Last Mistress", de Catherine Breillat; el documental sobre Hunter S. Thompson, otro sobre Roman Polanski, el de Werner Herzog sobre la Antártida, una versión restaurada de "The Human Condition", de Kobayashi; My Winnipeg", de Guy Maddin; "Savage Grace", de Tom Kalin; "The Visitor", "Trumbo", "Tell No One", mi adorada "La France", y podría seguir. Y eso que se trata del "verano", supuestamente la época más floja para este tipo de cine. Agradezco al BAFICI --y a algunos otros festivales-- haberme hecho evitar la tentación de meterme en el cine.



Strand Bookstore: Lo se, cualquiera que haya ido a Nueva York conocía esta librería de nuevos y usados cercana a Union Square. Yo no. En años anteriores, pasaba gran parte de mi tiempo "de compras" en disquerías y videoclubes (ahora apenas compro discos y casi ningún DVD), por lo que no me quedaba tiempo de recorrer librerías y siempre compraba en tiendas grandes tipo Borders o Barnes & Noble. Ahora, buscar libros (y precios, claro) se ha vuelto a convertir en una simpática tarea, pero este lugar acabó con casi todas las búsquedas, las hizo innecesarias. Entre 3 y 15 dólares podés comprar casi todo lo que se te antoje. Nuevas novelas, viejas, clásicos, no tan clásicos, ficción, no ficción, textos de cine, de música, de lo que venga, siempre a precios ridículos. Me fui de allí con una bolsa llena de libros y gasté apenas 50 dólares. El descubrimiento de Strand --como de muchos de los restaurantes buenos y no zarpados con los precios-- se lo debo a Alex & Eric, una pareja que pasó buena parte de su vida en Nueva York y que hoy vive en Buenos Aires. Sí, también la FlipCam con la que grabé lo que ven abajo, es propiedad de Eric The Filmmaker.

(continuará...)



Deerhoof @ Prospect Park

En su show de Prospect Park, el baterista de Deerhoof presentó este tema del álbum nuevo de la banda (llamado "Offend Maggie" y todavía inédito) invitando a los presentes a llevarse las partituras de la canción que se regalaban en un stand. La idea era que cada uno pudiera hacer su versión del tema. Obviamente, habrá que ver qué resultados salen. Seguro que ninguno será como éste, ya que la combinación que hace a la banda de San Francisco tan única (en especial el timbre vocal de la cantante Satomi Matsuzaki y el fracturado sonido de la batería de Greg Saunier) no es fácilmente imitable. Y la idea tampoco es ésa. De hecho, ya circula un video en YouTube (ver acá) en el que varios intentan hacer su versión del tema.

Esta es la de Deerhoof, en la cálida noche del 18 de julio, en el muy bonito barrio de Park Slope, Brooklyn, Nueva York.


Brian Wilson @ Brighton Beach



No tiene ni la mejor imágen ni el mejor sonido. Es, simplemente, un recuerdo (en formato mix/popurri, pura tecnología FlipCam), de la tarde/noche del 17 de julio en la que vi por primera --y seguramente última-- vez en mi vida a uno de los músicos más geniales que dio el pop en los últimos 50 años. Eso.

¿Las canciones? "California Girls", "God Only Knows", "Good Vibrations", "Help Me Rhonda" y "Surfin U.S.A."

No hay críticas

Las vacaciones más oportunas de toda mi vida. No vi nada, no sé nada, no me interesa nada de lo que se estrenó, no escribí sobre nada. Ah, sí, me da ganas la de Chabrol. Cuando la vea les cuento. Bah, si la veo...

23.7.08

Conor Oberst & The Mystic Valley Band (2008)


Más sobre comedia (no sólo norteamericana)


La edición de agosto de GQ tiene en su tapa a Seth Rogen y, adentro, un especial sobre comedia. Ben Stiller pone la cara en otra revista masculina (creo que era la Vogue para hombres o algo así). Jack Black es tapa de Blender, una revista de rock. Y Will Ferrell hizo de las suyas en cuanto talk show televisivo norteamericano hubo por estos días.

Es que después del bombardeo de tanques de acción y de animación que ocuparon las pantallas entre mayo y mediados de julio, llegó la hora de la comedia. Mañana se estrena allí "Step Brothers", la comedia de Andy McKay con Ferrell y John C. Reilly. El 8 de agosto llega "Pineapple Express", con Rogen y James Franco, dirigida por (no se sorprendan)... David Gordon Green. El 13 es el turno de "Tropic Thunder", con el combo Black, Downey & Stiller, dirigidos por éste último. Y el 20 llega "The Rocker", con Rainn ("The Office") Wilson (sí, el 15 se estrena allá "Vicky Cristina Barcelona", pero a esa la cuento como comedia involuntaria).

Esos títulos, como suele pasar, no llegarán a Buenos Aires con la misma celeridad ni el mismo "bombo" que "Batman" y "Kung Fu Panda" (la exitosa "Forgetting Sarah Marshall" se estrena dentro de poco con un título impresentable que ahora no recuerdo). De hecho, dependerá de su fortuna comercial allí si se estrenan acá o si van directo a video, como pasa la mayor parte de las veces.

Sin embargo, es notable el espacio y la atención que los medios allí le brindan a esta generación de comediantes, que brillan tanto en cine como en TV. En el especial de GQ, ellos no hacen más que relativizar sus logros frente a los grandes de generaciones pasadas, como Steve Martin, Bill Murray, Richard Pryor, Lenny Bruce o Don Rickles, entre muchos otros. Pero, a la vez, la lista de nombres es impresionante y nunca parece acabarse, con el agregado --en los últimos años-- de comediantes británicos (Ricky Gervais, Simon Pegg, Russell Brand), la dupla neocelandesa de la serie "Flight of the Conchords" o nuevas generaciones de "alumnos" de "Saturday Night Live".

En el vuelo de regreso tuve la "mala" suerte de toparme con "Run, Fatboy, Run", una de esas películas que prueban que no todo tipo de humor es traducible. Disfrazada de película inglesa, es en realidad una comedia norteamericana que transcurre en Inglaterra. Dirigida por el ex-"Friends" David Schwimmer tiene a Simon Pegg en el papel de un hombre que abandona a su novia embarazada en el altar (Thandie Newton) y que, tiempo después, convertido en un obeso y vago perdedor, termina compitiendo contra el nuevo novio de ella (un empresario que interpreta Hank Azaria) en una maraton en la que está en juego el amor de la chica y el cariño del hijo de ambos.

Leyendo notas sobre la película confirmo que se trataba de una historia que transcurría en los Estados Unidos y que fue adaptada (con la ayuda de Pegg en el guión) a Inglaterra. Pero, al traspasarla, logran un producto amorfo, sin la calidez naive de cierta comedia romántica norteamericana ni la ironía más ácida de la inglesa.

Los fans de Pegg (protagonista y coautor de las brillantes parodias "Shaun of the Dead" y "Hot Fuzz") la considerarán, y con razón, la más floja de sus películas. Y tendrán razón. Curiosamente, "Run Fatboy Run" se estrena aquí en agosto. "Semi Pro" salió en video.

Errores y correcciones

Javier Porta Fouz, editor de "El Amante", me escribió pidiendo disculpas por un error en la publicación de mi puntaje a "Aniceto" de Leonardo Favio en su revista. Yo le había mandado un 7 --creo-- y salió publicado un 5, lo que resultaba bastante curioso tomando en cuenta mi defensa de la película tanto en la crítica de "Clarín" como aquí. Así que espero que el asunto quede aclarado. Y gracias a Javier por la aclaración que, creo, saldrá publicada en el próximo número de "El amante".

BAFICI itinerante

El 25 de julio comienza

BAFICI – La Muestra Itinerante

Se realizará durante toda la segunda mitad del año en distintas ciudades del país

Organizada por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

BAFICI - La Muestra Itinerante se llevará a cabo desde el 25 de julio hasta fin de año en distintas ciudades y localidades del país, en colaboración con instituciones locales.

Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza, Salta, Santa Fe, Paraná, Tres Arroyos, Tandil, La Plata, Río Grande y Ushuaia serán algunas de las ciudades que participarán en este proyecto.

La primera sede será en la ciudad de Mar del Plata la sala Ástor Piazzolla del Teatro Auditórium. Allí se realizará la inauguración el viernes 25 de julio a las 22.30 hs. con la película mexicana Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo de Yulene Olaizola, ganadora del Premio a la Mejor Película de la Competencia Internacional y del Premio del Público en la décima edición del BAFICI. Y hasta el 30 de julio continuarán las proyecciones con una entrada general de $ 6 y $ 4 para estudiantes y jubilados.

En BAFICI – La Muestra Itinerante se proyectarán películas pertenecientes a las distintas secciones de la 10º edición del Festival. Se presentarán, también, algunos de los films premiados y películas argentinas como Historias extraordinarias de Mariano Llinás, Süden de Gastón Solnicki, Construcción de una ciudad de Néstor Frenkel, Llavallol del grupo Tierra en Trance, Una semana solos de Celina Murga, Los paranoicos de Gabriel Medina, La rabia de Albertina Carri, Licencia número uno de Matilde Michanié y El sueño del perro de Paulo Pécora. Se exhibirán, además, películas extranjeras como Cochochi de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán; J.C. Chávez, opera prima de Diego Luna; La trinchera luminosa del Presidente Gonzalo de Jim Finn; Vengo de un avión que cayó en las montañas de Gonzalo Arijón; Las variaciones Marker de Isaki Lacuesta y Un tigre de papel de Luis Ospina, que se proyectará junto con otros dos de sus títulos: Agarrando pueblo y La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo. Finalmente habrá una selección de cortometrajes argentinos y films ya estrenados como La cuestión humana.

A toda esta programación se sumarán directores y productores argentinos que viajarán a las distintas sedes para realizar encuentros con el público.

El BAFICI es un evento cultural que contribuyó a mejorar y a transformar los modos de ver y de hacer cine en Argentina. La diversidad y el riesgo estético de su programación y la posibilidad que ofrece de aproximar espectadores, críticos y cineastas a las nuevas tendencias del cine del presente y del futuro fueron haciendo crecer su relevancia en nuestra ciudad y en todo el mundo cinematográfico.

Uno de los principales objetivos de este evento es irradiar ese poder de transformación más allá de las dos semanas anuales que dura y más allá de Buenos Aires. BAFICI – La Muestra Itinerante es ese esfuerzo por expandir su oferta a las ciudades más importantes de Argentina que, de manera creciente, demandan la posibilidad de acceder a esas películas. Se creó en 1999, con la primera edición del Festival, por la necesidad de generar espacios alternativos de exhibición en otras urbes y localidades del resto del país de obras cinematográficas que no llegan habitualmente a las carteleras comerciales.

Para obtener información general ingresar en www.bafici.gov.ar.

Para información sobre la Programación en Mar del Plata consultar en http://programacionauditorium.blogspot.com/

Back in Town

Acabo de arribar a Buenos Aires. Tomé la decisión de no abrir emails por un rato. Prefiero que los impactos vayan viniendo de a poco. El primero lo tuve en Ezeiza, no sólo por la vuelta del frío (que agradecí, tras los 30 grados permanentes de Nueva York) sino por los precios de todo. ¡110 pesos un remise para venir a Caballito! Hace un par de meses estaban setenta y pico... Compro el diario y es más de lo mismo, por lo cual sólo me motiva leer sobre Ginobili y Del Potro (les aviso, soy un freak de los Juegos Olímpicos y puedo llegar a postear a las 6am sobre semifinales de remo), me preocupa el bolonqui Messi-Barcelona-AFA y la suerte de Guillermo Moreno me tiene sin cuidado.

Ahora será turno de ir rearmando el asunto. 878 emails acumulados (y eso que leí, borré y respondí unos cuantos en mi viaje) me asustan un poco. La mayoría vendrá, seguro, con complicaciones laborales, malas noticias, trabajo, etc. Algunas ya las tuve por teléfono y se las contaré luego. Otras irán apareciendo con el correr de los días. Me enteré, con tristeza, antes de partir, de la muerte de María Vaner y leí absurdos emails atacando a mi colega y amigo Diego Batlle.

Todo está como antes, en la era pre-Cobos...